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La verdad

  • Martín Martínez Olvera

En búsqueda de la verdad ciudadanos y feligreses, mantienen su atención en lo que dice la Fiscalía, que representa la responsabilidad de procurar la justicia que cada cual queremos y que se está en el derecho de tenerla. Sólo que, los diversos sucesos de violencia del estado han mostrado la necesidad de que se procure la justicia y la seguridad y que ambas constituyan una simiente para que las demás garantías, como la libertad de tránsito, florezcan.

La gran incógnita de la vida es la verdad. En su búsqueda se han confrontado la ciencia, la filosofía, la religión, y cada cual, desde su punto de vista, enriquece uno de lo rostros que la integran, mostrándonos que la verdad, para que se una en un todo, está compuesta de diversas partes.

En búsqueda de la verdad ciudadanos y feligreses, mantienen su atención en lo que dice la Fiscalía, que representa la responsabilidad de procurar la justicia que cada cual queremos y que se está en el derecho de tenerla.

Sólo que, los diversos sucesos de violencia del estado han mostrado la necesidad de que se procure la justicia y la seguridad y que ambas constituyan una simiente para que las demás garantías, como la libertad de tránsito, florezcan. Sólo que…

El surrealismo ha hecho su aparición de nueva cuenta, ahora en el caso de la violencia que terminó con la vida de tres personas, dos sacerdotes entre ellos.

La verdad de este hecho no parece simple. Por lo tanto, cuando el fiscal da a conocer lo que considera un hecho determinante en el suceso, lo que ha despertado no es la mejor aceptación como verdad y, en uso de su derecho, la búsqueda de que se determine porqué se sustenta en el hecho formulado públicamente, la Iglesia ha hecho escuchar su voz.

Pero en medio estamos muchos. Ciudadanía y feligresía que con preocupación no encontramos la verdad en el dicho de la Fiscalía. Porque el contexto que se expone es tan inquietante que más que certeza, da preocupación.

Por ejemplo, ¿cómo sabe la Fiscalía que había, digamos, presuntos elementos negativos de la sociedad aglutinados en grupos que actúan fuera de la ley, agraviando a la propia ciudadanía?, ¿cuándo lo supo?, ¿debía actuar?, es decir, ¿detener a esos ciudadanos antes de que provocaran sucesos de muerte?, ¿por qué los dejó ir?

Frente a la violencia, cuando nos ha cambiado, cuando ha cambiado formas de convivencia, incluso cuando ha desplazado y desintegrado familias, ya no digamos cuando en ella hay duelos, ¿qué debe hacer la sociedad? Algo más. ¿“Debe” hacerlo?

¿Es una verdad absoluta, indiscutible, tajante?, ¿tanto que debe quedar la sociedad y todos los involucrados satisfechos con la misma? Si es así, ¿por qué no se creyó?

La respuesta no está en nosotros, está en la propia Fiscalía. Porque puede ser que “la verdad” que nos comparten sea. Así de simple. Que así sea. Pero, no se consideró verdadera. Por lo tanto, no se asumió como tal. Y generó conflicto. Hizo ríspida una relación entre dos poderes, y aún más, alejó.

¿Hacia dónde avanzan las investigaciones que realiza la Fiscalía si no han generado confianza ciudadana?

La sociedad no tiene el ánimo de descalificar a nadie. La sociedad lo que está demandando es que la procuración de justicia sea un emblema general, no un hecho aislado, no una idea alejada sino una certeza.

El caso de los dos sacerdotes no tiene que dividirnos, tiene que dar confianza. Tiene que hacernos recuperar la vida, salir del secuestro social en el que sienten los padres está la libertad, y encontrar la verdad, como decía el extinto gobernador José Francisco Ruiz Massieu, “revelar la verdad, para poderla transformar”. ¿Surrealismo?