/ jueves 8 de noviembre de 2018

Síndrome de Estocolmo

El Síndrome de Estocolmo es un estado psicológico en el que la víctima de un secuestro o retenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad y/o afinidad con su secuestrador.

También es aplicable en algunos casos de violencia política, social, doméstica, o de acoso de menores, donde el agresor ejerce un dominio absoluto sobre la (s) víctima(s), quien acaba presentando una marcada sumisión, dependencia y aparente lealtad hacia el agresor o agresores.

El Síndrome de Estocolmo tiene su origen en un suceso histórico que se produjo precisamente en esa ciudad capital de Suecia, el 23 de agosto de 1973; cuando se produjo un asalto en un banco, en el cual se tomaron rehenes. Las negociaciones entre los asaltantes y secuestradores y la policía se prolongaron durante seis días. Lo curioso es que cuando al fin lograron el acuerdo, los retenidos no querían ser rescatados, ya que como ellos mismos lo aseguraron, se sentían seguros durante el tiempo que estuvieron secuestrados, y sentían temor de ser liberados, llegando a crear lazos afectivos hasta la mismísima dependencia con su o sus verdugos.

Pero ¿por qué hablar de un tema por demás delicado, misterioso y por cierto fascinante? Simplemente porque a mi humilde juicio puedo llevar la extraña actitud de una parte del pueblo de México ante el inminente cambio de gobierno que se avecina; quizá por un aterrador miedo precisamente de cambiar, o tal vez sentirse seguros y cómodos con las anteriores administraciones, aun cuando han llevado al país a un quebranto total no sólo en lo económico y político, sino en lo social. Y acaso es que se pueda entender que se manifieste una gran molestia a que el pueblo sea tomado en cuenta.

Si retrocedemos un poquito en la historia tenemos que darnos cuenta (los que no hemos sido beneficiados directamente en este caso por el PRI), que lo que aparece en esta vorágine de diferencias nunca antes vistas (por lo menos por mis ojos), es como una especie de amnesia compulsiva, es decir, una memoria mutilada, tal vez de manera inconsciente.

Lo que es cierto, es que inmersos en un fallido gobierno que afortunadamente termina, y que ha dejado a México prácticamente “desplumado”, por una serie de excesos y abusos con el dinero público, es decir, con nuestros impuestos; no nos percatemos que esto ha sido una espantosa repetición de gravísimos errores históricos que hoy con terror veo y escucho que se están justificando.

El único interés que tenía y “tiene” (hoy) en sus sueños guajiros, es mantenerse en el poder por el poder y por sus propios intereses. Nunca le importo el “pueblo”, la “prole” o la “muchedumbre”; nunca fue su prioridad resolver nuestras carencias y nuestros problemas, pero ellos sí se enriquecieron de una manera impresionante.

Entonces ¿por qué hoy a Enrique Peña Nieto y a su séquito de bandidos, les ponen una aureola en la cabeza?

Ahora bien, señalar a los gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN), es como agarrar a un puerco espín, empezando porque entre ellos se destrozaron y quedó convertido en harapos, después de una elección interna infernal, a pesar de sus golpes de pecho.

Doce años se sentaron en Los Pinos. Vicente Fox, un presidente legítimo que en poco tiempo se volvió loco, sacó sus largos colmillos y se convirtió en un reptil zalamero del PRI (pero enemigo del pueblo) y así fue que ¿gobernó? como ellos. No hay más que decir.

Felipe Calderón un presidente ilegítimo, que sorteó la crisis económica del 2008-2009 de la peor manera, así lo aseguró Joshep Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, quien señaló que México era uno de los países del mundo que peor había reaccionado frente a la crisis global; ya que se enfrentó ante la adversidad de manera tardía y débilmente.

Recordemos que el entonces secretario de Hacienda Agustín Cartens, señaló que no había problema con la economía de México, que solo era un simple “catarrito”, que terminó siendo una “terrible pulmonía”.

Ante la crudeza de una violencia escarnecida que ha dejado muerte y desaparecidos que casi donde toques, duele, no entiendo por vida de Dios, que hoy parte de la sociedad de México esté a punto de canonizar a los anteriores gobiernos, ante el todavía NO iniciado de AMLO.

Sin entender realmente por qué, los agoreros del desastre simplemente están especulando y prejuzgando en blanco. Mi humilde y preocupada opinión ¡Vale la pena reflexionarlo!

