/ domingo 11 de noviembre de 2018

¿Y dónde está la oposición?

El día que el presidente electo anunció que se va a cancelar la obra del nuevo aeropuerto (en Texcoco), la Bolsa Mexicana de Valores y el peso sufrieron una caída. Las calificadoras internacionales se pusieron en alerta cuando López Obrador señaló la política que seguirá PEMEX. Mientras escribo este artículo, el dólar sube a veinte pesos con cuarenta centavos y “los bancos se desploman en la Bolsa Mexicana tras propuesta de Morena de quitar comisiones”. Hay un frenesí político y legislativo sin rumbo. A cuál más quiere distinguirse por ser el más radical y cáustico en contra de instituciones, de obras y/o programas vigentes. Pareciera que la misión es destruir todo aquello que se ha construido o avanzado en los últimos años.

Y a todo esto, ¿dónde está la oposición?, ¿Qué opinan los dirigentes, cuadros, diputados o senadores del PRI, del PAN? En una democracia la oposición es necesaria e indispensable para oxigenar el debate de las ideas, la discusión de proyectos y programas. Establece contrapeso al poder, su crítica ayuda a que se ponderen los actos de gobierno. Norberto Bobbio escribió que la oposición es “la unión de personas o grupos que persiguen fines contrapuestos a aquellos individualizados y perseguidos por el grupo o los grupos que detentan el poder económico o político o que institucionalmente se reconocen como autoridades políticas, económicas y sociales respecto de los cuales los grupos de oposición hacen resistencia sirviéndose de métodos y medios constitucionales-legales”. O para decirlo rápidamente, en términos de don Jesús Reyes Heroles: “lo que resiste, apoya”.

Pero los partidos políticos que hoy son oposición no hacen ninguna resistencia. A lo más, el PAN ha dibujado una perorata en contra de las medidas que se han anunciado que serán efectivas a partir del primero de diciembre. Pero nada más. Si no queremos que se instaure un régimen autócrata y autoritario requerimos una oposición vigorosa, con ideas y con discurso. Esconderse, simular y/o disimular es una política de “dejar hacer, dejar pasar”.

Debemos recordar lo que José Francisco Ruiz Massieu advertía sobre que en una democracia se puede evolucionar, pero también involucionar. Ocupando la metáfora, los cambios también tienen reversa. Y allí debe estar la oposición, resistiendo para apoyar que el vehículo no se descarrile o se vaya al fondo del abismo. Pero, ¿y dónde está? Y quienes todo lo quieren destruir, ¿querrán, sabrán o podrán construir? Porque jugarle al “aprendiz de brujo” es muy fácil, pero cuando se gobierna es irresponsable.

El día que el presidente electo anunció que se va a cancelar la obra del nuevo aeropuerto (en Texcoco), la Bolsa Mexicana de Valores y el peso sufrieron una caída. Las calificadoras internacionales se pusieron en alerta cuando López Obrador señaló la política que seguirá PEMEX. Mientras escribo este artículo, el dólar sube a veinte pesos con cuarenta centavos y “los bancos se desploman en la Bolsa Mexicana tras propuesta de Morena de quitar comisiones”. Hay un frenesí político y legislativo sin rumbo. A cuál más quiere distinguirse por ser el más radical y cáustico en contra de instituciones, de obras y/o programas vigentes. Pareciera que la misión es destruir todo aquello que se ha construido o avanzado en los últimos años.

Y a todo esto, ¿dónde está la oposición?, ¿Qué opinan los dirigentes, cuadros, diputados o senadores del PRI, del PAN? En una democracia la oposición es necesaria e indispensable para oxigenar el debate de las ideas, la discusión de proyectos y programas. Establece contrapeso al poder, su crítica ayuda a que se ponderen los actos de gobierno. Norberto Bobbio escribió que la oposición es “la unión de personas o grupos que persiguen fines contrapuestos a aquellos individualizados y perseguidos por el grupo o los grupos que detentan el poder económico o político o que institucionalmente se reconocen como autoridades políticas, económicas y sociales respecto de los cuales los grupos de oposición hacen resistencia sirviéndose de métodos y medios constitucionales-legales”. O para decirlo rápidamente, en términos de don Jesús Reyes Heroles: “lo que resiste, apoya”.

Pero los partidos políticos que hoy son oposición no hacen ninguna resistencia. A lo más, el PAN ha dibujado una perorata en contra de las medidas que se han anunciado que serán efectivas a partir del primero de diciembre. Pero nada más. Si no queremos que se instaure un régimen autócrata y autoritario requerimos una oposición vigorosa, con ideas y con discurso. Esconderse, simular y/o disimular es una política de “dejar hacer, dejar pasar”.

Debemos recordar lo que José Francisco Ruiz Massieu advertía sobre que en una democracia se puede evolucionar, pero también involucionar. Ocupando la metáfora, los cambios también tienen reversa. Y allí debe estar la oposición, resistiendo para apoyar que el vehículo no se descarrile o se vaya al fondo del abismo. Pero, ¿y dónde está? Y quienes todo lo quieren destruir, ¿querrán, sabrán o podrán construir? Porque jugarle al “aprendiz de brujo” es muy fácil, pero cuando se gobierna es irresponsable.

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