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Surrealismo Político

  • Martín Martínez Olvera

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La respuesta que escuchamos en el tema de Tláhuac, y no precisamente en su faceta original de deidad de la lluvia para nuestros antepasados mexicas, me lleva a una surrealista historia que representa el país del yo no sé.

Quien quiera saber sobre lo que sucede en un lugar de la provincia o de la propia ciudad de México, creo que debe cambiar del sabedor que consideramos es el conducente idóneo. La verdad, según parece, ha abandonado a la clase gobernante, para instalarse en el limbo de  donde debe ser rescatada cruzando los oscuros pasadizos de la corrupción, de la desfachatez, del cinismo, si sale airosa la búsqueda, se encontrará no con la respuesta oficial, sino con una respuesta en poder ciudadano, pero sin valor para ser considerada de peso formal para cambiar, aun todavía, el estado de cosas que vive y que le obligan a salir en pos de la verdad.

Alicia, la niña que sigue inspirando los sueños del país de las maravillas, sigue siendo ese pueblo que se encuentra con los más surrealistas mensajes que evaden, la no menos surrealista verdad. Y parece, parece, que sigue siendo de gran utilidad para arrancar sonrisas que terminan por evadir responsabilidad penal.

En ese país que nos toca, los memes suplen la carga que debiéramos buscar, con seriedad, se aplicara. Pero parece que todavía prevalece, y creo que por salud mental, la ironía ciudadana que sepulta a base de díceres, la seriedad de los acontecimiento, y que terminan siendo a favor de la clase política gobernante.

Y veamos si no es así, revisando el tema que ocupa la atención nacional y que ha llevado a citadinos a vivir lo que en provincia, algunos estados, como el nuestro, hemos vivido. El caso “El Ojos”, surrealista nombre para designar a un ojete que transgredió las leyes, y parece, que hasta las compró. A decir de las autoridades, nunca, sí, nunca se enteraron de su existencia, como tampoco de las cinco mil motos taxis que ocupaba su organización delincuencial, para hacer de esa delegación “su” territorio.

Las autoridades formales, que asumen el poder mediante el voto, cada vez más desprovisto de autoridad y de credibilidad, incluso por las mismas autoridades-ciudadanas-consejeras y consejeros- que dicen defender y respetar, no sabían de la existencia de lo que simples mortales veían y padecían.

Y ahora, para mantenerse en la aplicación del nuevo libro de la presencia política que escribe la clase gobernante, parece convertirse en la mejor arma ante la propia clase política que detenta la autoridad judicial y la ciudadanía que la conduce a ejercer el poder, deslindarse de la responsabilidad que implica no saber.

Ah qué tiempos aquellos en los que “parecía” que la clase gobernante “todo” lo sabía. Ah qué tiempos aquellos en los que la clase gobernante “parecía” tener todas las respuestas para gobernar.

Ahora, nos enfrentamos al mejor ejercicio que usan todas las clases políticas, de todos los partidos para deslindarse de SU responsabilidad, echarle la bolita al Ejecutivo Federal, faltarle, con ello, el respeto a la institución que más representación tenía en el país y cuya palabra parecía, también, la más y mejor informada. Pero en aras del siguiente proceso electoral, hasta los Presidentes de un país tienen utilidad para dejarlo caer, total, que su tiempo, se termina y la de los otros, no? Surrealismo?