/ sábado 29 de septiembre de 2018

México es un campo fértil para escribir novela negra; Iván Farías

Para el escritor de Un plan perfecto, el thriller está pensado como consumo rápido, mientras que la novela negra desea ser más literatura

¿Qué cuenta un escritor de novela negra?: ¿un homicidio violento que transcurre de noche en un callejón oscuro y sucio?, ¿la rivalidad entre un gángster y un expolicía cuyo pasado tormentoso lo vuelve adicto a las aspirinas, el cigarro, el bourbon y las mujeres?, ¿el asalto de un banco?, ¿el robo de un libro lleno de secretos? La novela negra contiene características que la hacen única e intensa, virtudes que la convierten en un género clásico y misterioso, donde el lector puede profundizar y resolver las incógnitas y ser el cómplice ideal de quien está a cargo de poner fin a un dilema.

Iván Farías (Ciudad de México, 1976) es un compilador, escritor y ensayista que enfrenta y crea ingeniosamente los retos de quienes van a protagonizar sus cuentos y novelas. Con un lenguaje casual y acondicionado al ambiente de las cantinas, los hoteles de paso y las redadas judiciales, pareciera que nos envuelve en una atmósfera de los años ochenta, un contexto en cuyas calles circulan cadillacs negros con robustos choferes en busca de la joya más preciada, la mujer más hermosa o la muerte del mejor detective. Con una actitud de valedor de barrio y una mente brillante, el autor de Un plan perfecto (Grijalbo, Penguin Random House) seduce y envuelve al lector en un sin fin de diálogos y narraciones dignas de acompañar con una buena cerveza y una libreta en mano para adivinar los posibles caminos que tomará la historia leída.

Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Hispana de Puebla. Ha sido colaborador de La Jornada Semanal, Reforma,Excélsior,Muy Interesante y Playboy México. Ha escrito para casas editoriales como Penguin Random House y NITRO/PRES.

¿Cómo inicias en el género de la novela negra?

Pues yo empecé leyendo mucho. En la casa había ese gusto por el cine, por el horror. Había muchas antologías de cuento de terror, de policiaco, de true crime, retratos de crímenes famosos, cosas así. Había antologías de grandes maestros del crimen. Esos tomos que venían de 3 novelas donde uno leía a Raymond Chandler, Agatha Christie, Georges Simenon, etc. Bueno, pues ahí uno se va curtiendo. Así fue como empecé a escribir historias que yo no entendía que eran policiacas, sino más bien eran lo que a mí me gustaba leer. Era lo que yo quería escribir. Esta mezcla de terror y policiaco.

Había críticos en los años 80 que aseguraban que la novela negra estaba hecha para ser leída en Europa. ¿Por qué se pensaba en esta exclusividad?

Porque siempre hemos sido un poco chauvinistas. Siempre hemos privilegiado ciertos géneros que nos quieren hacer quedar bien como escritores o como críticos. Se han privilegiado a ciertos géneros sobre otros que se ven como menores, y eso es porque en latinoamerica se lee menos que en otros países como Estados Unidos, España, Inglaterra o Francia. El género policiaco es un género muy popular. Por lo tanto aquí en México se veía mal. Aunque no lo creas, en los años 50 empezaron a publicarse en colección Botas o en Novaro muchas novelas en tirajes muy grandes. Yo me sorprendo cuando veo estos libros. Creo que la lógica de los gringos es que si se vende mucho no es bueno.

Según tu opinión, ¿qué diferencia hay entre el thriller y la novela negra?

Eso siempre se ha discutido de cierta manera. Yo pienso que el thriller es desechable. Es una forma de llegar, como una especie de enigma, una trama de capítulos cortos que llevan a un final sorprendente que cada capítulo va enganchado al que sigue. Cuando acabas de leer un thriller, la novela ya no te ofrece nada. Es un género desechable. En cambio en la novela negra puedes volver a leer varias novelas, valga la redundancia. Por ejemplo, Hammett con Cosecha Roja; lo vuelves a leer y tiene otra forma, vas viendo cómo está armada, cuáles son los trucos, de qué te habla. En el caso de Agatha Christie muchas de sus novelas son desechables pero las vuelves a leer porque la señora sabía urdir muy bien la trama. Creo que la diferencia es esa; el thriller es algo pensado como consumo rápido, mientras la novela negra tiene el deseo de ser más literatura.

Sabemos que una novela negra tiene ciertas características; la figura del detective, su pasado tormentoso, los pasajes oscuros, los años veinte, el crimen... Con todo esto como regla, ¿se vale escribir novela negra donde a la luz del día ocurren tantos crímenes? ¿Una novela negra sin oscuridad ambiental?

Tan es así que se escribe novela negra en Australia, China, Japón, Argentina, Suecia y aquí en México. Siempre se hace referencia a la idea del detective, pero esa es la novela detectivesca. La novela negra salva muchas otras cosas. Por ejemplo, está la novela de robo, la de los desposeídos. Horace Mccoy tiene una novela que se llama Debería Haberme Quedado en Casa donde no se muere nadie, donde ni siquiera hay un crimen, sino simplemente un sentimiento de decadencia moral, de pesadumbre. Todas estas novelas negras por algo se llaman así, son ominosas, son oscuras, no siempre hay justicia, y eso es lo que pasa en este país. Es un campo fértil para escribirlo.

