/ viernes 18 de octubre de 2019

Un cuento del viejo dinosaurio

La temporada de lluvias me hizo recordar un cuento de don Francisco Galindo Ochoa -que escribí el 4 de octubre de 2013, en este mismo espacio- y que dado que estamos ante el estancamiento de la economía (cero por ciento de crecimiento) y ante la puerta de la recesión, cae como “anillo al dedo”, porque se titula “Las tormentas y el chipi-chipi”. Va de cuento, (los paréntesis son míos) y cito: “No cabe duda de que cuando nos llueve hasta nos llovizna. En ocasiones nos llueve pura agua. Pero en tales cantidades que nos inundamos o nos ahogamos. Nos recuerda que no siempre tenemos la suficiente previsión para anticiparnos a los eventos o que, aun teniéndola, no tenemos el suficiente (recurso) para implementar lo que necesitamos.

Claro está que la naturaleza también es discriminatoria con los más jodidos… Pero no es eso lo peor sino que, en ocasiones, lo que nos llueve es pura m… Algunas veces en forma de crisis económica y entonces a ‘aguantar vara’ para sobrevivir sin (recursos), sin empleo y hasta sin comida. Estas tormentas económicas…las hemos tenido más o menos cada diez años…Una la llamaron ‘estanflación’ allá por los setentas. En los ochentas la llamaron ‘inflación cabrona’ y ya para los noventas la denominaron ‘el error de diciembre’. Así seguirán inventando nombres exóticos para sus tempestades.

Otras veces la m… nos ha caído en forma de crisis de seguridad y estas son de la chingada. En primer lugar porque imponen temor en la sociedad pero, además, porque ese temor se llega a apoderar de los gobernantes. Quedan en el peor de los ridículos cada vez que expiden nuevas leyes a las que nadie les va a hacer el menor caso. También porque queda en evidencia que al no poder hacer cumplir sus propias leyes caen en lo que se ha llamado la cumbre de la impotencia política.

En ciertos momentos la huracanada de m… nos llega en forma de crisis política y es esa cuando la pendejez se vuelve lugar común en el quehacer de los hombres de Estado. En esos momentos todo puede suceder. El colapso de las instituciones, el derrumbe de los sistemas sociales y la postergación de las generaciones. En fin la m… cuando no nos llueve nos salpica. Pero también la lluvia ha dado para anécdotas curiosas y simpáticas. Se cuenta, por ejemplo, que en cierta ocasión el presidente Adolfo Ruiz Cortines se encontraba de gira por un estado … donde estaba cayendo una llovizna incómoda para el recorrido presidencial. El gobernador, queriendo ser gracioso, le dijo al mandatario que a esa lluvia ellos le llamaban ‘agüita moja-pendejos’. Ruiz Cortines le contestó que en Veracruz (de donde era éste) le llamaban ‘chipi-chipi’ porque allá no había pendejos. Vale”*

*EL ÚLTIMO DINOSAURIO, Francisco Galindo Ochoa, Academia Nacional, México pp. 69-70.

La temporada de lluvias me hizo recordar un cuento de don Francisco Galindo Ochoa -que escribí el 4 de octubre de 2013, en este mismo espacio- y que dado que estamos ante el estancamiento de la economía (cero por ciento de crecimiento) y ante la puerta de la recesión, cae como “anillo al dedo”, porque se titula “Las tormentas y el chipi-chipi”. Va de cuento, (los paréntesis son míos) y cito: “No cabe duda de que cuando nos llueve hasta nos llovizna. En ocasiones nos llueve pura agua. Pero en tales cantidades que nos inundamos o nos ahogamos. Nos recuerda que no siempre tenemos la suficiente previsión para anticiparnos a los eventos o que, aun teniéndola, no tenemos el suficiente (recurso) para implementar lo que necesitamos.

Claro está que la naturaleza también es discriminatoria con los más jodidos… Pero no es eso lo peor sino que, en ocasiones, lo que nos llueve es pura m… Algunas veces en forma de crisis económica y entonces a ‘aguantar vara’ para sobrevivir sin (recursos), sin empleo y hasta sin comida. Estas tormentas económicas…las hemos tenido más o menos cada diez años…Una la llamaron ‘estanflación’ allá por los setentas. En los ochentas la llamaron ‘inflación cabrona’ y ya para los noventas la denominaron ‘el error de diciembre’. Así seguirán inventando nombres exóticos para sus tempestades.

Otras veces la m… nos ha caído en forma de crisis de seguridad y estas son de la chingada. En primer lugar porque imponen temor en la sociedad pero, además, porque ese temor se llega a apoderar de los gobernantes. Quedan en el peor de los ridículos cada vez que expiden nuevas leyes a las que nadie les va a hacer el menor caso. También porque queda en evidencia que al no poder hacer cumplir sus propias leyes caen en lo que se ha llamado la cumbre de la impotencia política.

En ciertos momentos la huracanada de m… nos llega en forma de crisis política y es esa cuando la pendejez se vuelve lugar común en el quehacer de los hombres de Estado. En esos momentos todo puede suceder. El colapso de las instituciones, el derrumbe de los sistemas sociales y la postergación de las generaciones. En fin la m… cuando no nos llueve nos salpica. Pero también la lluvia ha dado para anécdotas curiosas y simpáticas. Se cuenta, por ejemplo, que en cierta ocasión el presidente Adolfo Ruiz Cortines se encontraba de gira por un estado … donde estaba cayendo una llovizna incómoda para el recorrido presidencial. El gobernador, queriendo ser gracioso, le dijo al mandatario que a esa lluvia ellos le llamaban ‘agüita moja-pendejos’. Ruiz Cortines le contestó que en Veracruz (de donde era éste) le llamaban ‘chipi-chipi’ porque allá no había pendejos. Vale”*

*EL ÚLTIMO DINOSAURIO, Francisco Galindo Ochoa, Academia Nacional, México pp. 69-70.

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