/ domingo 13 de septiembre de 2020

Mujeres: revolución violeta

La toma del edificio de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la convocatoria a las mujeres para que se haga lo mismo en las representaciones de estos espacios en todo el país, es un indicativo de la crisis que vive el país en la materia. Pero este no es un hecho aislado. Es una consecuencia.

Nuestro país tiene significativas marchas que se han convertido en el referente de la forma en que distintos gobiernos han afectado la justicia social. A la de 1968 con la matanza de Tlatelolco, le sucede el de 1971 con el Halconazo; o las más recientes que también levantaron indignación y se sumaron para demandar justicia en apoyo a Padres y Madres de Familia de los Estudiantes Normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala y que cumplirá este 26-27 de septiembre 6 años. Y hay otra más. El Paro Nacional para visibilizarnos el 9 de marzo del año en curso, la marcha violeta.

La construcción de la sociedad no se puede hacer sin las mujeres. Y no se puede hacer sin justicia. Las marchas de las mujeres en la ciudad de México y la reacción desde Palacio Nacional son indicativas de discursos distintos. Mientras unas demandan justicia, la respuesta ha sido a no lastimar las puertas de Palacio Nacional, o las obras de arte, que ha polarizado el tema de la violencia de género.

Las mujeres que están apostadas en el edificio de Cuba 60, sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y ahora convertida en Refugio, son víctimas, no políticas, y se constituirán en las emblemáticas que luchan por la paz y la seguridad, que claman por que el respeto a las mujeres y las niñas no sea vulnerado. Que el maltrato y el feminicidio sean castigados. Y que se impulse una política de atención integral hasta que se convierta en cultura de respeto en la sociedad.

No se puede ver la toma del edificio de la CNDH como una acción aislada, ni descalificarla en el contexto de la política y la elección 20/21. Solo había que recordar la marcha del 25 de noviembre de 2019 en el contexto del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres las consignas clamaban “México feminicida” con los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública que citaba una cifra oficial de 833 feminicidios en un periodo de enero a octubre de 2019. No puede negarse que el clamor de “ni una más” y “vivas nos queremos” tiene razón de ser. No, no es una acción aislada, las marchas son acciones que reivindican de tal manera que la propia ONU advirtió sobre la gravedad del problema de feminicidios.

La crisis es real. Las acciones para erradicar la violencia de género parecen no existir cuando la defensa se centra en la titular de la CNDH y no en la urgencia a ser una verdadera instancia a favor de los derechos humanos. No puede haber derechos humanos si no hay paz ni seguridad, cuando no hay sensibilidad para escuchar y para resolver.

El silencio que mostró en el Senado la titular de Derechos Humanos solo fue una extensión del silencio guardado en una instancia que parece alejada de la realidad. Y parece que con la violencia de género sin atención, sin respeto, las mujeres configuran una histórica revolución violeta.

La toma del edificio de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la convocatoria a las mujeres para que se haga lo mismo en las representaciones de estos espacios en todo el país, es un indicativo de la crisis que vive el país en la materia. Pero este no es un hecho aislado. Es una consecuencia.

Nuestro país tiene significativas marchas que se han convertido en el referente de la forma en que distintos gobiernos han afectado la justicia social. A la de 1968 con la matanza de Tlatelolco, le sucede el de 1971 con el Halconazo; o las más recientes que también levantaron indignación y se sumaron para demandar justicia en apoyo a Padres y Madres de Familia de los Estudiantes Normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala y que cumplirá este 26-27 de septiembre 6 años. Y hay otra más. El Paro Nacional para visibilizarnos el 9 de marzo del año en curso, la marcha violeta.

La construcción de la sociedad no se puede hacer sin las mujeres. Y no se puede hacer sin justicia. Las marchas de las mujeres en la ciudad de México y la reacción desde Palacio Nacional son indicativas de discursos distintos. Mientras unas demandan justicia, la respuesta ha sido a no lastimar las puertas de Palacio Nacional, o las obras de arte, que ha polarizado el tema de la violencia de género.

Las mujeres que están apostadas en el edificio de Cuba 60, sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y ahora convertida en Refugio, son víctimas, no políticas, y se constituirán en las emblemáticas que luchan por la paz y la seguridad, que claman por que el respeto a las mujeres y las niñas no sea vulnerado. Que el maltrato y el feminicidio sean castigados. Y que se impulse una política de atención integral hasta que se convierta en cultura de respeto en la sociedad.

No se puede ver la toma del edificio de la CNDH como una acción aislada, ni descalificarla en el contexto de la política y la elección 20/21. Solo había que recordar la marcha del 25 de noviembre de 2019 en el contexto del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres las consignas clamaban “México feminicida” con los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública que citaba una cifra oficial de 833 feminicidios en un periodo de enero a octubre de 2019. No puede negarse que el clamor de “ni una más” y “vivas nos queremos” tiene razón de ser. No, no es una acción aislada, las marchas son acciones que reivindican de tal manera que la propia ONU advirtió sobre la gravedad del problema de feminicidios.

La crisis es real. Las acciones para erradicar la violencia de género parecen no existir cuando la defensa se centra en la titular de la CNDH y no en la urgencia a ser una verdadera instancia a favor de los derechos humanos. No puede haber derechos humanos si no hay paz ni seguridad, cuando no hay sensibilidad para escuchar y para resolver.

El silencio que mostró en el Senado la titular de Derechos Humanos solo fue una extensión del silencio guardado en una instancia que parece alejada de la realidad. Y parece que con la violencia de género sin atención, sin respeto, las mujeres configuran una histórica revolución violeta.

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