/ miércoles 27 de febrero de 2019

Violeta del Anáhuac

“¿Están tratando de asaltarte?, Di que no”. Dice así la campaña que emprende el Municipio de Acapulco para tratar de inhibir por la vía legal, que se lleven “tus bienes”,” sin tu consentimiento”. Tras el estupor, ha seguido la indignación por lo que considero desconocimiento pleno de la realidad.

Quien en su sano juicio querría ceder a la delincuencia lo que le ha costado ganar, tener, poseer?, quién ha estado sujeto a un proceso de temor por la violencia?, quien ha sentido que la inseguridad le ha cambiado la vida?.

El puerto de Acapulco está considerado entre los Municipios del País con mayor percepción de la violencia, como tal, la ciudadanía no ha dejado de aportar su propuesta de vida productiva a favor de que este puerto se mantenga de pie y ha logrado que la preferencia de vacaciones acuda a la cita con el sol, la arena, la playa, la buena vibra de la atención que se ha especializado y los espacios que han ido ganando espacio y competencia para hacer que la estancia de los vacacionistas tengan las 24 horas del día razones para descansar y querer regresar a ésta hermosa bahía.

Pero la inseguridad que vive la población le ha llevado a cambiar hábitos, a reforzar sus viviendas, a tener el tema en la reunión y acompañar a quienes han tenido que sufrir este flagelo.

Solo que ahora nos salen con que hemos equivocado la estrategia. Que no hay razón para una guardia nacional, no hay razón para que el ejército patrulle las calles, ni la marina haga rondines, ni la policía federal, estatal y municipal tengan tanto trabajo.

Que bastaba con extender la mano frente a un arma, supongo que mirar de frente al agresor y decirle secamente “no”. Así, sin mayor argumento, a menos que el interfecto armado se niegue a bajar el arma y podamos decirle que “legalmente nadie puede llevarse tus bienes sin tu consentimiento”.

Quiero pensar que es una volada y no una campaña que se haya diseñado para una población pensante y sintiente. Que hay lógica en el camino que se diseña para combatir el delito, y que para inhibir la delincuencia la forma legal extiende sus puertas para ser garantes en la atención mientras logran que las cifras por fin se encuentren en la armonía de la realidad que todos queremos.

Pero no así, no considerar que son posesionarios de las leyes quienes las estudian y que el delito ha alcanzado a la población porque desconocía que para inhibir una agresión bastaba citarles la ley. Que las armas no detonan cuando ven un libro de leyes y que las garantías perseveran por sobre las armas que han dejado orfandad, dolor, temor. Una realidad que parece, requiere algo más que sensibilidad, compromiso y respeto a la ciudadanía que aún confía en sus instituciones.

“¿Están tratando de asaltarte?, Di que no”. Dice así la campaña que emprende el Municipio de Acapulco para tratar de inhibir por la vía legal, que se lleven “tus bienes”,” sin tu consentimiento”. Tras el estupor, ha seguido la indignación por lo que considero desconocimiento pleno de la realidad.

Quien en su sano juicio querría ceder a la delincuencia lo que le ha costado ganar, tener, poseer?, quién ha estado sujeto a un proceso de temor por la violencia?, quien ha sentido que la inseguridad le ha cambiado la vida?.

El puerto de Acapulco está considerado entre los Municipios del País con mayor percepción de la violencia, como tal, la ciudadanía no ha dejado de aportar su propuesta de vida productiva a favor de que este puerto se mantenga de pie y ha logrado que la preferencia de vacaciones acuda a la cita con el sol, la arena, la playa, la buena vibra de la atención que se ha especializado y los espacios que han ido ganando espacio y competencia para hacer que la estancia de los vacacionistas tengan las 24 horas del día razones para descansar y querer regresar a ésta hermosa bahía.

Pero la inseguridad que vive la población le ha llevado a cambiar hábitos, a reforzar sus viviendas, a tener el tema en la reunión y acompañar a quienes han tenido que sufrir este flagelo.

Solo que ahora nos salen con que hemos equivocado la estrategia. Que no hay razón para una guardia nacional, no hay razón para que el ejército patrulle las calles, ni la marina haga rondines, ni la policía federal, estatal y municipal tengan tanto trabajo.

Que bastaba con extender la mano frente a un arma, supongo que mirar de frente al agresor y decirle secamente “no”. Así, sin mayor argumento, a menos que el interfecto armado se niegue a bajar el arma y podamos decirle que “legalmente nadie puede llevarse tus bienes sin tu consentimiento”.

Quiero pensar que es una volada y no una campaña que se haya diseñado para una población pensante y sintiente. Que hay lógica en el camino que se diseña para combatir el delito, y que para inhibir la delincuencia la forma legal extiende sus puertas para ser garantes en la atención mientras logran que las cifras por fin se encuentren en la armonía de la realidad que todos queremos.

Pero no así, no considerar que son posesionarios de las leyes quienes las estudian y que el delito ha alcanzado a la población porque desconocía que para inhibir una agresión bastaba citarles la ley. Que las armas no detonan cuando ven un libro de leyes y que las garantías perseveran por sobre las armas que han dejado orfandad, dolor, temor. Una realidad que parece, requiere algo más que sensibilidad, compromiso y respeto a la ciudadanía que aún confía en sus instituciones.

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