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Ah, el amor

  • Miguel Ángel Lépez Vela

Existen otras formas de relacionarse que no necesariamente se reconocen ante un Registro Civil. Hay personas con dos parejas. Es el individualismo lo que ha orillado cada vez más al matrimonio a un segundo plano. Según INEGI, seis de cada diez personas de 15 años y más están casados o en unión libre; tres se encuentran solteras, y una es separada, divorciada o viuda.

El amor es una cosa esplendorosa, hasta que se entera tu esposa. Y ahora con la equidad de género, también es esplendoroso.

Y si no has encontrado a tu media naranja y lo que tienes es medio limón, ponlo en un vaso, añade ron, refresco de Cola, mejor Coca porque la Pepsi es más dulce, hielo, una ramita de hierbabuena y disfruta de la vida.

Todo indica que, así como los partidos políticos van a la baja. Los matrimonios también. Para INEGI Los matrimonios han disminuido en los últimos años por varias razones: las mujeres ya no quieren estar sometidas, quieren una vida plena. Son más independientes, social y laboralmente. También está el síndrome de Peter Pan (en los hombres) que no quieren compromisos. Otra razón son las parejas del mismo sexo que cada vez son más aceptadas y otra muy difundida entre los jóvenes es que para tener una pareja no hay necesidad de estar casado. Dice el INEGI que por cada dos matrimonios que se realizan se efectúa un divorcio. Actualmente se vive una era en que ya no existen ideales, las relaciones personales “desechables”.

Existen otras formas de relacionarse que no necesariamente se reconocen ante un Registro Civil. Hay personas con dos parejas. Es el individualismo lo que ha orillado cada vez más al matrimonio a un segundo plano. Según INEGI, seis de cada diez personas de 15 años y más están casados o en unión libre; tres se encuentran solteras, y una es separada, divorciada o viuda.

Entre los 25 y 35 años son los años más activos para casarse y divorciarse, en donde se combinan el anhelo de crear una familia, con las ansias de recuperar el espacio personal. En general ahora las parejas tienden a casarse cuando tienen planes de tener hijos o si ya los tuvieron.

Añoro las expresiones de amor del siglo pasado.: Hace 53 años, un 14 de febrero le dije a Roxana, mi novia: “Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… yo no sé qué te diera por un beso”. Qué bonito, me dijo, tú lo escribiste. Sí, le contesté, en mi vida pasada, en Sevilla, hace como 150 años, cuando me llamaba Gustavo Adolfo Bécquer,  y le di un beso. Ya emocionado le dije otra: “Podrá nublarse el sol eternamente;  Podrá secarse en un instante el mar;  Podrá romperse el eje de la tierra como un débil cristal. ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón; pero jamás en mí podrá apagarse la llama de tu amor.” Hoy creo que me dirían: Así o más cursi. Ah, qué tiempos aquellos. Ya en tiempos más modernos Benedetti escribió el trueque, más práctico: “Me das tu cuerpo y yo te doy mi río. Me das la sangre de tus labios y yo mis manos de alfarero. Me das el vuelo de tus ojos y yo mi raíz al sol. Me das la piel de tu tacto y yo mi tacto en tu piel”. Así o más directo. O como dice actualmente Maluma. “Y si con otro pasas el rato vamos a ser felices los 4 y agrandamos el cuarto”. Cosas del amor y de los tiempos.