/ sábado 25 de abril de 2020

Brasil ratifica fractura con renuncia de Sergio Moro

El exministro de Justicia denunció al presidente por interferencias políticas; Jair Bolsonaro afirma que fue movido por su ego y ambiciones

RÍO DE JANEIRO. El ministro de Justicia de Brasil, Sergio Moro, renunció a su cargo y acusó al presidente Jair Bolsonaro de tratar de “interferir” en investigaciones policiales, algo negado por el mandatario, que le reprochó estar movido por su “ego” y por ambiciones personales.

La salida de Moro, emblema de la lucha contra la corrupción, se produce en plena crisis sanitaria mundial, que la semana pasada provocó la caída del ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, por desavenencias con Bolsonaro sobre la estrategia para enfrentar la pandemia de nuevo coronavirus.

La causa de esta nueva convulsión política fue la decisión de Bolsonaro de destituir al jefe de la Policía Federal (PF), un órgano de investigación que depende del ministerio de Justicia.

“El presidente me dijo que quería colocar a una persona con quien tuviera contacto personal, a quien pudiese llamar, pedirle informaciones, informes de inteligencia (...) Prestar ese tipo de información no es el papel de la Policía Federal. Las investigaciones deben ser preservadas”, denunció Moro en una conferencia de prensa en Brasilia.

También afirmó que Bolsonaro dijo estar “preocupado” con algunas investigaciones en curso y que esta era una de las razones por las que quería cambiar al titular de la PF, Mauricio Valeixo, nombrado por Moro.

Rodeado de todos sus ministros y colaboradores, Bolsonaro negó por la tarde las “acusaciones infundadas” de Moro y dijo que este último le dijo que aceptaría la destitución de Valeixo a cambio de un puesto de juez en el Supremo Tribunal Federal (STF).

Contó que antes de que Moro hablase, les comentó a varios diputados: “Hoy ustedes conocerán a una persona que tiene un compromiso consigo mismo, con su ego, pero no con Brasil”.

El discurso de Bolsonaro fue acompañado por cacelorazos de protesta en varias ciudades, como Sao Paulo o Rio.

Ese tipo de manifestación es prácticamente cotidiana desde hace varias semanas, en protesta por la oposición del mandatario a las medidas de aislamiento social ordenadas por varios gobernadores para contener la propagación del nuevo coronavirus, que deja hasta el momento tres mil 670 muertos y casi 53 mil contagios en Brasil.

La renuncia de Moro, el ministro más popular del gabinete, derrumbó la Bolsa de Sao Paulo (que cerró con una caída de 5.45%) y hundió al real frente al dólar.

“CAVANDO SU FOSA”

El fiscal general, Augusto Aras, nombrado por Bolsonaro, pidió al STF que investigue las acusaciones formuladas por Moro.

La caída de Moro dividió a la base de Bolsonaro y desató un torrente de críticas y pedidos de renuncia del jefe de Estado.

El diputado Capitán Augusto indicó que estaba articulando la salida de la bancada de la seguridad pública, denominada “bancada de la bala”, de la base oficialista.

La “bancada de la bala” fue uno de los principales apoyos de la elección de Bolsonaro, junto al lobby del agronegocio y a las iglesias neopentecostales.

El expresidente centrista Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) afirmó que Bolsonaro “está cavando su fosa” y le pidió que “renuncie antes de ser renunciado”. En la prensa, especialistas discuten la posibilidad de que Bolsonaro sea objeto de un proceso de destitución.

ANTICORRUPCIÓN DEBILITADA

En los bastidores, el cambio de director de la PF es visto como un intento de Bolsonaro de controlar investigaciones que cercan a su familia y a aliados políticos.

“Bolsonaro quiere protegerse. Cabe a la PF investigar sospechas de varios delitos que rondan el presidente, su familia y sus aliados”, afirma el analista Sylvio Costa, fundador del sitio especializado en cobertura política Congresso em Foco.

Uno de los investigados es su hijo mayor, Flavio Bolsonaro, ahora senador, por sospechas de desvíos y lavado de dinero cuando era diputado de la Cámara regional de Rio de Janeiro. “Nunca pedí blindar a nadie de mi familia, jamás haría eso”, adujo el mandatario.

En su discurso de renuncia, Moro dijo que no vio tentativas de injerencia similares ni siquiera en el auge de la operación Lava Jato, que se inició en 2014 bajo un gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

Esa investigación develó un esquema de corrupción entre políticos, empresarios y funcionarios de la estatal Petrobras y condujo a prisión a figuras empresariales y políticas de primer plano, como el expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva.

Analistas señalan que la salida de Moro corona un proceso de “politización” de organismos gubernamentales que combaten la corrupción, pese al discurso de transparencia y honestidad que Bolsonaro preconizó durante la pasada campaña electoral de 2018.

