/ viernes 22 de mayo de 2020

Las curvas favoritistas

De acuerdo con los pronósticos inexactos de la Secretaría de Salud federal sobre el avance del Covid-19 en México, Cancún ya está en condiciones de preparar la reapertura de su actividad turística a partir del 1 de junio porque su nivel de contagios y defunciones va a la baja, a diferencia de Acapulco.

Aunque irracional y sin sustento, ese fue el comparativo premeditado que empleó hace un par de días el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, al presentar el Lineamiento Nacional de Reapertura de la Actividad Turística, es decir, las nuevas reglas de operación de la industria sin chimenea en medio de la pandemia.

Y lo espetó así, sin cortapisas: “Acapulco, Guerrero, relacionado con turismo, va en ascenso (de contagios). Con Acapulco todavía nos falta mucho para llegar a un momento de definición crítica (…) aquí (en Acapulco) no podría haber un inicio de actividades, aun con importantes controles, a diferencia de Cancún que es el ejemplo más destacado donde ya se puede proceder de manera más expedita”.

Según el Mapa de Casos Confirmados de Covid-19 de la propia Secretaría de Salud, sin embargo, Cancún tenía mil 73 casos positivos y 217 defunciones este viernes 22 de mayo. Acapulco, en tanto, registraba al mismo día de corte 555 casos confirmados y 44 defunciones, un margen diametralmente menor con respeto al puerto caribeño que posee una densidad poblacional casi similar a la de este balneario. El comportamiento de contagios en ambas ciudades a lo largo de esta semana, además, no muestra indicios de alguna contención de casos, mucho menos una disminución.

A pesar de sus indicadores, Salud federal considera deliberadamente que la gravedad es exclusiva de Acapulco porque su incidencia va en ascenso, pero la tendencia es la misma en Cancún, considerada el epicentro de la pandemia en Quintana Roo y una ciudad donde las medidas de aislamiento domiciliar no son su distintivo en medio de esta emergencia sanitaria.

Además, con base en la semaforización sanitaria federal para la reapertura de actividades turísticas, Quintana Roo se ubica, al igual que Guerrero y otros estados con la misma vocación económica, dentro de la restrictiva zona roja que impide el reinicio de labores no esenciales el próximo 1 de junio.

Así, el elogio de López-Gatell hacia Cancún se antoja fabricado conforme a una planeación a modo que se empalma a los tiempos de la Presidencia para dar inicio a los trabajos de construcción del ambicioso Tren Maya en aquellas tierras, el último día de este mes. Si esto no prefigura una proclividad del gobierno federal a favorecer una región ya favorecida, las coincidencias son obra de una absurda casualidad.

Pese a lo evidente, el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, retomó el comparativo específico del funcionario federal para criticar la apatía de la sociedad de Acapulco frente al llamado permanente al confinamiento preventivo y advirtió que esa actitud demora el reinicio de las actividades económicas y sociales a nivel local.

¿O será, tal vez, que el gobierno estatal amasó un acuerdo con Salud federal para dejar claro que no hay posibilidad de una reapertura de playas ni hoteles en Guerrero después del 1 de junio para evitar un arribo masivo de visitantes del Centro de la República, lo cual representaría un problema más grave y difícil de revertir?

Lo cierto es que la línea de tiempo trazada por la Secretaría de Salud federal sobre la incidencia de del nuevo coronavirus y la temida curva epidémica arroja inconsistencias que impiden cumplir, de manera fiel, los primeros plazos de la ruta hacia la nueva normalidad, y denota un favoritismo que soslaya el principio de cuidado a la salud pública.

De acuerdo con los pronósticos inexactos de la Secretaría de Salud federal sobre el avance del Covid-19 en México, Cancún ya está en condiciones de preparar la reapertura de su actividad turística a partir del 1 de junio porque su nivel de contagios y defunciones va a la baja, a diferencia de Acapulco.

Aunque irracional y sin sustento, ese fue el comparativo premeditado que empleó hace un par de días el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, al presentar el Lineamiento Nacional de Reapertura de la Actividad Turística, es decir, las nuevas reglas de operación de la industria sin chimenea en medio de la pandemia.

Y lo espetó así, sin cortapisas: “Acapulco, Guerrero, relacionado con turismo, va en ascenso (de contagios). Con Acapulco todavía nos falta mucho para llegar a un momento de definición crítica (…) aquí (en Acapulco) no podría haber un inicio de actividades, aun con importantes controles, a diferencia de Cancún que es el ejemplo más destacado donde ya se puede proceder de manera más expedita”.

Según el Mapa de Casos Confirmados de Covid-19 de la propia Secretaría de Salud, sin embargo, Cancún tenía mil 73 casos positivos y 217 defunciones este viernes 22 de mayo. Acapulco, en tanto, registraba al mismo día de corte 555 casos confirmados y 44 defunciones, un margen diametralmente menor con respeto al puerto caribeño que posee una densidad poblacional casi similar a la de este balneario. El comportamiento de contagios en ambas ciudades a lo largo de esta semana, además, no muestra indicios de alguna contención de casos, mucho menos una disminución.

A pesar de sus indicadores, Salud federal considera deliberadamente que la gravedad es exclusiva de Acapulco porque su incidencia va en ascenso, pero la tendencia es la misma en Cancún, considerada el epicentro de la pandemia en Quintana Roo y una ciudad donde las medidas de aislamiento domiciliar no son su distintivo en medio de esta emergencia sanitaria.

Además, con base en la semaforización sanitaria federal para la reapertura de actividades turísticas, Quintana Roo se ubica, al igual que Guerrero y otros estados con la misma vocación económica, dentro de la restrictiva zona roja que impide el reinicio de labores no esenciales el próximo 1 de junio.

Así, el elogio de López-Gatell hacia Cancún se antoja fabricado conforme a una planeación a modo que se empalma a los tiempos de la Presidencia para dar inicio a los trabajos de construcción del ambicioso Tren Maya en aquellas tierras, el último día de este mes. Si esto no prefigura una proclividad del gobierno federal a favorecer una región ya favorecida, las coincidencias son obra de una absurda casualidad.

Pese a lo evidente, el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, retomó el comparativo específico del funcionario federal para criticar la apatía de la sociedad de Acapulco frente al llamado permanente al confinamiento preventivo y advirtió que esa actitud demora el reinicio de las actividades económicas y sociales a nivel local.

¿O será, tal vez, que el gobierno estatal amasó un acuerdo con Salud federal para dejar claro que no hay posibilidad de una reapertura de playas ni hoteles en Guerrero después del 1 de junio para evitar un arribo masivo de visitantes del Centro de la República, lo cual representaría un problema más grave y difícil de revertir?

Lo cierto es que la línea de tiempo trazada por la Secretaría de Salud federal sobre la incidencia de del nuevo coronavirus y la temida curva epidémica arroja inconsistencias que impiden cumplir, de manera fiel, los primeros plazos de la ruta hacia la nueva normalidad, y denota un favoritismo que soslaya el principio de cuidado a la salud pública.

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