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¿Muy mala fe?

  • Luz María Sánchez

“Hombres que cometieron crímenes graves siguen siendo importantes en la sociedad, caminan por la calle, ocupan cargos importantes, en vez de pasar su vida en la cárcel Eminescu.

Ayer 15 de febrero, está señalado internacionalmente como Día de la lucha contra el Cáncer Infantil; que tristemente aquí en nuestro país, en el estado de Veracruz y en nuestro estado de Guerrero, ya que nuestras autoridades parece que están empeñados en hacer lo contrario, ya que se enredaron y se enlodaron fatalmente con la corrupción y la impunidad.

Es aberrante que la flagrante corrupción que existe en México quede en un 99 por ciento impune. Definitivamente la Procuraduría General de Justicia de la Nación, la jarocha y la guerrerense, tienen la obligación legal, política, social y humana, de hacer las investigaciones pertinentes para llegar hasta las últimas conclusiones y consecuencias, en relación con las irregularidades que se cometieron en estos estados, en torno a los medicamentos que se usan para abatir la terrible enfermedad.

Todos los gobiernos pretensos cuando están en posición vulnerable, es decir, en campañas, siempre nos dicen o nos dan a entender que no le van a fallar al pueblo; así que en estas condiciones y por mentirosos y corruptos, se tiene que investigar y castigar las malas acciones y los tremendos crímenes (no políticos), porque la impunidad es la base de la violación del Estado de Derecho.

Hace un par de meses, el nuevo gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares (emanado del PAN), presentó una denuncia contra su antecesor el demoniaco César Duarte, por la “posible” comisión de delitos vinculados, -no sólo con la adquisición de medicamentos falsos-; sino por la omisión (y participación voluntaria) que pudo haber (derivó) derivado en la muerte de pacientes; ya que a pesar de estar enterados y “bien conscientes” de que el medicamento oncológico “patito”, no daría mejoría (por el contrario) a los pacientes menores de edad lo consintieron, sabiendo del riesgo de muerte (como sucedió) que esto representaría para los pequeños enfermos.

-Y mientras tanto paralelo en este México bizarro-, en nuestro desastroso estado de Guerrero, sucede algo similar. A pesar de que ya se habían registrado fallecimientos de pacientes por intoxicación tratados con Metotrexate (fármaco oncológico), el gobierno de Héctor Astudillo a través de su secretario de Salud Carlos de la Peña Pintos, y el director del Instituto de Cancerología (IECAN) Jorge Eblem Azar Silvera, siguieron maquiavélicamente utilizando el susodicho (genérico de baja calidad, o apócrifo) utilizado en las “quimioterapias”, y que pusieron en terrible riesgo a los pacientes, hasta llegar desafortunadamente a las defunciones.

Pero increíblemente y a pesar de lo terrible de los casos, las autoridades se justifican minimizando el tema, y para variar acusan a los medios de comunicación, de actuar de muy mala fe; a pesar que en Guerrero Astudillo Flores reconoció, que “eso pasó en agosto, pero que todo regresó a la normalidad”. Increíble.

Aquí la pregunta sería ¿Quién actuó de muy mala fe, las autoridades cómplices de asesinato permitido, o los medios de comunicación que informaron a la sociedad lo que terriblemente estaba sucediendo específicamente en el estado de Guerrero? ¿Cuál es la verdadera razón de nuestra espantosa situación como país? Muy importante la corrupción exacerbada que existe entre el círculo de políticos, autoridades y líderes; pero muy grave también es la inercia, desidia y la apatía que como personas y como sociedad tenemos ante las dificultades que vivimos.

Hemos sido y somos testigos del incremento de la violencia de manera exponencial, del robo a mano armada de los gobiernos de nuestro patrimonio y de nuestro sustento; aun cuando por ningún motivo lo reconozcan, vendiéndonos la idea de que todo lo que sucede es necesario para abatir la delincuencia organizada, mientras ante nuestros ojos, México se sigue desmoronando y se sigue yendo al despeñadero.

Qué pena que los gobiernos siempre planteen situaciones y argumentos que traten de justificar la tremenda impunidad como una supuesta prioridad sobre otros valores como el ejercicio de la justicia.

Hoy en día la sociedad tiene que estar muy consciente de esta diferencia, para no cruzar la delgada línea que separa lo tolerable de lo intolerable, porque estas dramáticas acciones violentas física y emocionalmente, no son de ninguna manera permisibles (quienquiera que las cometa), vulneran principios que protegen la integridad del ser humano. ¡Vale la pena reflexionarlo!