El Síndrome de Estocolmo es un estado psicológico en el que la víctima de un secuestro o retenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad y/o afinidad con su secuestrador.

También es aplicable en algunos casos de violencia política, social, doméstica, o de acoso de menores, donde el agresor ejerce un dominio absoluto sobre la (s) víctima(s), quien acaba presentando una marcada sumisión, dependencia y aparente lealtad hacia el agresor o agresores.

El Síndrome de Estocolmo tiene su origen en un suceso histórico que se produjo precisamente en esa ciudad capital de Suecia, el 23 de agosto de 1973; cuando se produjo un asalto en un banco, en el cual se tomaron rehenes. Las negociaciones entre los asaltantes y secuestradores y la policía se prolongaron durante seis días. Lo curioso es que cuando al fin lograron el acuerdo, los retenidos no querían ser rescatados, ya que como ellos mismos lo aseguraron, se sentían seguros durante el tiempo que estuvieron secuestrados, y sentían temor de ser liberados, llegando a crear lazos afectivos hasta la mismísima dependencia con su o sus verdugos.

Pero ¿por qué hablar de un tema por demás delicado, misterioso y por cierto fascinante? Simplemente porque a mi humilde juicio puedo llevar la extraña actitud de una parte del pueblo de México ante el inminente cambio de gobierno que se avecina; quizá por un aterrador miedo precisamente de cambiar, o tal vez sentirse seguros y cómodos con las anteriores administraciones, aun cuando han llevado al país a un quebranto total no sólo en lo económico y político, sino en lo social. Y acaso es que se pueda entender que se manifieste una gran molestia a que el pueblo sea tomado en cuenta.

Si retrocedemos un poquito en la historia tenemos que darnos cuenta (los que no hemos sido beneficiados directamente en este caso por el PRI), que lo que aparece en esta vorágine de diferencias nunca antes vistas (por lo menos por mis ojos), es como una especie de amnesia compulsiva, es decir, una memoria mutilada, tal vez de manera inconsciente.

Lo que es cierto, es que inmersos en un fallido gobierno que afortunadamente termina, y que ha dejado a México prácticamente “desplumado”, por una serie de excesos y abusos con el dinero público, es decir, con nuestros impuestos; no nos percatemos que esto ha sido una espantosa repetición de gravísimos errores históricos que hoy con terror veo y escucho que se están justificando.

El único interés que tenía y “tiene” (hoy) en sus sueños guajiros, es mantenerse en el poder por el poder y por sus propios intereses. Nunca le importo el “pueblo”, la “prole” o la “muchedumbre”; nunca fue su prioridad resolver nuestras carencias y nuestros problemas, pero ellos sí se enriquecieron de una manera impresionante.

Entonces ¿por qué hoy a Enrique Peña Nieto y a su séquito de bandidos, les ponen una aureola en la cabeza?

Ahora bien, señalar a los gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN), es como agarrar a un puerco espín, empezando porque entre ellos se destrozaron y quedó convertido en harapos, después de una elección interna infernal, a pesar de sus golpes de pecho.

Doce años se sentaron en Los Pinos. Vicente Fox, un presidente legítimo que en poco tiempo se volvió loco, sacó sus largos colmillos y se convirtió en un reptil zalamero del PRI (pero enemigo del pueblo) y así fue que ¿gobernó? como ellos. No hay más que decir.

Felipe Calderón un presidente ilegítimo, que sorteó la crisis económica del 2008-2009 de la peor manera, así lo aseguró Joshep Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, quien señaló que México era uno de los países del mundo que peor había reaccionado frente a la crisis global; ya que se enfrentó ante la adversidad de manera tardía y débilmente.

Recordemos que el entonces secretario de Hacienda Agustín Cartens, señaló que no había problema con la economía de México, que solo era un simple “catarrito”, que terminó siendo una “terrible pulmonía”.

Ante la crudeza de una violencia escarnecida que ha dejado muerte y desaparecidos que casi donde toques, duele, no entiendo por vida de Dios, que hoy parte de la sociedad de México esté a punto de canonizar a los anteriores gobiernos, ante el todavía NO iniciado de AMLO.

Sin entender realmente por qué, los agoreros del desastre simplemente están especulando y prejuzgando en blanco. Mi humilde y preocupada opinión ¡Vale la pena reflexionarlo!

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