/ martes 27 de agosto de 2019

Surrealismo Político

El periodismo tuvo en nuestro país un respiro interesante las dos décadas recientes que convirtió en primavera la larga noche del teléfono rojo. El florecimiento de la información se convirtió en una bocanada de aire que permitió a los géneros periodísticos su inclusión en todas las páginas de los medios impresos más influyentes y entraran con buena producción en la radio y la televisión, lo que permitió se diversificara la percepción del movimiento político, que siempre ha dado nota, a partir de la narración de los sucesos con mayor detalle.

Pero los medios no han estado, digamos surrealistamente, sueltos. Los medios no han podido cortar el cordón umbilical que les instalaron en sus oficinas como teléfono rojo. Igual que los instalados en las Secretarías de estado, cuyo sonido se anhela y se teme. Y hay factores que han permitido que sea posible esto. El más importante: el económico.

En México, uno de los cordones están marcados por la propia voluntad del estado, proveedora de papel a los medios impresos para su labor. Los audiovisuales no están ajenos a esa voluntad. Otro más, el sostén y crecimiento de los medios tiene que ver con su situación financiera. Y se da en el necesario intercambio de servicios para hacer que puedan realizar su labor y cumplir con preceptos constitucionales, también én marcados para ambos, subrayados en los artículos sexto y séptimo de nuestra Carta Magna.

¿Quién podía negarse a la instalación de un teléfono rojo?, ¿quién podía negarse a un llamado a las oficinas del poder, o hacia algún punto donde podía darse una plática, digamos, amistosa? La fuerza de los medios no ha disminuido, cambiado sí, pero no ha dejado de ser un tema que cualquier político pase por alto o desdeñe. La prueba está en las estadísticas de vulnerabilidad que exponen y vulnera a los y las periodistas de tal magnitud que nuestro país ha sido comparado en riesgo para esta labor con países como Irán que tiene distancia de su nivel social y político con el nuestro pero que el riesgo para ambos, se dice, es semejante.

Políticos como el ex Gobernador José Francisco Ruíz Massieu permitieron formas distintas del tratamiento a medios de los que decía había que estudiarlos y encumbró a algunos a cargos de representación popular a fin de hacerlos co responsables del quehacer político.

Los esperados cambios políticos para una transformación de la sociedad que los propios medios impulsaron a partir de la denuncia de aquello que la había limitado y hasta corrompido, no les llevó a un cambio de las formas o tratamientos. Un periodista puede ser sustituible o hasta negociable si su presencia por su trabajo no es cómoda al poder. Y esto no es otra cosa que una forma de sometimiento de la opinión.

Oficialmente no habrá nada. La historia se levanta en el día a día y se revisa en la serenidad del tiempo. El periodismo con su utilidad social tiene un papel importante, pero también es estudiado y a veces el rigor de su trabajo lo aleja, pero no deja de ser visto como un acto de presión. Quizá la línea no se ya alámbrica, quizá cambie de siglas el poder, pero todo indica no cambia su deseo de mantener los hilos que amarran un cordón que tíene limite y color: rojo. ¿surrealismo?

El periodismo tuvo en nuestro país un respiro interesante las dos décadas recientes que convirtió en primavera la larga noche del teléfono rojo. El florecimiento de la información se convirtió en una bocanada de aire que permitió a los géneros periodísticos su inclusión en todas las páginas de los medios impresos más influyentes y entraran con buena producción en la radio y la televisión, lo que permitió se diversificara la percepción del movimiento político, que siempre ha dado nota, a partir de la narración de los sucesos con mayor detalle.

Pero los medios no han estado, digamos surrealistamente, sueltos. Los medios no han podido cortar el cordón umbilical que les instalaron en sus oficinas como teléfono rojo. Igual que los instalados en las Secretarías de estado, cuyo sonido se anhela y se teme. Y hay factores que han permitido que sea posible esto. El más importante: el económico.

En México, uno de los cordones están marcados por la propia voluntad del estado, proveedora de papel a los medios impresos para su labor. Los audiovisuales no están ajenos a esa voluntad. Otro más, el sostén y crecimiento de los medios tiene que ver con su situación financiera. Y se da en el necesario intercambio de servicios para hacer que puedan realizar su labor y cumplir con preceptos constitucionales, también én marcados para ambos, subrayados en los artículos sexto y séptimo de nuestra Carta Magna.

¿Quién podía negarse a la instalación de un teléfono rojo?, ¿quién podía negarse a un llamado a las oficinas del poder, o hacia algún punto donde podía darse una plática, digamos, amistosa? La fuerza de los medios no ha disminuido, cambiado sí, pero no ha dejado de ser un tema que cualquier político pase por alto o desdeñe. La prueba está en las estadísticas de vulnerabilidad que exponen y vulnera a los y las periodistas de tal magnitud que nuestro país ha sido comparado en riesgo para esta labor con países como Irán que tiene distancia de su nivel social y político con el nuestro pero que el riesgo para ambos, se dice, es semejante.

Políticos como el ex Gobernador José Francisco Ruíz Massieu permitieron formas distintas del tratamiento a medios de los que decía había que estudiarlos y encumbró a algunos a cargos de representación popular a fin de hacerlos co responsables del quehacer político.

Los esperados cambios políticos para una transformación de la sociedad que los propios medios impulsaron a partir de la denuncia de aquello que la había limitado y hasta corrompido, no les llevó a un cambio de las formas o tratamientos. Un periodista puede ser sustituible o hasta negociable si su presencia por su trabajo no es cómoda al poder. Y esto no es otra cosa que una forma de sometimiento de la opinión.

Oficialmente no habrá nada. La historia se levanta en el día a día y se revisa en la serenidad del tiempo. El periodismo con su utilidad social tiene un papel importante, pero también es estudiado y a veces el rigor de su trabajo lo aleja, pero no deja de ser visto como un acto de presión. Quizá la línea no se ya alámbrica, quizá cambie de siglas el poder, pero todo indica no cambia su deseo de mantener los hilos que amarran un cordón que tíene limite y color: rojo. ¿surrealismo?

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