/ viernes 24 de agosto de 2018

La competitividad de Guerrero

De acuerdo al INEGI, Guerrero crece a una tasa del 1.2 por ciento anual, muy por debajo del promedio nacional que es de 2 por ciento. ¿Cómo le vamos a hacer, o qué estamos haciendo en esta entidad federativa para crecer económicamente? Para ponerlo en perspectiva, adecuo la presentación que hace Arturo Damm, en su artículo de ayer en “El Financiero” (por su estructura didáctica que ayuda a explicar lo anterior).

Es aceptado por todos los economistas que el crecimiento económico tiene como medida la producción de bienes y servicios. El Producto Interno Bruto, PIB, que depende de las inversiones directas, que son las que se llevan a cabo, precisamente, para producir bienes y servicios, crear empleos y generar ingresos, que a su vez dependen de la competitividad de una economía (sea regional o nacional). Y ésta es la capacidad de un país o una región para atraer, retener y multiplicar inversiones directas (“a mayor competitividad más inversiones directas, a más inversiones directas mayor producción de bienes y servicios, y a mayor producción de bienes y servicios mayor crecimiento de la economía”). Por eso el crecimiento depende de la competitividad. Pero según el Índice de la competitividad estatal 2016, del Instituto Mexicano para la Competitividad, nuestro estado sigue en el último lugar. El famoso “cabús del desarrollo nacional”. El IMCO destaca que: “Las entidades más competitivas son: Ciudad de México, Aguascalientes, Nuevo León, Colima y Querétaro. Los estados que más avanzaron en el índice general fueron Nayarit, Sonora y Puebla. Los estados que más retrocedieron en el índice general fueron Baja California, Veracruz y Baja California Sur. Cinco estados concentran 56% de las exportaciones (Baja California, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas), mientras que 13 estados no suman ni 3% del total nacional.” Sigue señalando que los seis factores de los estados más desarrollados son: 1) exportan productos y reciben inversión extranjera directa; 2) están industrializados (manufacturas); 3) su energía la obtienen de gasoductos; 4) formalidad en el empleo; 5) consolidación de pequeñas y medianas empresas (“En Guerrero solo el 4 por ciento de los establecimientos tiene más de 10 empleados, mientras que en Nuevo León son el 11por ciento”).

Finalmente, hay que considerar los factores por los que los inversionistas (nacionales o extranjeros) encuentran obstáculos. Éstos son: corrupción (de acuerdo a la Encuesta Nacional de Calidad Regulatoria e Impacto Gubernamental en Empresas, del INEGI, Guerrero ocupa el séptimo lugar); criminalidad (de acuerdo con cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, “Semáforo Delictivo Nacional” nos ubica en el tercer lugar nacional); ineficiencia de la burocracia gubernamental (aquí no pude conseguir datos actualizados).

Con estos datos “duros”, haga usted su propia evaluación para que, como dice el refrán: “mida el agua a los camotes”.


De acuerdo al INEGI, Guerrero crece a una tasa del 1.2 por ciento anual, muy por debajo del promedio nacional que es de 2 por ciento. ¿Cómo le vamos a hacer, o qué estamos haciendo en esta entidad federativa para crecer económicamente? Para ponerlo en perspectiva, adecuo la presentación que hace Arturo Damm, en su artículo de ayer en “El Financiero” (por su estructura didáctica que ayuda a explicar lo anterior).

Es aceptado por todos los economistas que el crecimiento económico tiene como medida la producción de bienes y servicios. El Producto Interno Bruto, PIB, que depende de las inversiones directas, que son las que se llevan a cabo, precisamente, para producir bienes y servicios, crear empleos y generar ingresos, que a su vez dependen de la competitividad de una economía (sea regional o nacional). Y ésta es la capacidad de un país o una región para atraer, retener y multiplicar inversiones directas (“a mayor competitividad más inversiones directas, a más inversiones directas mayor producción de bienes y servicios, y a mayor producción de bienes y servicios mayor crecimiento de la economía”). Por eso el crecimiento depende de la competitividad. Pero según el Índice de la competitividad estatal 2016, del Instituto Mexicano para la Competitividad, nuestro estado sigue en el último lugar. El famoso “cabús del desarrollo nacional”. El IMCO destaca que: “Las entidades más competitivas son: Ciudad de México, Aguascalientes, Nuevo León, Colima y Querétaro. Los estados que más avanzaron en el índice general fueron Nayarit, Sonora y Puebla. Los estados que más retrocedieron en el índice general fueron Baja California, Veracruz y Baja California Sur. Cinco estados concentran 56% de las exportaciones (Baja California, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas), mientras que 13 estados no suman ni 3% del total nacional.” Sigue señalando que los seis factores de los estados más desarrollados son: 1) exportan productos y reciben inversión extranjera directa; 2) están industrializados (manufacturas); 3) su energía la obtienen de gasoductos; 4) formalidad en el empleo; 5) consolidación de pequeñas y medianas empresas (“En Guerrero solo el 4 por ciento de los establecimientos tiene más de 10 empleados, mientras que en Nuevo León son el 11por ciento”).

Finalmente, hay que considerar los factores por los que los inversionistas (nacionales o extranjeros) encuentran obstáculos. Éstos son: corrupción (de acuerdo a la Encuesta Nacional de Calidad Regulatoria e Impacto Gubernamental en Empresas, del INEGI, Guerrero ocupa el séptimo lugar); criminalidad (de acuerdo con cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, “Semáforo Delictivo Nacional” nos ubica en el tercer lugar nacional); ineficiencia de la burocracia gubernamental (aquí no pude conseguir datos actualizados).

Con estos datos “duros”, haga usted su propia evaluación para que, como dice el refrán: “mida el agua a los camotes”.


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