RÍO DE JANEIRO. El ministro de Justicia de Brasil, Sergio Moro, renunció a su cargo y acusó al presidente Jair Bolsonaro de tratar de “interferir” en investigaciones policiales, algo negado por el mandatario, que le reprochó estar movido por su “ego” y por ambiciones personales.

La salida de Moro, emblema de la lucha contra la corrupción, se produce en plena crisis sanitaria mundial, que la semana pasada provocó la caída del ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, por desavenencias con Bolsonaro sobre la estrategia para enfrentar la pandemia de nuevo coronavirus.

La causa de esta nueva convulsión política fue la decisión de Bolsonaro de destituir al jefe de la Policía Federal (PF), un órgano de investigación que depende del ministerio de Justicia.

“El presidente me dijo que quería colocar a una persona con quien tuviera contacto personal, a quien pudiese llamar, pedirle informaciones, informes de inteligencia (...) Prestar ese tipo de información no es el papel de la Policía Federal. Las investigaciones deben ser preservadas”, denunció Moro en una conferencia de prensa en Brasilia.

También afirmó que Bolsonaro dijo estar “preocupado” con algunas investigaciones en curso y que esta era una de las razones por las que quería cambiar al titular de la PF, Mauricio Valeixo, nombrado por Moro.

Rodeado de todos sus ministros y colaboradores, Bolsonaro negó por la tarde las “acusaciones infundadas” de Moro y dijo que este último le dijo que aceptaría la destitución de Valeixo a cambio de un puesto de juez en el Supremo Tribunal Federal (STF).

Contó que antes de que Moro hablase, les comentó a varios diputados: “Hoy ustedes conocerán a una persona que tiene un compromiso consigo mismo, con su ego, pero no con Brasil”.

El discurso de Bolsonaro fue acompañado por cacelorazos de protesta en varias ciudades, como Sao Paulo o Rio.

Ese tipo de manifestación es prácticamente cotidiana desde hace varias semanas, en protesta por la oposición del mandatario a las medidas de aislamiento social ordenadas por varios gobernadores para contener la propagación del nuevo coronavirus, que deja hasta el momento tres mil 670 muertos y casi 53 mil contagios en Brasil.

La renuncia de Moro, el ministro más popular del gabinete, derrumbó la Bolsa de Sao Paulo (que cerró con una caída de 5.45%) y hundió al real frente al dólar.

“CAVANDO SU FOSA”

El fiscal general, Augusto Aras, nombrado por Bolsonaro, pidió al STF que investigue las acusaciones formuladas por Moro.

La caída de Moro dividió a la base de Bolsonaro y desató un torrente de críticas y pedidos de renuncia del jefe de Estado.

El diputado Capitán Augusto indicó que estaba articulando la salida de la bancada de la seguridad pública, denominada “bancada de la bala”, de la base oficialista.

La “bancada de la bala” fue uno de los principales apoyos de la elección de Bolsonaro, junto al lobby del agronegocio y a las iglesias neopentecostales.

El expresidente centrista Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) afirmó que Bolsonaro “está cavando su fosa” y le pidió que “renuncie antes de ser renunciado”. En la prensa, especialistas discuten la posibilidad de que Bolsonaro sea objeto de un proceso de destitución.

ANTICORRUPCIÓN DEBILITADA

En los bastidores, el cambio de director de la PF es visto como un intento de Bolsonaro de controlar investigaciones que cercan a su familia y a aliados políticos.

“Bolsonaro quiere protegerse. Cabe a la PF investigar sospechas de varios delitos que rondan el presidente, su familia y sus aliados”, afirma el analista Sylvio Costa, fundador del sitio especializado en cobertura política Congresso em Foco.

Uno de los investigados es su hijo mayor, Flavio Bolsonaro, ahora senador, por sospechas de desvíos y lavado de dinero cuando era diputado de la Cámara regional de Rio de Janeiro. “Nunca pedí blindar a nadie de mi familia, jamás haría eso”, adujo el mandatario.

En su discurso de renuncia, Moro dijo que no vio tentativas de injerencia similares ni siquiera en el auge de la operación Lava Jato, que se inició en 2014 bajo un gobierno del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

Esa investigación develó un esquema de corrupción entre políticos, empresarios y funcionarios de la estatal Petrobras y condujo a prisión a figuras empresariales y políticas de primer plano, como el expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva.

Analistas señalan que la salida de Moro corona un proceso de “politización” de organismos gubernamentales que combaten la corrupción, pese al discurso de transparencia y honestidad que Bolsonaro preconizó durante la pasada campaña electoral de 2018.

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