/ lunes 1 de abril de 2019

Violeta del Anáhuac

Una de las características que ha marcado las giras a los estados federativos del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador ha sido el “recibimiento” que han dado los asistentes a los Gobernadores cuando son presentados o cuando deben hacer uso de la palabra de acuerdo a los protocolos básicos de educación, dar la bienvenida como anfitriones.

Las rechiflas subidas de tono para opacar su voz, pero, sobre todo, para hacerlos sentir mal ha tenido efecto. Han intentado nulificar la responsabilidad que como Mandatarios tienen para representar los intereses del Estado ante la Federación. Simplemente no podrían ser interlocutores si el pueblo no los respalda. Por eso a la Alcaldesa de Acapulco tuvo con la buena intención, pero con la compañía del Gobernador, Senador y Diputados Federales, Héctor Astudillo, Manuel Añorve y René Juárez un traspié al interior de su partido para buscar recursos y apoyos para el Puerto que dejó al Delegado Federal, Pablo Amílcar, la mejor posición para situarse en la línea de considerados por su partido para la sucesión en Guerrero. Quién diría, ¿no?

Pero a diferencia de otros Gobernadores que han aguantado la andanada de insultos vertidos en eventos públicos, el de Guerrero decidió parar frente al Presidente esta situación, señaló al probable responsable y dijo al Mandatario Federal, que podía hacerse a un lado... ¡¡¡NO!!!, es justo lo que se busca. Pero alcanzó la disculpa, aunque las rechiflas y risas, continúen.

El Gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, tras recibir al Presidente en diversas ocasiones por la desgracia de la explosión del ducto de PEMEX en Tlahuelilpan que ha dejado 132muertos y donde la rechifla sin duda sería un botín contrario de efecto hacia el Mandatario Federal, ya para la gira nacional del Presidente fuera de ese contexto decidió un cambio de estrategia.

El priísmo de ese estado envío a sus correligionarios a recibir al Presidente y acompañar al Gobernador, o vice-versa?, lo cierto es que, al llegar antes al evento los invitados por el Delegado Federal no pudieron tomar los espacios y aún más, no pudieron sobrepasar con abucheos las vivas y aplausos que un priísmo repuesto hizo.

El evento, cabe decir, no arrancó al Presidente su mejor sonrisa, ni la oportunidad de cabildear el uso de la palabra, ni dejó en sus manos el desarrollo del evento para determinar con un abucheometro quien manda en el país y en cada estado que lo integra.

El Presidente fue recibido como Presidente, con gusto, con sonrisas, con aplausos. Fue escuchado con atención por un público que no era el conducido por su representación, en contraste con la interrupción que hacían los de su Partido para decir que era “un honor estar con él”, y que no escuchaban su intervención porque estaban pendientes de las siguientes porras.

¿Pero, era necesario llegar hasta este momento? Hacer una muestra de fuerza, o solo cambiar la estrategia. Creo que fue importante situar el papel de la política en un punto y en otro el de un gobierno, que, si bien ambos se cruzan y en todos permea la simpatía para beneficiar solo a sus grupos, lo que mostró el Gobierno de Hidalgo es que simplemente fue también estratega. Así de fácil. Con un equipo que está trabajando y con una posición conciliatoria para que los caminos que se cruzan tengan cada cual una relación fundamental de respeto. ¿Era necesario hacer esto...? Si no hay de otra para que todos se sientan representados, escuchados, atendidos, pero sobre todo respetados, pues sí.

Una de las características que ha marcado las giras a los estados federativos del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador ha sido el “recibimiento” que han dado los asistentes a los Gobernadores cuando son presentados o cuando deben hacer uso de la palabra de acuerdo a los protocolos básicos de educación, dar la bienvenida como anfitriones.

Las rechiflas subidas de tono para opacar su voz, pero, sobre todo, para hacerlos sentir mal ha tenido efecto. Han intentado nulificar la responsabilidad que como Mandatarios tienen para representar los intereses del Estado ante la Federación. Simplemente no podrían ser interlocutores si el pueblo no los respalda. Por eso a la Alcaldesa de Acapulco tuvo con la buena intención, pero con la compañía del Gobernador, Senador y Diputados Federales, Héctor Astudillo, Manuel Añorve y René Juárez un traspié al interior de su partido para buscar recursos y apoyos para el Puerto que dejó al Delegado Federal, Pablo Amílcar, la mejor posición para situarse en la línea de considerados por su partido para la sucesión en Guerrero. Quién diría, ¿no?

Pero a diferencia de otros Gobernadores que han aguantado la andanada de insultos vertidos en eventos públicos, el de Guerrero decidió parar frente al Presidente esta situación, señaló al probable responsable y dijo al Mandatario Federal, que podía hacerse a un lado... ¡¡¡NO!!!, es justo lo que se busca. Pero alcanzó la disculpa, aunque las rechiflas y risas, continúen.

El Gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, tras recibir al Presidente en diversas ocasiones por la desgracia de la explosión del ducto de PEMEX en Tlahuelilpan que ha dejado 132muertos y donde la rechifla sin duda sería un botín contrario de efecto hacia el Mandatario Federal, ya para la gira nacional del Presidente fuera de ese contexto decidió un cambio de estrategia.

El priísmo de ese estado envío a sus correligionarios a recibir al Presidente y acompañar al Gobernador, o vice-versa?, lo cierto es que, al llegar antes al evento los invitados por el Delegado Federal no pudieron tomar los espacios y aún más, no pudieron sobrepasar con abucheos las vivas y aplausos que un priísmo repuesto hizo.

El evento, cabe decir, no arrancó al Presidente su mejor sonrisa, ni la oportunidad de cabildear el uso de la palabra, ni dejó en sus manos el desarrollo del evento para determinar con un abucheometro quien manda en el país y en cada estado que lo integra.

El Presidente fue recibido como Presidente, con gusto, con sonrisas, con aplausos. Fue escuchado con atención por un público que no era el conducido por su representación, en contraste con la interrupción que hacían los de su Partido para decir que era “un honor estar con él”, y que no escuchaban su intervención porque estaban pendientes de las siguientes porras.

¿Pero, era necesario llegar hasta este momento? Hacer una muestra de fuerza, o solo cambiar la estrategia. Creo que fue importante situar el papel de la política en un punto y en otro el de un gobierno, que, si bien ambos se cruzan y en todos permea la simpatía para beneficiar solo a sus grupos, lo que mostró el Gobierno de Hidalgo es que simplemente fue también estratega. Así de fácil. Con un equipo que está trabajando y con una posición conciliatoria para que los caminos que se cruzan tengan cada cual una relación fundamental de respeto. ¿Era necesario hacer esto...? Si no hay de otra para que todos se sientan representados, escuchados, atendidos, pero sobre todo respetados, pues sí.

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