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Los poetas

  • Miguel Ángel Lépez Vela


Un niño que toma un lápiz o un pincel nunca tomará una pistola.

Terminaba el congreso de poetas en Zihuatanejo y empezaba la oración por la paz. Don Manuel Leyva, el poeta guerrerense, encendió una vela y nos transmitió a todos los ahí reunidos de 10 países de Latinoamérica y 16 estados de la República, el fuego y la luz por la paz y la palabra. Ahí estábamos todos unidos, formamos un círculo, mientras dos jovencitas cantaban el Ave María de Schubert. Espléndido cierre de actividades.

Durante tres días escuchamos poemas, unos buenos, otros no tanto, unos divertidos, otros con raigambre costeña. Siempre acompañados por los trovadores que entonaban sus canciones al son de su vigüela. Los danzantes de la Tierra Caliente, Costa Chica y Costa Grande alegraron la velada. Llegaron los políticos a tomarse la foto, salieron bien, hasta les aplaudieron.

Los poetas son gente maravillosa, en cada poema inventan el lenguaje, el tiempo no tiene medida, tienen la edad que quieren. Inventan la realidad, pintan primaveras donde hay mugre. Son los creadores de un nuevo universo, un universo de paz, un universo de amor. Crean estrellas y hablan con la luna. y hablando de tristeza no hay nada peor que un poeta enamorado. “Puedo escribir los versos más tristes esta noche, escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. El viento de la noche gira en el cielo y canta. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Estos versos son de Neruda, que es uno de mis favoritos, no tanto como Margarito Ledesma, originario de Chamacuero; que le canta a la mujer amada: “Al pasar junto a mi lado, te tapas con el rebozo. ¿Pues qué crees estoy sarnoso o que estoy descomulgado? Pues no tengo nada de eso, pues mi defecto mayor es el tenerte este amor que sin miedo te confieso.

Me encantan Vallejo, Sabines, Huidobro, los poetas malditos, los raperos y el cubano Nicolás Guillén, que es un verso hecho canción: Songoro Cosongo o duerme, duerme negrito, que tu mama está en el campo, trabajando, trabajando… Y me encanta la definición de la mujer perfecta: Aquella que vuela…

A donde quiero llegar es que los grupos organizados en literatura den pláticas en todas las escuelas del país llevando recitales poéticos, empezando por la poesía infantil, después la divertida y no caer en poemas históricos o filosóficos que son muy aburridos. Motivemos a los chavos a que descubran la poesía y que escriban, tal vez no obtengan el premio Nobel, pero cómo ayuda a equilibrar el espíritu.