/ martes 4 de agosto de 2020

Hambre y Covid-19

La búsqueda de trabajo ha llevado a familias a salir de sus casas, a retar el miedo al contagio de COVID 19, para llevar alimentos a la familia.

No es menor el tema. La muerte ronda como el propio virus, de manera invisible pero real. O es el contagio o es la presión de la familia para tener satisfactores básicos y, aún más, el pago de una deuda creciente reflejada en otra realidad, la falta de vivienda propia.

Las cifras que da la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) son contundentes "el número de pobres en 2020 subirá en 7 puntos porcentuales, lo que equivale a 8 millones 890 mil mexicanos en pobreza".

Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión agrega algo que debe mover a la formulación de cambios en la ruta económico del país, cuando señala que "Revertir ésta situación de pobreza nos tomará al menos 13 años y que estamos ante un largo camino por recorrer".

La solicitud que formuló la CEPAL a los gobiernos de otorgar un ingreso equivalente a toda la población en situación de pobreza en 2020", parece debería tomar forma y ser asumido por las y los representantes populares como una acción no solo de humanidad sino de solidaridad con sus representados.

Pero el tema no es fácil. Programas como "sembrando vida" que impulsa el Gobierno Federal no están exentos de denuncia de mal manejo. Quiere decir que no prosperará porque está situado en la línea política y no en la línea de subsistencia, lo que la hace un escenario Electoral y no social.

De los 127 millones de mexicanos la situación de pobreza estaría marcada en 7 millones 493, según la CEPAL, en su Informe "El desafío social en tiempos del COVID-19".

Y esa pobreza de la que nos alertan, de acuerdo a la experiencia que nos da el periodismo, no está focalizado en la zona rural, las zonas sub urbanas y hasta las urbanas estarían en las líneas de riesgo, lo que llevaría a otros daños colaterales como la ruptura de la familia, el sacrificio de las mujeres a continuar estudiando para sumarse a la vida económica y la violencia.

Pero la forma como vemos la realidad puede llevar a qué la clase política no esté dando las respuestas esperadas. El miedo al contagio es de tod@s en diferentes formas y la manera de enfrentar tendrá que pasar por la revisión económica de la familia.

La búsqueda de trabajo ha llevado a familias a salir de sus casas, a retar el miedo al contagio de COVID 19, para llevar alimentos a la familia.

No es menor el tema. La muerte ronda como el propio virus, de manera invisible pero real. O es el contagio o es la presión de la familia para tener satisfactores básicos y, aún más, el pago de una deuda creciente reflejada en otra realidad, la falta de vivienda propia.

Las cifras que da la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) son contundentes "el número de pobres en 2020 subirá en 7 puntos porcentuales, lo que equivale a 8 millones 890 mil mexicanos en pobreza".

Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión agrega algo que debe mover a la formulación de cambios en la ruta económico del país, cuando señala que "Revertir ésta situación de pobreza nos tomará al menos 13 años y que estamos ante un largo camino por recorrer".

La solicitud que formuló la CEPAL a los gobiernos de otorgar un ingreso equivalente a toda la población en situación de pobreza en 2020", parece debería tomar forma y ser asumido por las y los representantes populares como una acción no solo de humanidad sino de solidaridad con sus representados.

Pero el tema no es fácil. Programas como "sembrando vida" que impulsa el Gobierno Federal no están exentos de denuncia de mal manejo. Quiere decir que no prosperará porque está situado en la línea política y no en la línea de subsistencia, lo que la hace un escenario Electoral y no social.

De los 127 millones de mexicanos la situación de pobreza estaría marcada en 7 millones 493, según la CEPAL, en su Informe "El desafío social en tiempos del COVID-19".

Y esa pobreza de la que nos alertan, de acuerdo a la experiencia que nos da el periodismo, no está focalizado en la zona rural, las zonas sub urbanas y hasta las urbanas estarían en las líneas de riesgo, lo que llevaría a otros daños colaterales como la ruptura de la familia, el sacrificio de las mujeres a continuar estudiando para sumarse a la vida económica y la violencia.

Pero la forma como vemos la realidad puede llevar a qué la clase política no esté dando las respuestas esperadas. El miedo al contagio es de tod@s en diferentes formas y la manera de enfrentar tendrá que pasar por la revisión económica de la familia.

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