/ viernes 15 de febrero de 2019

Cadena Perpetua

El tema de hoy es prácticamente obligado por la gran importancia que tiene para México y el mundo y porque es una cuestión de interés común. Estamos hablando tanto de la apoteótica sentencia de Joaquín “El Chapo” Guzmán, como de los probables efectos colaterales y posteriores del final de este épico juicio, llevado a cabo en el país vecino del norte.

Como es sabido, “El Chapo” Guzmán lideraba el Cartel de Sinaloa, el cuál según las agencias más prestigiadas antidrogas especialmente la DEA, es una de las organizaciones criminales y de narcotráfico más grandes y más importantes del mundo. Fue consolidada en 2001 y para lograrlo (dicen los expertos), tuvo que ser apoyado (mutuamente) por algunas de las autoridades, sobre todo de México.

“Al hombre más buscado del mundo” tras cuatro meses de proceso judicial y seis días de deliberación del jurado; se le declaró culpable de todos los delitos imputados, después de haber escuchado intrínsecas historias de terror, obviamente contadas por otrora sus “fieles” colaboradores.

Se dice que el abominable vómito de sus ex colaboradores, más otros testigos “a modo” de los requerimientos estadounidenses; traiciones, señalamientos e intrigas, llevaron (sin problema alguno) a declarar culpable a este macabro personaje, para dar paso a la condena de Cadena Perpetua.

¿Después de todo lo escuchado, visto y leído en estos últimos meses y días sobre el fallo de un “rimbombante” juicio a un mexicano que perturbó la paz interior de Estados Unidos de América, todavía nos podemos sorprender que el resultado de este veredicto sea más bien el triunfo y el poderío de un país que se cree superior a las demás naciones del planeta?

El incremento de la actividad criminal organizada con enorme potencial económico, que manifiesta y ejerce su poderío por medio de la violencia; es un fenómeno demasiado sofisticado, que por su productividad seduce a amplios sectores tanto de la iniciativa privada, como del sistema político y de sus satélites hábilmente manipulados hacia la corrupción.

Cifras de billones de dólares (que no caben en nuestras cabezas), son las que esta ilícita actividad inyecta al gigantesco circuito financiero internacional. Armas, armamento nuclear, drogas, materiales radioactivos, medicinas, animales, tráfico de personas, de órganos, prostitución, pornografía, pederastia y un sinfín de etcéteras, cuyo intercambio a nivel mundial, ha creado un sector de una economía mundial generada total y absolutamente con ese dinero de procedencia ilícita.

¿Podremos seguir hablando del Chapo Guzmán cómo “el hombre más buscado del mundo”, solo porque a Estados Unidos, un país que se ha creído “patrono del mundo”, le falló el cálculo o indebidamente negoció en la protección de sus fronteras, sus cielos y sus litorales? ¡Vale la pena reflexionarlo!

El tema de hoy es prácticamente obligado por la gran importancia que tiene para México y el mundo y porque es una cuestión de interés común. Estamos hablando tanto de la apoteótica sentencia de Joaquín “El Chapo” Guzmán, como de los probables efectos colaterales y posteriores del final de este épico juicio, llevado a cabo en el país vecino del norte.

Como es sabido, “El Chapo” Guzmán lideraba el Cartel de Sinaloa, el cuál según las agencias más prestigiadas antidrogas especialmente la DEA, es una de las organizaciones criminales y de narcotráfico más grandes y más importantes del mundo. Fue consolidada en 2001 y para lograrlo (dicen los expertos), tuvo que ser apoyado (mutuamente) por algunas de las autoridades, sobre todo de México.

“Al hombre más buscado del mundo” tras cuatro meses de proceso judicial y seis días de deliberación del jurado; se le declaró culpable de todos los delitos imputados, después de haber escuchado intrínsecas historias de terror, obviamente contadas por otrora sus “fieles” colaboradores.

Se dice que el abominable vómito de sus ex colaboradores, más otros testigos “a modo” de los requerimientos estadounidenses; traiciones, señalamientos e intrigas, llevaron (sin problema alguno) a declarar culpable a este macabro personaje, para dar paso a la condena de Cadena Perpetua.

¿Después de todo lo escuchado, visto y leído en estos últimos meses y días sobre el fallo de un “rimbombante” juicio a un mexicano que perturbó la paz interior de Estados Unidos de América, todavía nos podemos sorprender que el resultado de este veredicto sea más bien el triunfo y el poderío de un país que se cree superior a las demás naciones del planeta?

El incremento de la actividad criminal organizada con enorme potencial económico, que manifiesta y ejerce su poderío por medio de la violencia; es un fenómeno demasiado sofisticado, que por su productividad seduce a amplios sectores tanto de la iniciativa privada, como del sistema político y de sus satélites hábilmente manipulados hacia la corrupción.

Cifras de billones de dólares (que no caben en nuestras cabezas), son las que esta ilícita actividad inyecta al gigantesco circuito financiero internacional. Armas, armamento nuclear, drogas, materiales radioactivos, medicinas, animales, tráfico de personas, de órganos, prostitución, pornografía, pederastia y un sinfín de etcéteras, cuyo intercambio a nivel mundial, ha creado un sector de una economía mundial generada total y absolutamente con ese dinero de procedencia ilícita.

¿Podremos seguir hablando del Chapo Guzmán cómo “el hombre más buscado del mundo”, solo porque a Estados Unidos, un país que se ha creído “patrono del mundo”, le falló el cálculo o indebidamente negoció en la protección de sus fronteras, sus cielos y sus litorales? ¡Vale la pena reflexionarlo!

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