/ viernes 13 de julio de 2018

Un retroceso de 206 años

El anuncio, por parte de López Obrador, de que a partir de diciembre se cambiará el Convenio de Coordinación Fiscal, mediante el cual la Federación entrega recursos a través de partidas presupuestales a los estados, es una terrible noticia que golpea no solo a la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos (artículos 26, 40, 74, 79, 115, 116, 134, entre otros) sino al mismo sistema federalista y republicano.

El nombrar “Coordinadores Estatales de Programas de Desarrollo” –para que sean ellos los que reciban todos los recursos y programas que el gobierno federal envía a las entidades federativas, dependiendo directamente del presidente y respondiendo sólo ante él, sin ninguna instancia de revisión y transparencia, que viola todo el Título Cuarto de la Constitución- se asemeja a la decimonónica y colonial figura de los “jefes políticos” creada en 1812, por la Constitución de Cádiz (Capítulo II, del Título VI, artículos 324 a 337), donde el Rey de España los designaba como la autoridad al frente del gobierno de las provincias de la Nueva España.

En otras palabras, regresaremos al estadio anterior a la independencia, y contra lo que se rebelaron los insurgentes. Cabe acotar también que estos jefes políticos tuvieron vigencia durante el Porfiriato, y que eran generalmente los compadres del presidente.

De confirmarse lo anterior, estaríamos dando un salto de involución histórica, constitucional, política, económica y administrativa. Así fueran unos monjes franciscanos por su austeridad, casi “almas con ojos”, por cuanto a honradez y unos genios con cociente intelectual de 180, por cuanto a capacidad, los susodichos coordinadores no serán ni eficientes ni eficaces para desempeñar y/o despachar asuntos de los más distintos temas, desde salud, educación, obras públicas hasta comunicaciones, transportes, turismo, etcétera.

Como si fueran “sabelotodo”. Esos no existen. Lo malo de las ocurrencias y de los caprichos de la voluntad no es que lo sean, sino que se puedan hacer efectivas por quienes detentan el poder absoluto, sin contrapesos. Un brillante político, profesor mío en la universidad me decía que, cuando se tiene poder, hay que tener cuidado con tres cosas: los pendejos, los traidores y los efluvios del poder. Yo le pregunté que cuáles son estos últimos. Él me respondió: los onanismos mentales (claro, con otra palabra que es impublicable aquí). Por la envergadura de los presupuestos que estarán a su disposición, analistas políticos de renombre ya los llaman “los nuevos virreyes”.

El anuncio, por parte de López Obrador, de que a partir de diciembre se cambiará el Convenio de Coordinación Fiscal, mediante el cual la Federación entrega recursos a través de partidas presupuestales a los estados, es una terrible noticia que golpea no solo a la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos (artículos 26, 40, 74, 79, 115, 116, 134, entre otros) sino al mismo sistema federalista y republicano.

El nombrar “Coordinadores Estatales de Programas de Desarrollo” –para que sean ellos los que reciban todos los recursos y programas que el gobierno federal envía a las entidades federativas, dependiendo directamente del presidente y respondiendo sólo ante él, sin ninguna instancia de revisión y transparencia, que viola todo el Título Cuarto de la Constitución- se asemeja a la decimonónica y colonial figura de los “jefes políticos” creada en 1812, por la Constitución de Cádiz (Capítulo II, del Título VI, artículos 324 a 337), donde el Rey de España los designaba como la autoridad al frente del gobierno de las provincias de la Nueva España.

En otras palabras, regresaremos al estadio anterior a la independencia, y contra lo que se rebelaron los insurgentes. Cabe acotar también que estos jefes políticos tuvieron vigencia durante el Porfiriato, y que eran generalmente los compadres del presidente.

De confirmarse lo anterior, estaríamos dando un salto de involución histórica, constitucional, política, económica y administrativa. Así fueran unos monjes franciscanos por su austeridad, casi “almas con ojos”, por cuanto a honradez y unos genios con cociente intelectual de 180, por cuanto a capacidad, los susodichos coordinadores no serán ni eficientes ni eficaces para desempeñar y/o despachar asuntos de los más distintos temas, desde salud, educación, obras públicas hasta comunicaciones, transportes, turismo, etcétera.

Como si fueran “sabelotodo”. Esos no existen. Lo malo de las ocurrencias y de los caprichos de la voluntad no es que lo sean, sino que se puedan hacer efectivas por quienes detentan el poder absoluto, sin contrapesos. Un brillante político, profesor mío en la universidad me decía que, cuando se tiene poder, hay que tener cuidado con tres cosas: los pendejos, los traidores y los efluvios del poder. Yo le pregunté que cuáles son estos últimos. Él me respondió: los onanismos mentales (claro, con otra palabra que es impublicable aquí). Por la envergadura de los presupuestos que estarán a su disposición, analistas políticos de renombre ya los llaman “los nuevos virreyes”.

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