/ lunes 28 de diciembre de 2020

Nuevas palabras 2020

Mi Madre sonríe. Mira a su alrededor y dice “gracias a DIOS que estamos vivos”. Camina y a pesar de que se acerca a los 80 años, su paso es ágil, aunque hay molestias en su cuerpo. En el primer mes del confinamiento tuvo dos crisis de ansiedad. La mujer que en sus años mozos solía correr a campo abierto su caballo acompañada de mi Padre, tirarse clavados, acompañar en la guitarra, el canto en la voz bien timbrada de mi Padre, no resistió y sintió morir y cayó en cama. De espíritu indómito se levantó y volvieron los regaños y la conminación a realizar bien las cosas. No es romántica, es práctica y nos dijo que así había que enfrentar el 2020, por ello, había que revisar la lección que nos dejaba el año.

Cada año hay que buscar que palabras lo definieron en nosotras/os. El amor, el acompañamiento, la risa, la alegría. Tal vez los sueños. La proyección de los objetivos. Las metas, los alcances y circunstancias. O tal vez el dolor que ha marcado los años y con tristeza, cuando se mencionan, toca el corazón donde habita su presencia y el dolor se vuelve agudo ante el recuerdo.

Pero el 2020 nos ha marcado como sociedad y nos ha dejado una herencia colectiva de palabras. Cada cual indica un episodio del doloroso paso de un año bisiesto que nos marcó de distintas formas y que nos dejó lecciones diversas. Aislamiento. Tristeza. Ausencia. Cubrebocas. Sana Distancia, Intubado. Vacuna. Covid-19. Crisis. Muerte. Incertidumbre. Hospital. Miedo. Soledad. Confinamiento.

Pero también nos ha dejado: Hogares con violencia. Negocios cerrados. Aprendizaje a distancia. Espacios donde las mujeres han tenido que enfrentar el más difícil escenario de fortaleza y lucha ante la indiferencia de gobiernos. Sueños de titulación en ventanilla o en solitario escenario. Bodas pospuestas. Celebraciones con cambios. Encuentros familiares reducidos. Encuentros sociales en pequeño grupo.

Encomendarse en la mañana por la protección y hacer un recuento al caer la tarde por los que partieron. Una oración por el número de cifras de contagios para que superen la prueba, por los que partieron y sin acompañamiento recorrerán el camino final, por personal de salud expuesto. Por palabras y acciones violentas desde el poder. Por la descalificación. Y enfrentar el día con incertidumbre y la noche con miedo no nos ha permitido admirar la belleza del manto y sus estrellas o la conjunción Júpiter -Saturno.

Que difícil año ha sido este 2020. Las nuevas y más usadas palabras parecen se quedarán y acompañarán las acciones del día a día en una búsqueda individual y social de sobrevivir.

Mientras transcurren los últimos días de 2020 mi Madre sigue en movimiento. No estamos todas/os. Y en los silencios que hace Mamá Esperanza, casi percibimos los nombres de los que están a distancia, y de los que han partido. “Tengan fortaleza” nos dice, “sin ella no saldrán adelante como no lo harán si se dejan de la mano de DIOS.”, agrega.

Muchas gracias por acompañarme este 2020. Quiera DIOS que en su registro haya espacio para que el 2021 nos ayude a crecer hermanados y estar en paz, por si nos toca partir. Abrazo fraterno y sororo.

Mi Madre sonríe. Mira a su alrededor y dice “gracias a DIOS que estamos vivos”. Camina y a pesar de que se acerca a los 80 años, su paso es ágil, aunque hay molestias en su cuerpo. En el primer mes del confinamiento tuvo dos crisis de ansiedad. La mujer que en sus años mozos solía correr a campo abierto su caballo acompañada de mi Padre, tirarse clavados, acompañar en la guitarra, el canto en la voz bien timbrada de mi Padre, no resistió y sintió morir y cayó en cama. De espíritu indómito se levantó y volvieron los regaños y la conminación a realizar bien las cosas. No es romántica, es práctica y nos dijo que así había que enfrentar el 2020, por ello, había que revisar la lección que nos dejaba el año.

Cada año hay que buscar que palabras lo definieron en nosotras/os. El amor, el acompañamiento, la risa, la alegría. Tal vez los sueños. La proyección de los objetivos. Las metas, los alcances y circunstancias. O tal vez el dolor que ha marcado los años y con tristeza, cuando se mencionan, toca el corazón donde habita su presencia y el dolor se vuelve agudo ante el recuerdo.

Pero el 2020 nos ha marcado como sociedad y nos ha dejado una herencia colectiva de palabras. Cada cual indica un episodio del doloroso paso de un año bisiesto que nos marcó de distintas formas y que nos dejó lecciones diversas. Aislamiento. Tristeza. Ausencia. Cubrebocas. Sana Distancia, Intubado. Vacuna. Covid-19. Crisis. Muerte. Incertidumbre. Hospital. Miedo. Soledad. Confinamiento.

Pero también nos ha dejado: Hogares con violencia. Negocios cerrados. Aprendizaje a distancia. Espacios donde las mujeres han tenido que enfrentar el más difícil escenario de fortaleza y lucha ante la indiferencia de gobiernos. Sueños de titulación en ventanilla o en solitario escenario. Bodas pospuestas. Celebraciones con cambios. Encuentros familiares reducidos. Encuentros sociales en pequeño grupo.

Encomendarse en la mañana por la protección y hacer un recuento al caer la tarde por los que partieron. Una oración por el número de cifras de contagios para que superen la prueba, por los que partieron y sin acompañamiento recorrerán el camino final, por personal de salud expuesto. Por palabras y acciones violentas desde el poder. Por la descalificación. Y enfrentar el día con incertidumbre y la noche con miedo no nos ha permitido admirar la belleza del manto y sus estrellas o la conjunción Júpiter -Saturno.

Que difícil año ha sido este 2020. Las nuevas y más usadas palabras parecen se quedarán y acompañarán las acciones del día a día en una búsqueda individual y social de sobrevivir.

Mientras transcurren los últimos días de 2020 mi Madre sigue en movimiento. No estamos todas/os. Y en los silencios que hace Mamá Esperanza, casi percibimos los nombres de los que están a distancia, y de los que han partido. “Tengan fortaleza” nos dice, “sin ella no saldrán adelante como no lo harán si se dejan de la mano de DIOS.”, agrega.

Muchas gracias por acompañarme este 2020. Quiera DIOS que en su registro haya espacio para que el 2021 nos ayude a crecer hermanados y estar en paz, por si nos toca partir. Abrazo fraterno y sororo.

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