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Año del centenario de la Constitución de 1917

  • Luis de la Hidalga

Por ser un año eminentemente político dada la cercanía de elecciones estatales y la federal del próximo año, en nuestras últimas colaboraciones hemos hablado sobre diversos aspectos de la política actual que priva en nuestro país, lo cual nos ha permitido llegar a ciertas conclusiones, principalmente, la carencia de políticos y líderes, es por ello que en el gobierno actual, especialmente los principales cargos de elección popular, desde el presidente de la república, los desempeñan advenedizos que no cumplen su cometido social, toda vez que política es una mística y vocación de servicio público, debiendo procurar el beneficio colectivo, pero ellos tan sólo buscan su particular prosperidad económica con cifras estratosféricas plenas de ceros. Y esa es la razón por la cual en un país tan rico como es México, exista tanta pobreza, y en casos un grosero pauperismo, y así llevamos 500 años de saqueos realizados por extraños durante los tres infaustos siglos de oprobia dominación hispana y el resto por los propios mexicanos, y si decimos que México es un país muy rico, ello lo podemos comprobar, porque además de esos incruentos saqueos, padecemos la falta del rico territorio que nos fue robado por los hijos de Trump, mediante una injusta y sangrienta guerra, y no obstante todavía subsistimos como país libre en el concierto de las naciones.

Y ante esta triste verdad, surge de inmediato un interrogante, independientemente de tantos despojos de la riqueza natural del país ¿A qué se debe esa subsistencia política como Nación? El interrogante es válido y tiene una respuesta plena de verdad. Este gran país ha tenido siempre otra fortuna, la riqueza humana de la colectividad, y en todo momento crucial han surgido ilustres mexicanos, ya políticos, ya héroes, ya líderes que han pasado lista de presentes frente a la adversidad, ya sean un Hidalgo o un Morelos para sacudirnos el yugo de la bota del conquistador a quienes apoyó un pueblo sin armas pero con un enorme amor a México, ya un Juárez y esa pléyade de liberales en una lucha cerrada contra un clero arrollador y ambicioso que se había adueñado de los bienes de la nación, por igual urbanos que rurales, y más adelante un Madero levantado contra un dictador disfrazado de general lleno de medallas que en su innoble pecho parecían corcholatas, a quien siguió un enhiesto Venustiano Carranza justo vengador de Madero que había sido asesinado vil y cobardemente por el chacal Victoriano Huerta, y condujo a la nación a una ejemplar Revolución para devolverle a la República el honor que los traidores apoyados por la embajada estadounidense habían mancillado, y tras esta revolución apoyada por un pueblo que solo quería reconquistar su tranquilidad perdida por el abuso de los capitalistas que abiertamente los habían esquilmado. Y ya en el México contemporáneo otro y patriota y hábil político. El insigne presidente Lázaro Cárdenas, no tan sólo le devuelve al país su riqueza petrolífica otrora en manos de extranjeros gringos e ingleses, sino por demás devuelve al campesino sus tierras acaparadas por el capitalismo y crea así la propiedad social.

Ahora bien, tras esa bella y patriótica síntesis histórica, volvemos nuevamente a otro interrogante ¿Que pasa ahora, ya no hay Hidalgos, Morelos, Juárez, Maderos, Carranzas o Cárdenas? No infortunadamente ya no los hay, pero ellos nos habían dejado líderes y políticos cabales, que infortunadamente hoy han ido desapareciendo, nuevamente por el surgimiento de un capitalismo salvaje, por un dañino neoliberalismo, un incomprensible mundialismo que como siempre sólo beneficia a los poderosos, y nos ha dejado sin verdaderos políticos, que anteriormente se formaban en los partidos políticos, como por ejemplo en el fenecido Partido de la Revolución donde se ocupaba de formar sus cuadros políticos y candidatos, mediante la creación de un Instituto de estudios, políticos, sociales y económicos, al que por dicha función se le denominaba como el cerebro del Partido, además de un Instituto de capacitación política donde se preparaba conscientemente a los candidatos de elección popular y funcionario de los poderes ejecutivo y judicial, no sé porque estoy alejado de ese PRI actual, si estos institutos aún siguen funcionando, pero no creo porque de ser así no tendríamos la baja o nula calidad de los funcionarios actuales donde se destaca uno solo de la vieja guardia, Pedro Joaquín Coldwell quien cuenta con una venturosa carrera política desde diputado constituyente cuando sobrevino el cambio de territorio a Estado libre y soberano de la unión, a quien sus pares nombraron presidente del Congreso Constituyente a cuyo término fue designado secretario general de gobierno con el primer gobernador estatal Jesús Martínez Ros, mismo a quien sustituyó al término de su mandato, para ser electo posteriormente diputado, senador, presidente de su partido y más adelante secretario de Turismo y hoy flamante secretario de energía, que aunque le tocó bailar con la más fea ha desempeñado honrosamente su función, y para terminar diremos que en toda esta carrera política, singularmente nunca ha tenido cola que le pisen. Lástima es el único que se salva de este inmundo cochinero en que nos ha tocado vivir. Salud.