/ jueves 4 de julio de 2019

Guerrero: Estado sin ley ni gobierbo

El día de hoy daré inicio a este artículo, quizá a modo de conclusión. Los grandes males que padecemos en el estado de Guerrero, se deben (en parte) a qué como sociedad, como pueblo, no nos hemos ocupado de la cuestión pública más que en las urnas. El bien común exige que cada persona incorporada en una sociedad según su preparación y su capacidad, participe de algún modo en la política. Desde lo privado, desde lo individual, desde los grupos, contribuir en la política implica luchar con integridad y con prudencia contra la violencia, la injusticia y la opresión; contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido.

La realidad nos dice (por lo menos aquí en Guerrero) que, administración tras administración, por más triste e irónico que parezca, los gobernadores que han llegado, no tienen ni idea de que es lo que realmente le hace falta a la gente, y si lo saben, llegan al “poder” tan condicionados, tan cautivos por todos los “amarres”, compromisos, promesas, intereses y apoyos que reciben durante el proceso electoral, que cuando arriban al gobierno, a los únicos que les cumplen (además de sus bolsillos), son precisamente a quienes le metieron dinero, o “turbo-chamba” a sus campañas.

La ingobernabilidad es un fenómeno (en este caso) de naturaleza política, pero sobre todo de humanidad. La falta de gobernabilidad es una grave crisis de gestión de las administraciones gubernamentales, es decir, una seria falta de interés, de moral y de apoyo político (obligatorio) de las autoridades a los ciudadanos en todos los sentidos.

En el caso específico del estado de Guerrero esta administración que “dirige” Héctor Astudillo Flores (ni las anteriores); no han podido o no han querido equilibrar los mecanismos de control que exige un sistema de gobierno, en los ámbitos político, económico y social, amén que es un gobierno desfasado en sus ideologías políticas (un desvencijado PRI), y por lo tanto no le tiene lealtad a nadie.

Para empezar la inmensa pobreza existente en este estado (para que los gobernantes de todos los niveles lo entiendan, y ya no humillen a la gente con dádivas), no es una cuestión de deficiente o poco bienestar. La pobreza es la incapacidad para conseguir bienestar, debido a la ausencia de medios para lograrlo. Así que no es posible que un gobernante se pueda valorar tan alto, sin tener en cuenta sus enormes deficiencias, porque es una inmoralidad y una hipocresía.

Y la verdad, aunque se molesten, (Astudillo y Cia.), no hay mejor indicador de que un gobierno ha fracasado o está fracasando en su gestión, como en estos tiempos en los cuales seguimos viendo la avalancha humana bombardeándolos (en cada evento al que llegan) con miles de peticiones; y cada petición que reciben, representa una frustración individual y colectiva, una necesidad y un problema que el gobierno, sus instituciones y sus funcionarios hasta el día de hoy, no han podido o no han querido resolver.

¿Qué nos deparará el destino, si somos fieles testigos de que “el orden y la paz” en esta administración no llegara, porque el traje de “prepotencia” les quedó demasiado grande al “mal llamado” Gobernador Constitucional del Estado de Guerrero, Héctor Astudillo Flores y a su consorte, o con suerte: Merce Calvo y compañía?

La solución no es dejar (como siempre), que el gobierno nos canse y nos harte con sus mentiras y abusos. La solución somos todos, ante tanta humillación, injusticia y tanta violencia imparable. ¿Si el crimen está organizado; por qué nosotros no? ¡Vale la pena reflexionarlo!

El día de hoy daré inicio a este artículo, quizá a modo de conclusión. Los grandes males que padecemos en el estado de Guerrero, se deben (en parte) a qué como sociedad, como pueblo, no nos hemos ocupado de la cuestión pública más que en las urnas. El bien común exige que cada persona incorporada en una sociedad según su preparación y su capacidad, participe de algún modo en la política. Desde lo privado, desde lo individual, desde los grupos, contribuir en la política implica luchar con integridad y con prudencia contra la violencia, la injusticia y la opresión; contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido.

La realidad nos dice (por lo menos aquí en Guerrero) que, administración tras administración, por más triste e irónico que parezca, los gobernadores que han llegado, no tienen ni idea de que es lo que realmente le hace falta a la gente, y si lo saben, llegan al “poder” tan condicionados, tan cautivos por todos los “amarres”, compromisos, promesas, intereses y apoyos que reciben durante el proceso electoral, que cuando arriban al gobierno, a los únicos que les cumplen (además de sus bolsillos), son precisamente a quienes le metieron dinero, o “turbo-chamba” a sus campañas.

La ingobernabilidad es un fenómeno (en este caso) de naturaleza política, pero sobre todo de humanidad. La falta de gobernabilidad es una grave crisis de gestión de las administraciones gubernamentales, es decir, una seria falta de interés, de moral y de apoyo político (obligatorio) de las autoridades a los ciudadanos en todos los sentidos.

En el caso específico del estado de Guerrero esta administración que “dirige” Héctor Astudillo Flores (ni las anteriores); no han podido o no han querido equilibrar los mecanismos de control que exige un sistema de gobierno, en los ámbitos político, económico y social, amén que es un gobierno desfasado en sus ideologías políticas (un desvencijado PRI), y por lo tanto no le tiene lealtad a nadie.

Para empezar la inmensa pobreza existente en este estado (para que los gobernantes de todos los niveles lo entiendan, y ya no humillen a la gente con dádivas), no es una cuestión de deficiente o poco bienestar. La pobreza es la incapacidad para conseguir bienestar, debido a la ausencia de medios para lograrlo. Así que no es posible que un gobernante se pueda valorar tan alto, sin tener en cuenta sus enormes deficiencias, porque es una inmoralidad y una hipocresía.

Y la verdad, aunque se molesten, (Astudillo y Cia.), no hay mejor indicador de que un gobierno ha fracasado o está fracasando en su gestión, como en estos tiempos en los cuales seguimos viendo la avalancha humana bombardeándolos (en cada evento al que llegan) con miles de peticiones; y cada petición que reciben, representa una frustración individual y colectiva, una necesidad y un problema que el gobierno, sus instituciones y sus funcionarios hasta el día de hoy, no han podido o no han querido resolver.

¿Qué nos deparará el destino, si somos fieles testigos de que “el orden y la paz” en esta administración no llegara, porque el traje de “prepotencia” les quedó demasiado grande al “mal llamado” Gobernador Constitucional del Estado de Guerrero, Héctor Astudillo Flores y a su consorte, o con suerte: Merce Calvo y compañía?

La solución no es dejar (como siempre), que el gobierno nos canse y nos harte con sus mentiras y abusos. La solución somos todos, ante tanta humillación, injusticia y tanta violencia imparable. ¿Si el crimen está organizado; por qué nosotros no? ¡Vale la pena reflexionarlo!

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