/ jueves 29 de octubre de 2020

Política mexicana

En la política mexicana, lamento decirles que, para ganar, no importa la ciencia ni la mercadotecnia, ni los movilizadores ni operadores, ni los consultores ni asesores, ni la publicidad ni los medios. Sabemos que surgen por espontaneidad y miles de puestos son ocupados por mediocres. En países de Europa o Asia, la mayoría no quiere ser una autoridad del gobierno, por el simple hecho de que devengan un salario módico, habitan en viviendas de asistencia social, no tienen dietas económicas, no gestionan recursos públicos y no administran cuentas a discreción del erario. Lo mejor de todo, es que no se perpetúan por períodos decenales en el poder. Suecia o Japón, ejemplos.

Con mucho gusto les digo que debe ser la empatía y la cortesía lo que empodere a un político mexicano. Sobre todo, que valga más su palabra, que paguen sus compromisos y finiquiten los adeudo contraídos. Hay charlatanes y faroleros que, desde jóvenes, ayudados por rancios en esas prácticas nefastas, pretenden obtener un crédito de bajo, mediano o alto rango en el Supremo Poder de la Unión.

Pocos batean un home run, meten un gol olímpico, encestan 3 puntos o llegan a la meta después del maratón. Con un buen augurio en el campo de juego, quizá podrán embocar la pelota en un HOYO EN UNO, para ir a festejar en el HOYO 19.

La política mexicana es una amalgama de suerte y trabajo, algo parecido a una serendipia. El actor que tiene el rol protagónico entiende que su mente es ganar, quienes lo rodean, la mayoría, quieren lo mismo. En nuestro país está deformado el plan para servir a la ciudadanía. Las ganancias son exorbitantes para cada representante del pueblo, quieren ganar dinero fácil y rápido y sin estudios académicos. Ingresan a la urna a través de una boleta electoral para un puesto de elección popular. Nos roban la confianza y un poco más. Así es México, así ha sido por generaciones.

Estamos viviendo el siglo pasado a cuestas y haciendo un siglo con toda carencia. La facultad para entender el porqué de la pobreza y el desabasto alimentario, reside en diseñar una gobernanza sostenible. Proyectar una política pública, una política ambiental, una política económica y así sucesivamente, para reeducar a la niñez, a los jóvenes y a los adultos de nuestra nación.

No debemos delegar a los políticos la fuerza de una sociedad, no necesitamos tanto político, la flaqueza de una nación es creer en la ideología de un individuo y así es la política mexicana.

En la política mexicana, lamento decirles que, para ganar, no importa la ciencia ni la mercadotecnia, ni los movilizadores ni operadores, ni los consultores ni asesores, ni la publicidad ni los medios. Sabemos que surgen por espontaneidad y miles de puestos son ocupados por mediocres. En países de Europa o Asia, la mayoría no quiere ser una autoridad del gobierno, por el simple hecho de que devengan un salario módico, habitan en viviendas de asistencia social, no tienen dietas económicas, no gestionan recursos públicos y no administran cuentas a discreción del erario. Lo mejor de todo, es que no se perpetúan por períodos decenales en el poder. Suecia o Japón, ejemplos.

Con mucho gusto les digo que debe ser la empatía y la cortesía lo que empodere a un político mexicano. Sobre todo, que valga más su palabra, que paguen sus compromisos y finiquiten los adeudo contraídos. Hay charlatanes y faroleros que, desde jóvenes, ayudados por rancios en esas prácticas nefastas, pretenden obtener un crédito de bajo, mediano o alto rango en el Supremo Poder de la Unión.

Pocos batean un home run, meten un gol olímpico, encestan 3 puntos o llegan a la meta después del maratón. Con un buen augurio en el campo de juego, quizá podrán embocar la pelota en un HOYO EN UNO, para ir a festejar en el HOYO 19.

La política mexicana es una amalgama de suerte y trabajo, algo parecido a una serendipia. El actor que tiene el rol protagónico entiende que su mente es ganar, quienes lo rodean, la mayoría, quieren lo mismo. En nuestro país está deformado el plan para servir a la ciudadanía. Las ganancias son exorbitantes para cada representante del pueblo, quieren ganar dinero fácil y rápido y sin estudios académicos. Ingresan a la urna a través de una boleta electoral para un puesto de elección popular. Nos roban la confianza y un poco más. Así es México, así ha sido por generaciones.

Estamos viviendo el siglo pasado a cuestas y haciendo un siglo con toda carencia. La facultad para entender el porqué de la pobreza y el desabasto alimentario, reside en diseñar una gobernanza sostenible. Proyectar una política pública, una política ambiental, una política económica y así sucesivamente, para reeducar a la niñez, a los jóvenes y a los adultos de nuestra nación.

No debemos delegar a los políticos la fuerza de una sociedad, no necesitamos tanto político, la flaqueza de una nación es creer en la ideología de un individuo y así es la política mexicana.

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