/ martes 20 de noviembre de 2018

Próximo nuevo Presidente

El primero de diciembre México tendrá un nuevo presidente de la República. Ese día toma posesión el señor Andrés Manuel López Obrador. Por tratarse de un político que siempre militó en la oposición; primero en el PRD y al final en Morena, el enfoque de su perspectiva política es diferente a la de los presidentes que han sido militantes del PRI y del PAN.

Si uno tiene bien plantados los pies en la tierra y mira con firmeza el horizonte, no vamos a encontrar en la ceremonia de traslación de mandato, más que los buenos propósitos de un nuevo titular del Poder Ejecutivo de la Nación que emprende por una ruta diferente el mismo peregrinar político en la búsqueda del bienestar nacional.

Sólo hay un México, una historia solamente. Somos una sociedad emprendedora con ansias de evolución social. El país no se logrará fragmentar porque algunos no comulguemos con las ideas de otros. Estamos anclados en el Siglo XXI y sabemos convivir en la pluralidad y la diversidad sin que ello provoque un choque de trenes.

Andrés Manuel López Obrador será presidente de México con la responsabilidad a cuestas de haber obtenido más de 30 millones de sufragios, que no lograron los demás contrincantes. Está revestido de confianza y legitimidad, pero en estas condiciones se ve mucho más obligado a escuchar a la ciudadanía, atenderla, resolverle sus demandas y peticiones. No es un producto de la clase política ni un fetiche de los partidos ni engendro de los medios de comunicación. Es, en la más alta y clara acepción del término y el compromiso, un servidor público. Un líder social que debe guiar la ruta del México moderno y diverso que esperan las nuevas generaciones.

Ante esta realidad nacional, para mi es más importante pagar con puntualidad mis impuestos que estarle oyendo mensajes reiterativos a un político. Cuando escribí la idea de sostener los pies sobre la tierra fui muy claro al establecer como prioridad, nuestra realidad social, política y económica. México, Guerrero y Acapulco serán más grandes y mejores, entre más contribuyamos a generar una sinergia de unidad, de respeto mutuo, de tolerancia, entre los que conformamos la Iniciativa Privada, El Gobierno y la Sociedad Civil. Unidos en un solo propósito. Firmes ante las contingencias del marasmo que cruza el país. Solidarios con los débiles y asociados con los productivos que crean riqueza y generan oportunidades.

El primero de diciembre toma posesión Andrés Manuel López Obrador. Dice la Biblia: hay tiempo para tirar los cuetes y tiempo para recoger las varas. Que la jarana provocada por esta alegría nos haga reflexionar con mesura sobre los retos del siglo XXI en todo lo que le hace falta a la nación. Se asume el poder no como una fiesta perpetua, sino como una vigilia de suma responsabilidad.

Entendamos el porvenir con congruencia: lo posible antes que lo heroico. Los pies en la tierra, antes de volar sobre un sueño o una utopía. La realidad es el piso sobre el cual habremos de multiplicar nuestro futuro y un presidente de México está obligado por su propio peso electoral a responderle a la república con soluciones y no complicaciones de sus problemas.

De López Obrador deseamos conducción con inteligencia. Apego a las leyes fundamentales. Respeto a nuestra historia y a los valores morales de la sociedad civil, comprensión y afecto.

El primero de diciembre México tendrá un nuevo presidente de la República. Ese día toma posesión el señor Andrés Manuel López Obrador. Por tratarse de un político que siempre militó en la oposición; primero en el PRD y al final en Morena, el enfoque de su perspectiva política es diferente a la de los presidentes que han sido militantes del PRI y del PAN.

Si uno tiene bien plantados los pies en la tierra y mira con firmeza el horizonte, no vamos a encontrar en la ceremonia de traslación de mandato, más que los buenos propósitos de un nuevo titular del Poder Ejecutivo de la Nación que emprende por una ruta diferente el mismo peregrinar político en la búsqueda del bienestar nacional.

Sólo hay un México, una historia solamente. Somos una sociedad emprendedora con ansias de evolución social. El país no se logrará fragmentar porque algunos no comulguemos con las ideas de otros. Estamos anclados en el Siglo XXI y sabemos convivir en la pluralidad y la diversidad sin que ello provoque un choque de trenes.

Andrés Manuel López Obrador será presidente de México con la responsabilidad a cuestas de haber obtenido más de 30 millones de sufragios, que no lograron los demás contrincantes. Está revestido de confianza y legitimidad, pero en estas condiciones se ve mucho más obligado a escuchar a la ciudadanía, atenderla, resolverle sus demandas y peticiones. No es un producto de la clase política ni un fetiche de los partidos ni engendro de los medios de comunicación. Es, en la más alta y clara acepción del término y el compromiso, un servidor público. Un líder social que debe guiar la ruta del México moderno y diverso que esperan las nuevas generaciones.

Ante esta realidad nacional, para mi es más importante pagar con puntualidad mis impuestos que estarle oyendo mensajes reiterativos a un político. Cuando escribí la idea de sostener los pies sobre la tierra fui muy claro al establecer como prioridad, nuestra realidad social, política y económica. México, Guerrero y Acapulco serán más grandes y mejores, entre más contribuyamos a generar una sinergia de unidad, de respeto mutuo, de tolerancia, entre los que conformamos la Iniciativa Privada, El Gobierno y la Sociedad Civil. Unidos en un solo propósito. Firmes ante las contingencias del marasmo que cruza el país. Solidarios con los débiles y asociados con los productivos que crean riqueza y generan oportunidades.

El primero de diciembre toma posesión Andrés Manuel López Obrador. Dice la Biblia: hay tiempo para tirar los cuetes y tiempo para recoger las varas. Que la jarana provocada por esta alegría nos haga reflexionar con mesura sobre los retos del siglo XXI en todo lo que le hace falta a la nación. Se asume el poder no como una fiesta perpetua, sino como una vigilia de suma responsabilidad.

Entendamos el porvenir con congruencia: lo posible antes que lo heroico. Los pies en la tierra, antes de volar sobre un sueño o una utopía. La realidad es el piso sobre el cual habremos de multiplicar nuestro futuro y un presidente de México está obligado por su propio peso electoral a responderle a la república con soluciones y no complicaciones de sus problemas.

De López Obrador deseamos conducción con inteligencia. Apego a las leyes fundamentales. Respeto a nuestra historia y a los valores morales de la sociedad civil, comprensión y afecto.

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