Sherlock Holmes, Belascoarán Shayne, Hércules Poirot... ¿Con cuál detective te quedas?

¡Híjole! Ahí sí me la pones difícil porque Sherlock Holmes vio muchas cosas. Él vive y sobrevivió incluso a Conan Doyle. En lo personal le tengo mucho cariño a Héctor Belascoarán Shayne porque cuando yo leí las novelas de él de inmediato empezó a cobrar vida; él estaba en la ciudad y recorría las mismas calles donde yo vivía, veía la misma televisión que yo. Estaba para decirte que sí se podía escribir novela policiaca en México son sus características. Me quedo con Belascoarán.

Características de un gran detective.

Primero la necedad, ¡jajaja!, tiene que ser muy necio porque si no lo es, no llega a ningún lado. Como le pasa a un novelista. Tienen que ser necios y obsesivos. También tiene que estar abierto a tolerar la frustración para empezar de nuevo una y otra vez a pesar de que no haya visto las pistas.

Es muy subjetivo, pero... un top 3 de novelas negras.

¡Jajaja! Siempre recomiendo el libro de un alemán que se llama Jört Fauser, su novela se llama El Hombre de Nieve, que es un tipo que se encuentra un kilogramo de coca y el pobre idiota cree que con eso se va a volver rico. Por otro lado cualquier novela de Antonio Manzini, que es un detective de Roma a quien mandan a los Alpes, a un pueblo turístico como castigo. Ya para cerrar El Complot Mongol. Siempre que la leo me vuelve a gustar mucho.

Dicen que se vale abandonar los libros, ¿tú qué libro has abandonado?

¡Uy! De esos si hay muchos. Antes sí tenía la disciplina de leerlos pero ya que me vi con unos años encima empecé a abandonar algunos. Dejé de leer, por cuarta vez, Ulises de James Joyce, y de ahí en general muchas novedades que me hacen el favor de mandar y que abandono porque no son los temas que a mí me gustan o que me interesan.

Te dan a elegir a un autor clásico para irte a una cantina...

¡Híjole! Es que todos los que me caen bien han de haber sido muy mala copa. Me imagino por ejemplo a Raymond Chandler, que ha de haber sido insoportable. También está Patricia Highsmith, aunque ella me hubiera estado viendo de una manera muy extraña. Yo creo que me quedo con Arthur Conan Doyle, le preguntaría sobre la guerra, sobre la Inglaterra de aquellos tiempos.


¿Qué cuenta un escritor de novela negra?: ¿un homicidio violento que transcurre de noche en un callejón oscuro y sucio?, ¿la rivalidad entre un gángster y un expolicía cuyo pasado tormentoso lo vuelve adicto a las aspirinas, el cigarro, el bourbon y las mujeres?, ¿el asalto de un banco?, ¿el robo de un libro lleno de secretos? La novela negra contiene características que la hacen única e intensa, virtudes que la convierten en un género clásico y misterioso, donde el lector puede profundizar y resolver las incógnitas y ser el cómplice ideal de quien está a cargo de poner fin a un dilema.

Iván Farías (Ciudad de México, 1976) es un compilador, escritor y ensayista que enfrenta y crea ingeniosamente los retos de quienes van a protagonizar sus cuentos y novelas. Con un lenguaje casual y acondicionado al ambiente de las cantinas, los hoteles de paso y las redadas judiciales, pareciera que nos envuelve en una atmósfera de los años ochenta, un contexto en cuyas calles circulan cadillacs negros con robustos choferes en busca de la joya más preciada, la mujer más hermosa o la muerte del mejor detective. Con una actitud de valedor de barrio y una mente brillante, el autor de Un plan perfecto (Grijalbo, Penguin Random House) seduce y envuelve al lector en un sin fin de diálogos y narraciones dignas de acompañar con una buena cerveza y una libreta en mano para adivinar los posibles caminos que tomará la historia leída.

Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Hispana de Puebla. Ha sido colaborador de La Jornada Semanal, Reforma,Excélsior,Muy Interesante y Playboy México. Ha escrito para casas editoriales como Penguin Random House y NITRO/PRES.

¿Cómo inicias en el género de la novela negra?

Pues yo empecé leyendo mucho. En la casa había ese gusto por el cine, por el horror. Había muchas antologías de cuento de terror, de policiaco, de true crime, retratos de crímenes famosos, cosas así. Había antologías de grandes maestros del crimen. Esos tomos que venían de 3 novelas donde uno leía a Raymond Chandler, Agatha Christie, Georges Simenon, etc. Bueno, pues ahí uno se va curtiendo. Así fue como empecé a escribir historias que yo no entendía que eran policiacas, sino más bien eran lo que a mí me gustaba leer. Era lo que yo quería escribir. Esta mezcla de terror y policiaco.

Había críticos en los años 80 que aseguraban que la novela negra estaba hecha para ser leída en Europa. ¿Por qué se pensaba en esta exclusividad?

