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De los próceres…

  • Rodrigo Juárez Ortiz

Si bien es cierto que prócer tiene una doble connotación, nosotros nos inclinamos por aquella que considera prócer como alto, elevado, majestuoso y no por la que lo considera como persona importante, noble y de elevada posición social, y ello en función de las calidades personales de quienes dejan a un lado las vanidades y frivolidades ( a las cuales la gente es muy adicta ),  por dedicarse a la entrega, sin límites,  por ayudar, proteger, auxiliar y sostener a aquellos seres vulnerables en su entorno, en su localidad o en el territorio de su país y, en ocasiones, mas allá de él, en aras de los mas deseados valores de los seres humanos como son la vida, en primer lugar y la libertad.

Al respecto, en los últimos días se han dado dos eventos, uno tras otro, de trascendental importancia para la vida de nuestro país los cuales, lamentablemente, casi han pasado desapercibidos y que, salvo por algunas ceremonias oficiales, no han sido conmemorados en toda la plenitud que les corresponden ( en cambio sí se le ha dado una magnificencia a una costumbre cursi, por quienes exageran, auspiciada por una evidente intención mercantilista, centrada en el llamado Día de San Valentín), me refiero a que un día 13 de Febrero, pero de 1893, murió en San Remo, Italia, Don Ignacio Manuel Altamirano Basilio, uno de los próceres de nuestra Patria quien tiene el mérito de haber tenido cualidades excepcionales que, merced  a esfuerzo personal, logró hacerlas cristalizar en aras y en beneficio de nuestra Nación, a pesar de haber nacido de raza indígena ( 13 de Noviembre de 1834), en Tixtla, Guerrero, en una época en que la discriminación para nuestra etnias naturales era mas intensa todavía.

En efecto, Altamirano aprendió a hablar español solo, se desempeñó como estudiante aventajado; se hizo discípulo de otro grande, don Ignacio Ramírez; fue Coronel y luchó en contra de Maximiliano; al triunfo de los liberales fue diputado; un gran literato y diplomático que representó a nuestro país como Cónsul en Francia, España e Italia en donde, como dijimos, murió.

Y un 14 de Febrero pero de 1831 murió, cruelmente fusilado y traicionado el prócer consumador de nuestra Independencia Don Vicente Guerrero Saldaña, quien luchó a las órdenes de otro gran héroe nacional Don Hermenegildo Galeana en el ejército del insigne Don José Ma. Morelos y Pavón.

En efecto, Guerrero fue un militar y político nacional, toda vez que su lucha insurgente fue para darle libertad a toda la nación. De familia campesina, mestizo y con escasa instrucción, se dedicó a actividades agrícolas y a la arriería, lo que le permitió conocer a perfección la sierra del estado que en su honor lleva su nombre, apoyó el Congreso de Chilpancingo hasta su disolución y desde ahí, desde la sierra, en una guerra de guerrillas, luchó en contra de los realistas  llegando a ser el jefe de la insurrección en el sur, hasta que merced al Plan de Iguala, con Iturbide  ( quien después se hizo aclamar como emperador) consumaron la Independencia de nuestro país.

Fue el 2º. presidente de la República pero los avatares políticos lo llevaron a ser traicionado por un navegante genovés, (Picaluga), enviado por Anastasio Bustamante e ingenuamente confiado en el traidor aceptó cenar en el barco Colombo, anclado en Acapulco, en donde fue apresado, conducido a las costas de Oaxaca en donde de una manera injusta y cruel fue condenado a ser fusilado (asesinado), hecho indigno que se realizó el 14 de Febrero de 1831, como dijimos, en la población de Cuilapan.

Son esta clase de ínclitos personajes de nuestra historia a los que debemos honrar, unidos en pensamiento y sentimiento que tanta falta nos hacen en estos aciagos días que padecemos. O usted, sensato lector, ¿Qué opina?