/ domingo 13 de diciembre de 2020

Outsourcing a mediación

Cierto es que hay muchas malas prácticas con este modelo de subcontratación que idearon los empresarios para eludir impuestos y otras prácticas de manera solapada por la ley, así como verdaderos delitos de lavado de dinero que se hace por “algunos” de estos negocios llamados pomposamente outsourcing, que no es más que la contratación de una empresa externa con el objeto de que se hagan cargo de parte de su actividad o producción.

Esto a simple vista sería una buena práctica que genera empleo y riqueza y por consiguiente reactiva la economía. Sin embargo, los empresarios, asesorados por contadores y abogados le torcieron la letra a la ley y le dieron otra interpretación.

En lugar que la empresa contratada (outsourcing) sea la que suministre los trabajadores, son los empresarios quienes quienes lo hacen de forma amañada, utilizando los servicios del outsourcing para que aparezcan como sus empleados y deslindarse de cualquier reclamo laboral en el futuro.

En tanto, el outsourcing cuenta con varias empresas de subcontratación y va rotando constantemente a los empleados para que tampoco generen derechos de antigüedad.

Los salarios que se manejan son siempre mínimos o un poco más, pero nunca los reales que se pagan y con esto se genera incertidumbre laboral en un reclamo a futuro.

No omito decir que todo esto es peleable en los juzgados del trabajo, pero es motivo de juicios largos y con la nueva reforma solo se puede reclamar lo de un año atrás.

Con estas prácticas se daña los derechos de los trabajadores a una escasa pensión económica en caso de retiro en el futuro ya que sus cotizaciones al IMSS son mínimas.

Claro que el empleado muchas veces lo acepta porque encubiertamente gana más de lo que se declara generando evasión fiscal al no declarar lo que verdaderamente gana y por ende el estado deja de percibir lo que por derecho le corresponde.

En, pero, este modelo tan criticado en los hechos y derecho es un aliciente para que los empresarios contraten personal ya que la carga tributaria es muy pesada para sus intereses. En otras palabras, tanto empresarios, trabajadores como gobierno se necesitan para poder generar empleos y reactivar la economía tan alicaída en estos tiempos.

No es el momento de hacer grandes cambios en este modelo que solo ahuyentaría la inversión privada y hasta la salida masiva de los grandes capitales. No se trata de pelearse con los empresarios sino de que se medie entre los intereses de las partes.

Se deben tratar estos actos como elusión y no evasión fiscal y mucho menos darle el carácter de delincuencia organizada a los empresarios. Se debe buscar fórmulas que medien, como el que solo una parte del personal de una empresa pueda ser subcontratada. Que los empleados de actividades de jefaturas, direcciones, gerenciales o directivas tengan salarios reales de acuerdo al puesto. El lavado de dinero tiene otras formas de investigarse, ya que lo más fácil de seguir es la huella del dinero. Así las cosas; puede cohabitar el outsourcing con la ley siempre y cuando ambas partes cedan en sus posturas.

Cierto es que hay muchas malas prácticas con este modelo de subcontratación que idearon los empresarios para eludir impuestos y otras prácticas de manera solapada por la ley, así como verdaderos delitos de lavado de dinero que se hace por “algunos” de estos negocios llamados pomposamente outsourcing, que no es más que la contratación de una empresa externa con el objeto de que se hagan cargo de parte de su actividad o producción.

Esto a simple vista sería una buena práctica que genera empleo y riqueza y por consiguiente reactiva la economía. Sin embargo, los empresarios, asesorados por contadores y abogados le torcieron la letra a la ley y le dieron otra interpretación.

En lugar que la empresa contratada (outsourcing) sea la que suministre los trabajadores, son los empresarios quienes quienes lo hacen de forma amañada, utilizando los servicios del outsourcing para que aparezcan como sus empleados y deslindarse de cualquier reclamo laboral en el futuro.

En tanto, el outsourcing cuenta con varias empresas de subcontratación y va rotando constantemente a los empleados para que tampoco generen derechos de antigüedad.

Los salarios que se manejan son siempre mínimos o un poco más, pero nunca los reales que se pagan y con esto se genera incertidumbre laboral en un reclamo a futuro.

No omito decir que todo esto es peleable en los juzgados del trabajo, pero es motivo de juicios largos y con la nueva reforma solo se puede reclamar lo de un año atrás.

Con estas prácticas se daña los derechos de los trabajadores a una escasa pensión económica en caso de retiro en el futuro ya que sus cotizaciones al IMSS son mínimas.

Claro que el empleado muchas veces lo acepta porque encubiertamente gana más de lo que se declara generando evasión fiscal al no declarar lo que verdaderamente gana y por ende el estado deja de percibir lo que por derecho le corresponde.

En, pero, este modelo tan criticado en los hechos y derecho es un aliciente para que los empresarios contraten personal ya que la carga tributaria es muy pesada para sus intereses. En otras palabras, tanto empresarios, trabajadores como gobierno se necesitan para poder generar empleos y reactivar la economía tan alicaída en estos tiempos.

No es el momento de hacer grandes cambios en este modelo que solo ahuyentaría la inversión privada y hasta la salida masiva de los grandes capitales. No se trata de pelearse con los empresarios sino de que se medie entre los intereses de las partes.

Se deben tratar estos actos como elusión y no evasión fiscal y mucho menos darle el carácter de delincuencia organizada a los empresarios. Se debe buscar fórmulas que medien, como el que solo una parte del personal de una empresa pueda ser subcontratada. Que los empleados de actividades de jefaturas, direcciones, gerenciales o directivas tengan salarios reales de acuerdo al puesto. El lavado de dinero tiene otras formas de investigarse, ya que lo más fácil de seguir es la huella del dinero. Así las cosas; puede cohabitar el outsourcing con la ley siempre y cuando ambas partes cedan en sus posturas.