Porque siempre hemos sido un poco chauvinistas. Siempre hemos privilegiado ciertos géneros que nos quieren hacer quedar bien como escritores o como críticos. Se han privilegiado a ciertos géneros sobre otros que se ven como menores, y eso es porque en latinoamerica se lee menos que en otros países como Estados Unidos, España, Inglaterra o Francia. El género policiaco es un género muy popular. Por lo tanto aquí en México se veía mal. Aunque no lo creas, en los años 50 empezaron a publicarse en colección Botas o en Novaro muchas novelas en tirajes muy grandes. Yo me sorprendo cuando veo estos libros. Creo que la lógica de los gringos es que si se vende mucho no es bueno.

Según tu opinión, ¿qué diferencia hay entre el thriller y la novela negra?

Eso siempre se ha discutido de cierta manera. Yo pienso que el thriller es desechable. Es una forma de llegar, como una especie de enigma, una trama de capítulos cortos que llevan a un final sorprendente que cada capítulo va enganchado al que sigue. Cuando acabas de leer un thriller, la novela ya no te ofrece nada. Es un género desechable. En cambio en la novela negra puedes volver a leer varias novelas, valga la redundancia. Por ejemplo, Hammett con Cosecha Roja; lo vuelves a leer y tiene otra forma, vas viendo cómo está armada, cuáles son los trucos, de qué te habla. En el caso de Agatha Christie muchas de sus novelas son desechables pero las vuelves a leer porque la señora sabía urdir muy bien la trama. Creo que la diferencia es esa; el thriller es algo pensado como consumo rápido, mientras la novela negra tiene el deseo de ser más literatura.

Sabemos que una novela negra tiene ciertas características; la figura del detective, su pasado tormentoso, los pasajes oscuros, los años veinte, el crimen... Con todo esto como regla, ¿se vale escribir novela negra donde a la luz del día ocurren tantos crímenes? ¿Una novela negra sin oscuridad ambiental?

Tan es así que se escribe novela negra en Australia, China, Japón, Argentina, Suecia y aquí en México. Siempre se hace referencia a la idea del detective, pero esa es la novela detectivesca. La novela negra salva muchas otras cosas. Por ejemplo, está la novela de robo, la de los desposeídos. Horace Mccoy tiene una novela que se llama Debería Haberme Quedado en Casa donde no se muere nadie, donde ni siquiera hay un crimen, sino simplemente un sentimiento de decadencia moral, de pesadumbre. Todas estas novelas negras por algo se llaman así, son ominosas, son oscuras, no siempre hay justicia, y eso es lo que pasa en este país. Es un campo fértil para escribirlo.

Sherlock Holmes, Belascoarán Shayne, Hércules Poirot... ¿Con cuál detective te quedas?

¡Híjole! Ahí sí me la pones difícil porque Sherlock Holmes vio muchas cosas. Él vive y sobrevivió incluso a Conan Doyle. En lo personal le tengo mucho cariño a Héctor Belascoarán Shayne porque cuando yo leí las novelas de él de inmediato empezó a cobrar vida; él estaba en la ciudad y recorría las mismas calles donde yo vivía, veía la misma televisión que yo. Estaba para decirte que sí se podía escribir novela policiaca en México son sus características. Me quedo con Belascoarán.

Características de un gran detective.

Primero la necedad, ¡jajaja!, tiene que ser muy necio porque si no lo es, no llega a ningún lado. Como le pasa a un novelista. Tienen que ser necios y obsesivos. También tiene que estar abierto a tolerar la frustración para empezar de nuevo una y otra vez a pesar de que no haya visto las pistas.

Es muy subjetivo, pero... un top 3 de novelas negras.

¡Jajaja! Siempre recomiendo el libro de un alemán que se llama Jört Fauser, su novela se llama El Hombre de Nieve, que es un tipo que se encuentra un kilogramo de coca y el pobre idiota cree que con eso se va a volver rico. Por otro lado cualquier novela de Antonio Manzini, que es un detective de Roma a quien mandan a los Alpes, a un pueblo turístico como castigo. Ya para cerrar El Complot Mongol. Siempre que la leo me vuelve a gustar mucho.

Dicen que se vale abandonar los libros, ¿tú qué libro has abandonado?

¡Uy! De esos si hay muchos. Antes sí tenía la disciplina de leerlos pero ya que me vi con unos años encima empecé a abandonar algunos. Dejé de leer, por cuarta vez, Ulises de James Joyce, y de ahí en general muchas novedades que me hacen el favor de mandar y que abandono porque no son los temas que a mí me gustan o que me interesan.

Te dan a elegir a un autor clásico para irte a una cantina...

¡Híjole! Es que todos los que me caen bien han de haber sido muy mala copa. Me imagino por ejemplo a Raymond Chandler, que ha de haber sido insoportable. También está Patricia Highsmith, aunque ella me hubiera estado viendo de una manera muy extraña. Yo creo que me quedo con Arthur Conan Doyle, le preguntaría sobre la guerra, sobre la Inglaterra de aquellos tiempos.


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