/ lunes 9 de julio de 2018

Surrealismo Político

Los datos que ya se conocen sobre los resultados de la elección se convierten en un referente que da contexto a las investigaciones presentes y futuras sobre la elección de 2018. A la par, viene el otro vendaval, el ceder los puestos, el previo a la conformación formal del gobierno federal y la reestructuración que implica en el nuevo mapa que deja la decisión de la mayoría.

Sin embargo, los partidos políticos tienen en esa reestructuración un reto. Y debe ser como lo señalara en una de sus frases expresada con visión de estadista a sus correligionarios de partido, el ex Gobernador José Francisco Ruíz Massieu “o cambiamos, o nos cambian”. Y es una sentencia que alcanzó a todos los partidos.

En el mapa partidista del país figura el Movimiento de Regeneración Nacional, que no está registrado como partido. Y figura el resultado obtenido por el candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como “El Bronco”.

El primero otorga a la estadística de una elección presidencial un porcentaje de votación elevada, 63 por ciento, que lo coloca entre los Presidentes con mayor respaldo de votos. Incluso por sobre el PAN que ha tenido dos Presidentes y que rompió el hilo ganador del PRI.

El otro es el de los independientes, que alcanzó con condiciones completamente adversas una aceptación que lo coloca por sobre la aceptación de los Partidos de la Revolución Democrática, Verde Ecologista de México, Encuentro Social, Nueva Alianza. Y con esta acción también se envía un mensaje de rechazo a los propios partidos que lograron salvar su registro por alcanzar una representación proporcional en las Cámaras de Diputados y Senadores y mantenerse con ello de pie. No así los Partidos Verde Ecologista y Nueva Alianza.

Con esta lección que propina el voto de la elección del 1 de julio a los partidos que no perdieron registro, pero bajaron su aceptación, vendrán acciones propias de la sobrevivencia. Desde intentar retener lo poco que queda para no ser destruidos del mapa de las posibilidades de retomar el poder, hasta hacer una refundación que pueda conducir a algunos pensar en el cambio del nombre para intentar ganar otras posiciones. Acciones que algunos podrán resistir por estar posicionado el nombre y encontrar dificultad para elecciones que están a la vuelta.

Sin embargo, el proceso de realizar cambios con lo que tienen y lo menos que tendrán en los siguientes meses y años, como las prerrogativas, el acceso al manejo de programas, posibilidad de colocar cuadros que ayuden a operar desde dependencias, puede darles una oxigenación creativa que permita refrescar sus partidos y enviar mensajes a la sociedad de aquello que está en sus manos, la experiencia.

La autocrítica, el reagrupamiento, la crisis general, hará surgir los liderazgos más apropiados para recuperar el poder. Por lo pronto, los partidos han suavizado su actuar al tender los puentes necesarios para cruzar nuevas alianzas con el gobierno que entrará en funciones. Pero no es suficiente para mantenerse en el ánimo de ser votados en elecciones por venir de no hacer los cambios de cara a la sociedad. Una resistencia y una actitud soberbia puede llevarlos a un segundo golpe ciudadano y ahí vienen empujando cuadros nuevos demandando espacios para hacerlo en todos los partidos que están, tambaleándose, pero de pie. ¿Surrealismo?

Los datos que ya se conocen sobre los resultados de la elección se convierten en un referente que da contexto a las investigaciones presentes y futuras sobre la elección de 2018. A la par, viene el otro vendaval, el ceder los puestos, el previo a la conformación formal del gobierno federal y la reestructuración que implica en el nuevo mapa que deja la decisión de la mayoría.

Sin embargo, los partidos políticos tienen en esa reestructuración un reto. Y debe ser como lo señalara en una de sus frases expresada con visión de estadista a sus correligionarios de partido, el ex Gobernador José Francisco Ruíz Massieu “o cambiamos, o nos cambian”. Y es una sentencia que alcanzó a todos los partidos.

En el mapa partidista del país figura el Movimiento de Regeneración Nacional, que no está registrado como partido. Y figura el resultado obtenido por el candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como “El Bronco”.

El primero otorga a la estadística de una elección presidencial un porcentaje de votación elevada, 63 por ciento, que lo coloca entre los Presidentes con mayor respaldo de votos. Incluso por sobre el PAN que ha tenido dos Presidentes y que rompió el hilo ganador del PRI.

El otro es el de los independientes, que alcanzó con condiciones completamente adversas una aceptación que lo coloca por sobre la aceptación de los Partidos de la Revolución Democrática, Verde Ecologista de México, Encuentro Social, Nueva Alianza. Y con esta acción también se envía un mensaje de rechazo a los propios partidos que lograron salvar su registro por alcanzar una representación proporcional en las Cámaras de Diputados y Senadores y mantenerse con ello de pie. No así los Partidos Verde Ecologista y Nueva Alianza.

Con esta lección que propina el voto de la elección del 1 de julio a los partidos que no perdieron registro, pero bajaron su aceptación, vendrán acciones propias de la sobrevivencia. Desde intentar retener lo poco que queda para no ser destruidos del mapa de las posibilidades de retomar el poder, hasta hacer una refundación que pueda conducir a algunos pensar en el cambio del nombre para intentar ganar otras posiciones. Acciones que algunos podrán resistir por estar posicionado el nombre y encontrar dificultad para elecciones que están a la vuelta.

Sin embargo, el proceso de realizar cambios con lo que tienen y lo menos que tendrán en los siguientes meses y años, como las prerrogativas, el acceso al manejo de programas, posibilidad de colocar cuadros que ayuden a operar desde dependencias, puede darles una oxigenación creativa que permita refrescar sus partidos y enviar mensajes a la sociedad de aquello que está en sus manos, la experiencia.

La autocrítica, el reagrupamiento, la crisis general, hará surgir los liderazgos más apropiados para recuperar el poder. Por lo pronto, los partidos han suavizado su actuar al tender los puentes necesarios para cruzar nuevas alianzas con el gobierno que entrará en funciones. Pero no es suficiente para mantenerse en el ánimo de ser votados en elecciones por venir de no hacer los cambios de cara a la sociedad. Una resistencia y una actitud soberbia puede llevarlos a un segundo golpe ciudadano y ahí vienen empujando cuadros nuevos demandando espacios para hacerlo en todos los partidos que están, tambaleándose, pero de pie. ¿Surrealismo?

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