/ miércoles 26 de diciembre de 2018

Martha y Rafael: Amén

Es la hora de partir, dijo Pablo Neruda cuando uno de sus años concluía en el frío austral de Chile. Aterido, nunca tuvo miedo pese a ser perseguido por un delito jamás cometido: ser comunista. De igual forma lloraba Leonora Carrington de Renato Leduc enamorada en Nueva York cuando la luz de su entendimiento comenzaba a fugársele. Hasta su padre única isla en el naufragio, la llamaba loca. Leduc le compuso a ella, “Sabia virtud de conocer el tiempo/a tiempo amar y desatarse a tiempo”. (Década de los 40). El tiempo sólo llega a ser un fenómeno cíclico y, se va. No es cierto. Es el mismo, regresa, vuelve la historia. La vida renace. Feliz fin de año, el decembrino: ocaso con la turbulencia de estas fechas, Otra oportunidad para desearnos afinidades a la felicidad.

Estoy demacrado. Sucedidos trágicos me dejan yerto. Los hechos confirman límites al ser humano. Existen ocasiones cuando nada puede hacerse. La muerte carece de momento propicio. El helicóptero falla. Se precipita no sólo el aparato. Se derrumba la vida y los pasajeros, gobernadora y senador, pilotos y edecanes se convierten en despojos instantáneos.

Nunca ha sido tan oportuna la televisión para reseñar los trágicos sucesos. Hay malicia vana, gratuita de por ejemplo Vicente Fox. Magín fantasioso de quienes ven en una liebre, un gato. Ensueños de los proclives a la novela. Germinación de fantasías en los médanos de la desventura.

En los azares del avionazo culpamos al destino. Cualquier sospecha desfigura los hechos. A los peritos de aeronáutica debemos encomendarnos, pues la verdad es intrínseca en estos momentos tan contaminados por el origen político de las víctimas. El sufrimiento de un personaje tan destacado es igual de áspero al de un humilde labriego.

Ninguna duda debe ensombrecer dictámenes y pruebas del peritaje. La verdad científica. Los datos duros. Calibre de la eventualidad del accidente. Vientos desfavorables. Fallas mecánicas. Excesiva confianza de los operadores de la nave. Exigimos un solo compendio, de credibilidad. Lo espera una sociedad incrédula por padecer la manipulación de similares eventos. La opinión pública ha de quedar satisfecha o no se podrá impedir la proliferación de versiones contrarias a los acontecimientos. No se valen aproximaciones ni conjeturas inservibles.

Ha sido una navidad como la de Neruda tramontando la cordillera andina para escapar a la Argentina mientras los sabuesos le siguen los pasos para liquidarlo: amarga.

Morir en racimo al golpe de la soledad y la impotencia: Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle y tres de sus acompañantes, es muerte súbita sin tiempo a escapatoria. Un tajo definitivo. Mi Dios, apiádate de ellos y de nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte.

PD: “Amén”: Colofón.

Es la hora de partir, dijo Pablo Neruda cuando uno de sus años concluía en el frío austral de Chile. Aterido, nunca tuvo miedo pese a ser perseguido por un delito jamás cometido: ser comunista. De igual forma lloraba Leonora Carrington de Renato Leduc enamorada en Nueva York cuando la luz de su entendimiento comenzaba a fugársele. Hasta su padre única isla en el naufragio, la llamaba loca. Leduc le compuso a ella, “Sabia virtud de conocer el tiempo/a tiempo amar y desatarse a tiempo”. (Década de los 40). El tiempo sólo llega a ser un fenómeno cíclico y, se va. No es cierto. Es el mismo, regresa, vuelve la historia. La vida renace. Feliz fin de año, el decembrino: ocaso con la turbulencia de estas fechas, Otra oportunidad para desearnos afinidades a la felicidad.

Estoy demacrado. Sucedidos trágicos me dejan yerto. Los hechos confirman límites al ser humano. Existen ocasiones cuando nada puede hacerse. La muerte carece de momento propicio. El helicóptero falla. Se precipita no sólo el aparato. Se derrumba la vida y los pasajeros, gobernadora y senador, pilotos y edecanes se convierten en despojos instantáneos.

Nunca ha sido tan oportuna la televisión para reseñar los trágicos sucesos. Hay malicia vana, gratuita de por ejemplo Vicente Fox. Magín fantasioso de quienes ven en una liebre, un gato. Ensueños de los proclives a la novela. Germinación de fantasías en los médanos de la desventura.

En los azares del avionazo culpamos al destino. Cualquier sospecha desfigura los hechos. A los peritos de aeronáutica debemos encomendarnos, pues la verdad es intrínseca en estos momentos tan contaminados por el origen político de las víctimas. El sufrimiento de un personaje tan destacado es igual de áspero al de un humilde labriego.

Ninguna duda debe ensombrecer dictámenes y pruebas del peritaje. La verdad científica. Los datos duros. Calibre de la eventualidad del accidente. Vientos desfavorables. Fallas mecánicas. Excesiva confianza de los operadores de la nave. Exigimos un solo compendio, de credibilidad. Lo espera una sociedad incrédula por padecer la manipulación de similares eventos. La opinión pública ha de quedar satisfecha o no se podrá impedir la proliferación de versiones contrarias a los acontecimientos. No se valen aproximaciones ni conjeturas inservibles.

Ha sido una navidad como la de Neruda tramontando la cordillera andina para escapar a la Argentina mientras los sabuesos le siguen los pasos para liquidarlo: amarga.

Morir en racimo al golpe de la soledad y la impotencia: Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle y tres de sus acompañantes, es muerte súbita sin tiempo a escapatoria. Un tajo definitivo. Mi Dios, apiádate de ellos y de nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte.

PD: “Amén”: Colofón.

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