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Irreparable de origen

  • Pedro Kuri Pheres

El peaje actual de la autopista ya quedó exento de aquel descuento ordenado por el Gobierno federal a partir de la tormenta Manuel, en 2013, que en su momento permitió elevar el flujo de automovilistas para mitigar los efectos generales de ese fenómeno, pero las condiciones actuales de esta vía no son acordes al costo total de las cinco casetas que conforman el tramo México-Acapulco.

La tendencia de la ocupación hotelera de Acapulco en fines de semana, desde noviembre de 2017 hasta la fecha, es positiva. Los índices no han descendido de un rango del 75 por ciento y eso es perceptible en restaurantes, bares, playas, sitios de interés y el principal paseo turístico: la Costera. La mejoría en el comportamiento de la actividad turística es irrefutable, como también el hecho de que la vía terrestre es la principal conexión con el Centro del país que permite la llegada de visitantes de ésta y otras regiones aledañas. Se trata de nuestro turismo doméstico, el que ha sostenido el flujo de ingresos en el puerto desde la caída del turismo internacional y la escasa llegada de vuelos nacionales.

Y la vía que ha elevado la afluencia de turistas a Acapulco por acortar distancia con la ciudad de México es la Autopista del Sol. Un recorrido carretero de tres horas y media, promedio, es parte del atractivo de nuestro balneario.

Sin embargo, el tema persistente cuando nos referimos a la “súper carretera” es el alto costo del peaje. Quizá no sería una inconformidad recurrente si las condiciones físicas de la misma fuesen de alta calidad, como ha sido promovida desde su construcción.

Lo cierto es que la autopista no ha podido -ni podrá- extirparse fallas diversas que motivan los trabajos cuasi permanentes de rehabilitación y mantenimiento debido a irregularidades de origen en su planeación técnica y la propia orografía. Los puntos más conflictivos aparecen en los tramos de las casetas Paso Morelos-Palo Blanco y Palo Blanco-La Venta.

Para quienes transitan continuamente sobre esos trayectos es común encontrar anuncios de reducción de carriles por obras de reparación, trabajos de contención de taludes o “parchado” de concreto ante desgaste físico regular. Actualmente, por ejemplo, está presente la construcción de un paso elevado en Chilpancingo, en el cruce de la colonia Tatagildo y la desviación hacia Chichihualco, que pretende evitar la mezcla del tránsito vial de la ciudad y el carretero. Aunque se ofreció terminar la obra este año, los avances no son notables y esto dificulta la circulación al ingresar a la capital del estado, procedente de Cuernavaca.

El peaje actual de la autopista ya quedó exento de aquel descuento ordenado por el Gobierno federal a partir de la tormenta Manuel, en 2013, que en su momento permitió elevar el flujo de automovilistas para mitigar los efectos generales de ese fenómeno, pero las condiciones actuales de esta vía no son acordes al costo total de las cinco casetas que conforman el tramo México-Acapulco.

Caminos y Puentes Federales (Capufe), organismo que administra y opera esta y otras carreteras de cuota en el país, requiere ajustar sus costos conforme a las deficiencias físicas de la Autopista del Sol y los trabajos permanentes en ésta que reducen el tiempo de viaje y ponen en riesgo a los viajeros.

2018 es un año electoral con vaivenes en la economía y Acapulco requiere afianzar la recepción de turistas en periodos vacacionales y fuera de éstos para tener efectos inmediatos del reposicionamiento del puerto como destino turístico nacional.

La Autopista del Sol es esencial para nuestra ciudad porque, además de ser la principal vía de acceso terrestre, representa un factor decisivo entre potenciales visitantes al momento de viajar.
Una carretera cara que no ofrece seguridad ni comodidad a los paseantes podría desmoronar todos los esfuerzos emprendidos desde hace una década para recuperar, paulatinamente, el brillo y el atractivo que la violencia nos ha quitado.