/ lunes 6 de abril de 2020

Pueblo y Gobierno contra la Epidemia

Se trata de un acontecimiento desnaturalizado: enemigo invisible, pandemia que azota con su fuerza intangible a toda la humanidad. Es cierto, en el corazón siento la arritmia que me provoca ver vacío a Acapulco: solitario en un mundo que dejó de ser de ajetreo para convertirse en un cementerio viviente de instalaciones de hoteles que parecen dormir el sueño de la cuarentena. Estoy triste, es la confesión más sincera que puedo manifestar. Y cómo no iba a estarlo: si esto no había sucedido NUNCA.

La aflicción es mayúscula: las playas solitarias, los hoteles sin huéspedes, el comercio languideciendo, la gente atónita, los turistas en fuga, todos refugiados en nuestros domicilios esperando que pase el espanto, deseando que nunca vuelva o se disuelva en el óxido de la atmósfera.

El debate se parece al acertijo del huevo y la gallina: ¡qué fue primero!... ¿Qué es lo más importante: la economía o la vida?: Chocan las resoluciones más audaces. Lo cierto es que el enigma se parece mucho a la integridad del tornillo y la tuerca: sin uno o sin el otro, no hay mecánica. Sin vida no hay economía y sin economía no hay vida.

Dentro de estas divagaciones lo que no debemos perder es la confianza en nosotros mismos. Mantener el espíritu optimista es un deber y una prioridad. Esta pandemia va a enseñarnos a ser cautos y ahorrativos. Siempre hemos sido preferentes en derrochar el salario y vivir al día como si el mañana no fuera a aparecer nunca, como si la Suave Patria fuese una lotería -López Velarde-, y el destino jamás iba a alcanzarnos. Ya está aquí. Ya llegó y, ahora en cuarentena a guardar nuestra sagrada humanidad para evitar contagios: todo el mes de abril a encerrados en nuestros aposentos domiciliarios.

Somos afortunados de contar con un gobernador de la estatura moral y laboral de Héctor Astudillo Flores: en todo momento al frente de la responsabilidad de salud pública que le ha tocado, como a nadie, liderar en Guerrero con bienaventurado éxito.

Muy meritorio también el esfuerzo de la alcaldesa Adela Román Ocampo, dirigiendo los cuidados sanitarios que el municipio demanda; siempre dispuesta, oportuna, atenta a las exigencias de la secretaría federal de salud. Una mujer dotada de una fuerza de trabajo que la distingue y honra.

Pueblo y gobierno contra la epidemia: esta es una lucha y una responsabilidad de todos.

Se trata de un acontecimiento desnaturalizado: enemigo invisible, pandemia que azota con su fuerza intangible a toda la humanidad. Es cierto, en el corazón siento la arritmia que me provoca ver vacío a Acapulco: solitario en un mundo que dejó de ser de ajetreo para convertirse en un cementerio viviente de instalaciones de hoteles que parecen dormir el sueño de la cuarentena. Estoy triste, es la confesión más sincera que puedo manifestar. Y cómo no iba a estarlo: si esto no había sucedido NUNCA.

La aflicción es mayúscula: las playas solitarias, los hoteles sin huéspedes, el comercio languideciendo, la gente atónita, los turistas en fuga, todos refugiados en nuestros domicilios esperando que pase el espanto, deseando que nunca vuelva o se disuelva en el óxido de la atmósfera.

El debate se parece al acertijo del huevo y la gallina: ¡qué fue primero!... ¿Qué es lo más importante: la economía o la vida?: Chocan las resoluciones más audaces. Lo cierto es que el enigma se parece mucho a la integridad del tornillo y la tuerca: sin uno o sin el otro, no hay mecánica. Sin vida no hay economía y sin economía no hay vida.

Dentro de estas divagaciones lo que no debemos perder es la confianza en nosotros mismos. Mantener el espíritu optimista es un deber y una prioridad. Esta pandemia va a enseñarnos a ser cautos y ahorrativos. Siempre hemos sido preferentes en derrochar el salario y vivir al día como si el mañana no fuera a aparecer nunca, como si la Suave Patria fuese una lotería -López Velarde-, y el destino jamás iba a alcanzarnos. Ya está aquí. Ya llegó y, ahora en cuarentena a guardar nuestra sagrada humanidad para evitar contagios: todo el mes de abril a encerrados en nuestros aposentos domiciliarios.

Somos afortunados de contar con un gobernador de la estatura moral y laboral de Héctor Astudillo Flores: en todo momento al frente de la responsabilidad de salud pública que le ha tocado, como a nadie, liderar en Guerrero con bienaventurado éxito.

Muy meritorio también el esfuerzo de la alcaldesa Adela Román Ocampo, dirigiendo los cuidados sanitarios que el municipio demanda; siempre dispuesta, oportuna, atenta a las exigencias de la secretaría federal de salud. Una mujer dotada de una fuerza de trabajo que la distingue y honra.

Pueblo y gobierno contra la epidemia: esta es una lucha y una responsabilidad de todos.

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