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La inflexión obligada

  • Pedro Kuri Pheres


La Comisión Política Permanente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) acordó aceptar una candidatura externa para los comicios presidenciales de 2018, en un hecho sin precedente en la vida interna de ese instituto cuyos abanderados han sido cuadros bien formados en sus filas.

Aunque la designación se fraguó a la vieja usanza priísta, José Antonio Meade Kuribreña es el primer candidato que no milita en el tricolor y que se ha desempeñado en la administración federal bajo otras siglas y colores partidistas. Con Felipe Calderón Hinojosa, el virtual candidato del PRI fungió como titular de la Secretaría de Energía y en la gestión de Enrique Peña Nieto ha ocupado tres secretarías: la de Relaciones Exteriores; la de Desarrollo Social y, finalmente, la de Hacienda y Crédito Público.

A su paso por la Sedesol, Meade Kuribreña logró amalgamar una relación estrecha con gobernadores de todos los partidos políticos que le permitió, a su vez, tejer una red de aceptación hacia su figura como servidor público. El caso de Guerrero no es la excepción y el gobernador Héctor Astudillo Flores ha manifestado su beneplácito por la nominación del ex funcionario federal.

Su designación no es política per se; más bien, es estratégica ante el avance notable de Andrés Manuel López Obrador entre la preferencia electoral, según las encuestas presidenciales a casi un semestre de la elección de julio.

Así se entiende el desplazamiento de Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, quien era personaje más viable en la línea sucesoria del tricolor.

El PRI entendió, finalmente, que las circunstancias políticas no le resultarían favorables aplicando la misma estrategia: la meritocracia o el compromiso de coyuntura.

Meade Kuribreña no es la carta más fuerte del Revolucionario Institucional en la próxima elección, pero sí, al menos, el que tiene trayectoria más destacada y sin manchones en el expediente personal.

Esa es la misma fórmula que, en teoría, el tricolor debe extender a lo local si pretende recuperar espacios perdidos y reposicionar la imagen del partido a base de gobiernos y autoridades que respondan a las necesidades de la población y conduzcan administraciones transparentes en el ejercicio de los recursos públicos.

En Acapulco, la posibilidad real de triunfo para el PRI reside en voltear hacia las filas de la sociedad civil. Así fue como logró un resultado destacado en la elección de 2015 cuando postuló al doctor Marco Antonio Terán Porcayo, ex director del Instituto Estatal de Cancerología, sin alianza de por medio. De hecho, la diferencia de votos alcanzada con respecto a Evodio Velázquez Aguirre, del PRD, fue mínima por la porción que el Partido del Trabajo aportó al actual alcalde de Acapulco.

Algunos políticos en cargos de elección popular ya han manifestado su interés de participar en la interna priísta. Sin embargo, la orientación de la selección del candidato presidencial debe servir como modelo aquí y en otros municipios.

El PRI, como una de las principales fuerzas políticas del país, requiere abrir sus espacios a personas con vocación de servicio, capacidad probada y empatía frente a las problemáticas que padece la sociedad.

Desde una parada distinta, el reposicionamiento de ese partido estaría afianzado y permitiría integrar a una sociedad civil que ha participado de forma pasiva en cada proceso electoral por su condición natural apartidista.

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