/ jueves 10 de diciembre de 2020

Sin cargo de culpa 

El culto a la personalidad hacia el presidente de México es un síntoma delicado de fanatismo irracional, inercial, interpretado por el gobierno federal como un aval generalizado de la sociedad a la Cuarta Transformación.

Siete de cada 10 mexicanos, según datos del primer mandatario y líder moral de Morena, respaldan su labor en estos dos años de gobierno. Encuestas de consultoras y medios de comunicación no son tan benevolentes, pero tampoco marcan una tendencia de desaprobación contundente hacia la actual administración.

Para Andrés Manuel López Obrador, ese 70 por ciento de apoyo social que dice tener es suficiente para no modificar sus políticas públicas, incluyendo la sanitaria ante la pandemia del Covid-19, y fue incrustado en su segundo informe de gobierno como el dato duro a exaltar. También, por supuesto, se ufanó de haber cumplido 97 de los 100 compromisos que ofreció como candidato y expuso que sus únicos tres pendientes son Ayotzinapa, la descentralización de las dependencias federales y arraigar las energías renovables.

En esa enumeración de amplios "logros" tan hilarante como absurda, olvidó mencionar entre sus reducidos fracasos que tampoco ha apuntalado el crecimiento económico prometido de 4 por ciento anual; por el contrario, la caída de la economía con respecto a 2019, hasta el tercer trimestre de este año, era de -8.6 por ciento y 2020 aún no concluye.

Trazó también como compromiso un panorama halagador en materia de empleo, pero en lo que va de este año se han cerrado más de 4 millones 100 mil espacios laborales y al menos un millón de micro, pequeñas y medianas empresas han bajado sus cortinas de manera definitiva. De esto, en palabras de López Obrador, el único responsable es el Covid-19 y no puede, por tanto, interpretarse como un fracaso de su administración.

El presidente omitió otro compromiso pendiente, cuya manifestación es más cruda con respecto al sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, que es su referente sobre políticas fallidas en la materia: la seguridad. De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Seguridad Pública federal, este año concluirá con más de 40 mil homicidios dolosos, el índice más alto de los últimos 20 años, y otros delitos registran una tendencia al alza, como la extorsión, que aumentó un 21 por ciento, y los feminicidios un 8.9 por ciento. Si esto ocurrió durante 2019 y 2020, cuando ya gobernaba, ¿a quién se le puede achacar la responsabilidad sobre la ineficacia de las acciones para contener estos y otros delitos?

Horas después de haber sido declarado ganador en aquella elección presidencial de 2018, López Obrador convocó a zanjar diferencias políticas y consolidar la unidad nacional. Durante estos dos primeros años de su mandato, sin embargo, ha promovido lo contrario. La sociedad está dividida entre quienes defienden con férrea intransigencia los dictados de la 4T y sus detractores, denominados por él mismo como conservadores, intelectuales orgánicos, fifís, neoliberales...

México es hoy un país polarizado, con una población en pobreza cuyas condiciones de vida no han mejorado mediante las becas, programas sociales o apoyos asistencialistas federales porque su eficacia no radica precisamente en un beneficio social, sino en su rentabilidad electoral para consolidar un proyecto político.

El sistema de salud mexicano tampoco se asemeja al de Dinamarca, Reino Unido o Canadá, como prometió que ocurriría el presidente a partir del pasado 1° de enero, cuando se sentarían también las bases de la 4T, y la relación del gobierno federal con la iniciativa privada pende de un hilo muy delgado que se deshebró con la salida de Alfonso Romo de la Oficina de la Presidencia.

La astucia del presidente y sus “otros datos” le han permitido vacunarse de toda responsabilidad sobre lo adverso que ocurre en México, pero el espejismo advierte con esfumarse cuando se manifiesten, a partir del próximo año, los efectos económicos advertidos por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y agencias calificadoras ante el mal manejo de la crisis sanitaria y la fuga de inversiones desde antes de la pandemia.

