/ miércoles 13 de junio de 2018

La iglesia que predica con Heavy Metal

En Brasil la presencia de las iglesias evangélicas es abrumadora

RÍO DE JANEIRO, Brasil. El recinto oscuro tiene las paredes pintarrajeadas con calaveras y símbolos de la muerte, y Rogério Santos, sentado en un semicírculo junto con una docena de personas más, no parece el típico visitante devoto de una de las iglesias cristianas que abundan estos días en Brasil.

Cuando un hombre de pelo largo empieza a rasgar con fuerza su guitarra eléctrica frente a él, sin embargo, Santos saca una Biblia y la coloca en su regazo, a unos centímetros de los pins rockeros que cuelgan de su chaqueta negra de cuero. Él reza, mientras los visitantes reunidos en un primer piso de un edificio destartalado en la empobrecida zona norte de Río de Janeiro, en la favela Maré, cantan en voz alta.

"En Maré hay una necesidad espiritual muy grande", dice luego Santos, un viejo rockero que explica por qué lleva 24 de sus 47 años como miembro de la iglesia evangélica "Metanoia". Porque ahí, dice, se unen las dos cosas que más le interesan: "La música y la religión".

La iglesia "Metanoia" ("cambio de vida" o "conversión" en griego) parece a primera vista un club underground de rock duro donde corren el alcohol y las drogas. Grafitis por todos sitios, portadas de discos históricos pegadas en varias paredes, en la parte trasera unos altavoces potentes, una batería rockera y un micrófono, todo dispuesto para que toque la banda de turno.

Al mirar con detenimiento, no obstante, se descubre otro trasfondo común: las cruces colgando del techo, las diversas alusiones al cristianismo. "Jesucristo es el señor del 'underground'", dice una pintada.

"Jesús venció", sostiene otra, escrita dentro de un ataúd de imitación recostado en una pared.

¿Una iglesia que coquetea con la estética "antirreligiosa" y supuestamente "satánica" del rock? ¿Se puede difundir el cristianismo usando el típico lenguaje irreverente del heavy metal? "Por qué no", dice Enok Galvao de Lima, un hombre de 54 años de gesto afable y pastor de esa iglesia que fundó él mismo 27 años atrás. "El rock es sólo el estilo", asegura.

"El arte y la música los creó dios. El diablo no creó nada. Uno puede entrar y apoderarse de esa cultura", agrega. Luego apunta a una pared para demostrar que su afición es genuina: tiene pósters de Metallica o de "Rage against the machine" ("excelente, de un alto nivel"), entre otras históricas bandas del heavy metal.

La forma en que Galvao ha conjugado la religión y el rock, una de las subculturas urbanas más exitosas del siglo XX, no es sólo muy original en su caso particular, sino que demuestra la creatividad de la que hacen gala las iglesias evangélicas que se expanden estos días a ritmo vertiginoso por toda América Latina.

Las también llamadas iglesias pentecostales brasileñas le ganan desde hace años terreno al catolicismo, durante décadas la religión predominante en la región.

Según el último informe del instituto Latinobarómetro, en 2017 más de la mitad (59 por ciento) de los latinoamericanos se definía aún como católica, pero la cifra representa un claro retroceso en comparación con el 80% registrado en 1995. Los evangélicos representan en tanto al 19% de la población.

En Brasil la presencia de las iglesias evangélicas es abrumadora. Muchas han incursionado en política con agendas ultraconservadoras que rechazan el matrimonio gay o el aborto, mientras otras se limitan a sumar fieles haciendo un trabajo peculiar y original en las comunidades pobres, como la iglesia "Metanoia".

RÍO DE JANEIRO, Brasil. El recinto oscuro tiene las paredes pintarrajeadas con calaveras y símbolos de la muerte, y Rogério Santos, sentado en un semicírculo junto con una docena de personas más, no parece el típico visitante devoto de una de las iglesias cristianas que abundan estos días en Brasil.

Cuando un hombre de pelo largo empieza a rasgar con fuerza su guitarra eléctrica frente a él, sin embargo, Santos saca una Biblia y la coloca en su regazo, a unos centímetros de los pins rockeros que cuelgan de su chaqueta negra de cuero. Él reza, mientras los visitantes reunidos en un primer piso de un edificio destartalado en la empobrecida zona norte de Río de Janeiro, en la favela Maré, cantan en voz alta.

"En Maré hay una necesidad espiritual muy grande", dice luego Santos, un viejo rockero que explica por qué lleva 24 de sus 47 años como miembro de la iglesia evangélica "Metanoia". Porque ahí, dice, se unen las dos cosas que más le interesan: "La música y la religión".

La iglesia "Metanoia" ("cambio de vida" o "conversión" en griego) parece a primera vista un club underground de rock duro donde corren el alcohol y las drogas. Grafitis por todos sitios, portadas de discos históricos pegadas en varias paredes, en la parte trasera unos altavoces potentes, una batería rockera y un micrófono, todo dispuesto para que toque la banda de turno.

Al mirar con detenimiento, no obstante, se descubre otro trasfondo común: las cruces colgando del techo, las diversas alusiones al cristianismo. "Jesucristo es el señor del 'underground'", dice una pintada.

"Jesús venció", sostiene otra, escrita dentro de un ataúd de imitación recostado en una pared.

¿Una iglesia que coquetea con la estética "antirreligiosa" y supuestamente "satánica" del rock? ¿Se puede difundir el cristianismo usando el típico lenguaje irreverente del heavy metal? "Por qué no", dice Enok Galvao de Lima, un hombre de 54 años de gesto afable y pastor de esa iglesia que fundó él mismo 27 años atrás. "El rock es sólo el estilo", asegura.

"El arte y la música los creó dios. El diablo no creó nada. Uno puede entrar y apoderarse de esa cultura", agrega. Luego apunta a una pared para demostrar que su afición es genuina: tiene pósters de Metallica o de "Rage against the machine" ("excelente, de un alto nivel"), entre otras históricas bandas del heavy metal.

La forma en que Galvao ha conjugado la religión y el rock, una de las subculturas urbanas más exitosas del siglo XX, no es sólo muy original en su caso particular, sino que demuestra la creatividad de la que hacen gala las iglesias evangélicas que se expanden estos días a ritmo vertiginoso por toda América Latina.

Las también llamadas iglesias pentecostales brasileñas le ganan desde hace años terreno al catolicismo, durante décadas la religión predominante en la región.

Según el último informe del instituto Latinobarómetro, en 2017 más de la mitad (59 por ciento) de los latinoamericanos se definía aún como católica, pero la cifra representa un claro retroceso en comparación con el 80% registrado en 1995. Los evangélicos representan en tanto al 19% de la población.

En Brasil la presencia de las iglesias evangélicas es abrumadora. Muchas han incursionado en política con agendas ultraconservadoras que rechazan el matrimonio gay o el aborto, mientras otras se limitan a sumar fieles haciendo un trabajo peculiar y original en las comunidades pobres, como la iglesia "Metanoia".

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