/ viernes 14 de junio de 2024

Realpolitik | Lo bueno y lo malo del resultado electoral presidencial

El resultado electoral de la Presidencia de la República que dio por ganadora a la postulada por el partido Morena, Claudia Sheinbaum Pardo, pudo ser tomado como una buena noticia para algunos votantes y mala para otros. Sin embargo, lo negativo y lo positivo de esta continuidad partidista puede medirse en términos generales por otros aspectos que tienen que ver con la gobernanza y el ejercicio del poder gubernamental.

No obstante, es necesario puntualizar que la continuidad de Morena en otro sexenio, es similar a la que tuvo el Partido Acción Nacional (PAN) que refrendó el triunfo del 2000 en el 2006, y el espacio entre ambas alternancias del Partido Revolucionario Institucional (PRI) con Enrique Peña Nieto en lo que significó la segunda alternancia y la tercera que fue el acceso de Morena. Las alternancias son el cambio de partido en el titular de un poder.

Pues bien, en medio de la polarización política entre la población mexicana que se expandió en este sexenio en la lógica de quienes apoyan a Andrés Manuel López Obrador y quienes no están de acuerdo, y a partir de estas posiciones es que se marcaron etiquetas políticas, debates y estigmatizaciones. Es en este contexto es que se van a anotar algunas circunstancias que ocurrieron dentro de este periodo gubernamental.

Lo primero: Ya no se tendrá el pretexto de culpar a los gobiernos anteriores, para justificar la falta de solución de los problemas. Esto que fue la excusa recurrente durante los casi seis años de gobierno.

Lo segundo: El nuevo gobierno tendrá la mayoría legislativa para realizar los cambios constitucionales que requiera, entre ellos el de mayor envergadura, como es el de la selección del Poder Judicial.

Resumiendo: Morena tendrá los Poderes Ejecutivo y Legislativo en sus manos para hacerse del otro Poder, el Judicial; de tal manera que no habrá contrapesos ni freno alguno de lo que tanto se han quejado.

El único contrapeso que Sheinbaum pudiese tener sería la obstinación de López Obrador para dejar de ser protagónico y no la deje gobernar, es decir que el todavía presidente se convierta en el Jefe Máximo, como se conoció a Plutarco Elías Calles, quien controló a tres presidentes de México, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez. Porque todo parece indicar que la gira que ha planeado López Obrador para despedirse y a la que ha invitado a la presidenta electa es para mostrarle su popularidad, la de él y no la de ella; para recordarle a quién le debe la presidencia, por lo tanto, es recordarle quién es el que tiene el poder de facto.

¿Qué tanta capacidad tendrá Sheinbaum para romper con esa férula en el tiempo que le corresponda gobernar? La respuesta será conocida después de que tome las riendas. Pero de que llegará bien acotada por las decisiones y nombramientos que está otorgando por los compromisos del actual presidente no hay duda. Porque la agenda del próximo gobierno, la está marcando el presidente saliente. Es el ocaso presidencial de López Obrador pero se aferra a continuar marcando la agenda.

De tal manera que el resultado de la elección presidencial tiene sus aspectos malos y buenos. Lo malo es que arrasaron y ganaron todo, pero lo bueno de todo eso es que no tendrán ningún tipo de pretexto para justificarse por fallas o argüir excusas, ni del pasado ni de bloques que los entorpecen y obstaculizan.

El resultado electoral de la Presidencia de la República que dio por ganadora a la postulada por el partido Morena, Claudia Sheinbaum Pardo, pudo ser tomado como una buena noticia para algunos votantes y mala para otros. Sin embargo, lo negativo y lo positivo de esta continuidad partidista puede medirse en términos generales por otros aspectos que tienen que ver con la gobernanza y el ejercicio del poder gubernamental.

No obstante, es necesario puntualizar que la continuidad de Morena en otro sexenio, es similar a la que tuvo el Partido Acción Nacional (PAN) que refrendó el triunfo del 2000 en el 2006, y el espacio entre ambas alternancias del Partido Revolucionario Institucional (PRI) con Enrique Peña Nieto en lo que significó la segunda alternancia y la tercera que fue el acceso de Morena. Las alternancias son el cambio de partido en el titular de un poder.

Pues bien, en medio de la polarización política entre la población mexicana que se expandió en este sexenio en la lógica de quienes apoyan a Andrés Manuel López Obrador y quienes no están de acuerdo, y a partir de estas posiciones es que se marcaron etiquetas políticas, debates y estigmatizaciones. Es en este contexto es que se van a anotar algunas circunstancias que ocurrieron dentro de este periodo gubernamental.

Lo primero: Ya no se tendrá el pretexto de culpar a los gobiernos anteriores, para justificar la falta de solución de los problemas. Esto que fue la excusa recurrente durante los casi seis años de gobierno.

Lo segundo: El nuevo gobierno tendrá la mayoría legislativa para realizar los cambios constitucionales que requiera, entre ellos el de mayor envergadura, como es el de la selección del Poder Judicial.

Resumiendo: Morena tendrá los Poderes Ejecutivo y Legislativo en sus manos para hacerse del otro Poder, el Judicial; de tal manera que no habrá contrapesos ni freno alguno de lo que tanto se han quejado.

El único contrapeso que Sheinbaum pudiese tener sería la obstinación de López Obrador para dejar de ser protagónico y no la deje gobernar, es decir que el todavía presidente se convierta en el Jefe Máximo, como se conoció a Plutarco Elías Calles, quien controló a tres presidentes de México, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez. Porque todo parece indicar que la gira que ha planeado López Obrador para despedirse y a la que ha invitado a la presidenta electa es para mostrarle su popularidad, la de él y no la de ella; para recordarle a quién le debe la presidencia, por lo tanto, es recordarle quién es el que tiene el poder de facto.

¿Qué tanta capacidad tendrá Sheinbaum para romper con esa férula en el tiempo que le corresponda gobernar? La respuesta será conocida después de que tome las riendas. Pero de que llegará bien acotada por las decisiones y nombramientos que está otorgando por los compromisos del actual presidente no hay duda. Porque la agenda del próximo gobierno, la está marcando el presidente saliente. Es el ocaso presidencial de López Obrador pero se aferra a continuar marcando la agenda.

De tal manera que el resultado de la elección presidencial tiene sus aspectos malos y buenos. Lo malo es que arrasaron y ganaron todo, pero lo bueno de todo eso es que no tendrán ningún tipo de pretexto para justificarse por fallas o argüir excusas, ni del pasado ni de bloques que los entorpecen y obstaculizan.