/ lunes 26 de abril de 2021

Telefonía e internet: ¿dónde?

Mayo ha sido anunciado por el Gobierno Federal –que lleva convenientemente la información- responsable del Plan Nacional de Vacunación, como el mes para aplicar al Magisterio del país la vacuna contra COVID-19, aunque algunas entidades, como Veracruz, han iniciado ya.

¿quién podría negar el espléndido “regalo” que signifca para el magisterio recibir la protección contra el virus que aún es un riesgo latente para el país y para el mundo? Luego de la vacunación, dice el mismo gobierno federal, una semana posterior deben iniciar las clases presenciales, aunque en Guerrero señala el Mandatario Estatal será luego de que sean vacunadas todas y todos los maestros, esperar que no haya reacciones graves y desinfectar más de once mil escuelas. Claro, además hay que dotarlas de agua y elementos para mantener las medidas sanitarias dentro de las aulas sin que se convierta en una lamentable ola de contagios y, ¡DIOS libre!, de decesos.

Estoy en Tlapa de Comonfort. Es domingo, hace calor. Tengo muchas actividades por realizar y muchas de ellas tienen que ver con la conectividad al INTERNET. Pero este servicio, así como la red de telefonía, están fuera de servicio desde la media noche del sábado, y una leyenda agrega “solo emergencias”. Las primeras ocasiones que esto me sucedía casi entraba en pánico, hasta que, serenándome, me puse a observar como se resolvía en ésta ciudad y en esta región ese problema y cómo el mismo impactaba en la sociedad, es decir, recordé que soy periodista.

Entonces “escuché” a las mujeres decir que sus hijas o hijos tenían que presentar examen y sin conexión no podrían hacerlo. Oía las voces de otras más diciendo que “les pedían un número determinado de asistencia” y que les quitarían derechos a examen, a recibir evaluaciones, a realizar trabajos sino estaban “en la pantalla” como el resto del alumnado. Con las vecinas escucho como lidian con las y los pequeñines para que hagan sus tareas…bueno…que sigan en la página siguiente del libro. Aunque otras mamás intentan ocultar algo que es una realidad: no saben cómo ayudar a sus hijos porque no saben leer ni escribir. Entonces, mejor las ponen a trabajar en el campo y en las actividades domésticas.

Y me decía ¡y yo preocupada hasta la angustia!. Recordé mis clases de meditación, guardé silencio y sí. Esta realidad es desconocida cuando se hacen proyectos desde el escritorio, con luz, con conectividad a internet, con una o dos líneas telefónicas fijas y dos o tres aparatos celulares. Esos y ellas se indignan cuando les cuestionan sobre cómo están llevando educación a las poblaciones rurales, cómo están llevando educación a zonas indígenas. Evidentemente es con el compromiso del Magisterio que está acercándose de manera presencial, sin ser aún vacunado@s, para cumplir con su apostolado, hoy más que nunca.

Por eso tal vez el Gobierno tiene prisa porque regresen a las aulas. Para que no estén “sin hacer nada” y pensando en la mañanera y en la protesta.

Hace calor, pero no se a cuantos grados aunque las vecinas me dicen que “rayamos los 38 grados”. Aquí en la Montaña hay que tener paciencia, que he cultivado, hay que tener compromiso, que he construido con resiliencia, hay que tener ganar de servir. De lo contrario tendríamos que encabezar la protesta para decir que sin telefonía, sin internet, las mentiras se notan más, aunque parezca que no.

Mayo ha sido anunciado por el Gobierno Federal –que lleva convenientemente la información- responsable del Plan Nacional de Vacunación, como el mes para aplicar al Magisterio del país la vacuna contra COVID-19, aunque algunas entidades, como Veracruz, han iniciado ya.

¿quién podría negar el espléndido “regalo” que signifca para el magisterio recibir la protección contra el virus que aún es un riesgo latente para el país y para el mundo? Luego de la vacunación, dice el mismo gobierno federal, una semana posterior deben iniciar las clases presenciales, aunque en Guerrero señala el Mandatario Estatal será luego de que sean vacunadas todas y todos los maestros, esperar que no haya reacciones graves y desinfectar más de once mil escuelas. Claro, además hay que dotarlas de agua y elementos para mantener las medidas sanitarias dentro de las aulas sin que se convierta en una lamentable ola de contagios y, ¡DIOS libre!, de decesos.

Estoy en Tlapa de Comonfort. Es domingo, hace calor. Tengo muchas actividades por realizar y muchas de ellas tienen que ver con la conectividad al INTERNET. Pero este servicio, así como la red de telefonía, están fuera de servicio desde la media noche del sábado, y una leyenda agrega “solo emergencias”. Las primeras ocasiones que esto me sucedía casi entraba en pánico, hasta que, serenándome, me puse a observar como se resolvía en ésta ciudad y en esta región ese problema y cómo el mismo impactaba en la sociedad, es decir, recordé que soy periodista.

Entonces “escuché” a las mujeres decir que sus hijas o hijos tenían que presentar examen y sin conexión no podrían hacerlo. Oía las voces de otras más diciendo que “les pedían un número determinado de asistencia” y que les quitarían derechos a examen, a recibir evaluaciones, a realizar trabajos sino estaban “en la pantalla” como el resto del alumnado. Con las vecinas escucho como lidian con las y los pequeñines para que hagan sus tareas…bueno…que sigan en la página siguiente del libro. Aunque otras mamás intentan ocultar algo que es una realidad: no saben cómo ayudar a sus hijos porque no saben leer ni escribir. Entonces, mejor las ponen a trabajar en el campo y en las actividades domésticas.

Y me decía ¡y yo preocupada hasta la angustia!. Recordé mis clases de meditación, guardé silencio y sí. Esta realidad es desconocida cuando se hacen proyectos desde el escritorio, con luz, con conectividad a internet, con una o dos líneas telefónicas fijas y dos o tres aparatos celulares. Esos y ellas se indignan cuando les cuestionan sobre cómo están llevando educación a las poblaciones rurales, cómo están llevando educación a zonas indígenas. Evidentemente es con el compromiso del Magisterio que está acercándose de manera presencial, sin ser aún vacunado@s, para cumplir con su apostolado, hoy más que nunca.

Por eso tal vez el Gobierno tiene prisa porque regresen a las aulas. Para que no estén “sin hacer nada” y pensando en la mañanera y en la protesta.

Hace calor, pero no se a cuantos grados aunque las vecinas me dicen que “rayamos los 38 grados”. Aquí en la Montaña hay que tener paciencia, que he cultivado, hay que tener compromiso, que he construido con resiliencia, hay que tener ganar de servir. De lo contrario tendríamos que encabezar la protesta para decir que sin telefonía, sin internet, las mentiras se notan más, aunque parezca que no.

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