/ viernes 1 de marzo de 2019

¿Estancias infantiles, justos por pecadores?

Nuestra sociedad actual es una sociedad compleja, y en un futuro lo será todavía más, y conjuntamente las cuestiones morales lo serán también. Ahora bien, a cuestiones complejas no se puede enfrentar con mediocridad, las cuestiones complejas, exigen acciones y respuestas complejas.

La sociedad hoy en día va tomando conciencia cada vez más clara, de que la libertad que se aleja del respeto al prójimo y a sus derechos fundamentales, se convierte en un vocablo vacío y muchas veces peligroso; ya que la libertad se acalla frente al predominio del interés de los poderosos, que olvidan qué como consecuencia de su egoísmo se puede dar la ruina de la humanidad.

Infortunadamente parte importante de la opinión pública, considera que la libertad es entendida como la capacidad de elegir hacer cualquier cosa, en un clima social en el que se profesa abiertamente la regla del “todo se vale” para conseguir el bienestar propio, el poder económico o político o cualquier tipo de placer y junto con estos fines, muy frecuentemente se recurre a la violencia, a la mentira, al fraude, a la ausencia de profesionalidad y al desdeño por el trabajo bien hecho, así como a la violación de los compromisos y obligaciones sociales y económicos entre cualquier persona de cualquier condición.

El polémico tema de las Estancias Infantiles, es un punto en el que la sociedad y los grupos de oposición deberían de poner mucha atención, pero una atención madura, responsable y ética que transmita un deseo de bienestar para los niños, un centro de trabajo honesto que genere empleos bien remunerados; para que dejen de ser el botín en el que se convirtieron.

Guarderías y estancias fantasmas, estancias en funciones con un alto porcentaje de niños fantasmas, es decir, pequeños que solo existían en los registros, pero que no asistían, amén de una diversidad impresionante de irregularidades y todo esto solapado por los anteriores gobiernos. También y es justo mencionarlo, muchas de las estancias funcionaban de manera correcta, y es aquí cuando aplica el refrán “pagan justos por pecadores”.

Así qué ante este desastre, el actual gobierno decidió cortar los fondos, y señaló por medio de la Secretaria de Bienestar (antes Sedesol), que estas no desaparecen, pero que se revisará el censo de los menores que se benefician con este servicio, y que se darán importantes cambios, para optimizar su funcionamiento, al estar en constante verificación para que los recursos otorgados directamente a los padres, se ocupen para este fin.

La indignación tanto de los que pierden el servicio (momentáneamente) y los que pierden los privilegios es justificada ante un cambio verdadero que no se quiere entender. Un cambio en donde poco a poco ya no se darán estructuras inequitativas, injustas e inmorales, que por cientos de años nos habían tenido cautivos; por políticos y gobernantes que todavía no tienen el valor de llamarle bien al bien, mal al mal, y en consecuencia actuar. ¡Vale la pena reflexionarlo!

Nuestra sociedad actual es una sociedad compleja, y en un futuro lo será todavía más, y conjuntamente las cuestiones morales lo serán también. Ahora bien, a cuestiones complejas no se puede enfrentar con mediocridad, las cuestiones complejas, exigen acciones y respuestas complejas.

La sociedad hoy en día va tomando conciencia cada vez más clara, de que la libertad que se aleja del respeto al prójimo y a sus derechos fundamentales, se convierte en un vocablo vacío y muchas veces peligroso; ya que la libertad se acalla frente al predominio del interés de los poderosos, que olvidan qué como consecuencia de su egoísmo se puede dar la ruina de la humanidad.

Infortunadamente parte importante de la opinión pública, considera que la libertad es entendida como la capacidad de elegir hacer cualquier cosa, en un clima social en el que se profesa abiertamente la regla del “todo se vale” para conseguir el bienestar propio, el poder económico o político o cualquier tipo de placer y junto con estos fines, muy frecuentemente se recurre a la violencia, a la mentira, al fraude, a la ausencia de profesionalidad y al desdeño por el trabajo bien hecho, así como a la violación de los compromisos y obligaciones sociales y económicos entre cualquier persona de cualquier condición.

El polémico tema de las Estancias Infantiles, es un punto en el que la sociedad y los grupos de oposición deberían de poner mucha atención, pero una atención madura, responsable y ética que transmita un deseo de bienestar para los niños, un centro de trabajo honesto que genere empleos bien remunerados; para que dejen de ser el botín en el que se convirtieron.

Guarderías y estancias fantasmas, estancias en funciones con un alto porcentaje de niños fantasmas, es decir, pequeños que solo existían en los registros, pero que no asistían, amén de una diversidad impresionante de irregularidades y todo esto solapado por los anteriores gobiernos. También y es justo mencionarlo, muchas de las estancias funcionaban de manera correcta, y es aquí cuando aplica el refrán “pagan justos por pecadores”.

Así qué ante este desastre, el actual gobierno decidió cortar los fondos, y señaló por medio de la Secretaria de Bienestar (antes Sedesol), que estas no desaparecen, pero que se revisará el censo de los menores que se benefician con este servicio, y que se darán importantes cambios, para optimizar su funcionamiento, al estar en constante verificación para que los recursos otorgados directamente a los padres, se ocupen para este fin.

La indignación tanto de los que pierden el servicio (momentáneamente) y los que pierden los privilegios es justificada ante un cambio verdadero que no se quiere entender. Un cambio en donde poco a poco ya no se darán estructuras inequitativas, injustas e inmorales, que por cientos de años nos habían tenido cautivos; por políticos y gobernantes que todavía no tienen el valor de llamarle bien al bien, mal al mal, y en consecuencia actuar. ¡Vale la pena reflexionarlo!

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