Pedro Kuri Pheres en Faccebook

@pedrokuripheres en Twitter

acapulco.ok@gmail.com


El culto a la personalidad hacia el presidente de México es un síntoma delicado de fanatismo irracional, inercial, interpretado por el gobierno federal como un aval generalizado de la sociedad a la Cuarta Transformación.

Siete de cada 10 mexicanos, según datos del primer mandatario y líder moral de Morena, respaldan su labor en estos dos años de gobierno. Encuestas de consultoras y medios de comunicación no son tan benevolentes, pero tampoco marcan una tendencia de desaprobación contundente hacia la actual administración.

Para Andrés Manuel López Obrador, ese 70 por ciento de apoyo social que dice tener es suficiente para no modificar sus políticas públicas, incluyendo la sanitaria ante la pandemia del Covid-19, y fue incrustado en su segundo informe de gobierno como el dato duro a exaltar. También, por supuesto, se ufanó de haber cumplido 97 de los 100 compromisos que ofreció como candidato y expuso que sus únicos tres pendientes son Ayotzinapa, la descentralización de las dependencias federales y arraigar las energías renovables.

En esa enumeración de amplios "logros" tan hilarante como absurda, olvidó mencionar entre sus reducidos fracasos que tampoco ha apuntalado el crecimiento económico prometido de 4 por ciento anual; por el contrario, la caída de la economía con respecto a 2019, hasta el tercer trimestre de este año, era de -8.6 por ciento y 2020 aún no concluye.

Trazó también como compromiso un panorama halagador en materia de empleo, pero en lo que va de este año se han cerrado más de 4 millones 100 mil espacios laborales y al menos un millón de micro, pequeñas y medianas empresas han bajado sus cortinas de manera definitiva. De esto, en palabras de López Obrador, el único responsable es el Covid-19 y no puede, por tanto, interpretarse como un fracaso de su administración.

El presidente omitió otro compromiso pendiente, cuya manifestación es más cruda con respecto al sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, que es su referente sobre políticas fallidas en la materia: la seguridad. De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Seguridad Pública federal, este año concluirá con más de 40 mil homicidios dolosos, el índice más alto de los últimos 20 años, y otros delitos registran una tendencia al alza, como la extorsión, que aumentó un 21 por ciento, y los feminicidios un 8.9 por ciento. Si esto ocurrió durante 2019 y 2020, cuando ya gobernaba, ¿a quién se le puede achacar la responsabilidad sobre la ineficacia de las acciones para contener estos y otros delitos?

Horas después de haber sido declarado ganador en aquella elección presidencial de 2018, López Obrador convocó a zanjar diferencias políticas y consolidar la unidad nacional. Durante estos dos primeros años de su mandato, sin embargo, ha promovido lo contrario. La sociedad está dividida entre quienes defienden con férrea intransigencia los dictados de la 4T y sus detractores, denominados por él mismo como conservadores, intelectuales orgánicos, fifís, neoliberales...

México es hoy un país polarizado, con una población en pobreza cuyas condiciones de vida no han mejorado mediante las becas, programas sociales o apoyos asistencialistas federales porque su eficacia no radica precisamente en un beneficio social, sino en su rentabilidad electoral para consolidar un proyecto político.

El sistema de salud mexicano tampoco se asemeja al de Dinamarca, Reino Unido o Canadá, como prometió que ocurriría el presidente a partir del pasado 1° de enero, cuando se sentarían también las bases de la 4T, y la relación del gobierno federal con la iniciativa privada pende de un hilo muy delgado que se deshebró con la salida de Alfonso Romo de la Oficina de la Presidencia.

La astucia del presidente y sus “otros datos” le han permitido vacunarse de toda responsabilidad sobre lo adverso que ocurre en México, pero el espejismo advierte con esfumarse cuando se manifiesten, a partir del próximo año, los efectos económicos advertidos por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y agencias calificadoras ante el mal manejo de la crisis sanitaria y la fuga de inversiones desde antes de la pandemia.

Pedro Kuri Pheres en Faccebook

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