/ miércoles 13 de enero de 2021

La enfermería como rol de género

Con eso de que a las mujeres nos endilgan que somos tiernas, amorosas, pacientes, y de manos suaves, la enfermera viene a ser algo más o menos como la mamá de los pacientes; claro, también hay hombres que se dedican a esta profesión, pero es un porcentaje mínimo.

Así como en otros países se instituyen los días de fiesta, así en México se instituyó el 6 de enero como el Día de la Enfermería; y adivinen ¿por qué?. Pues resulta que al reconocer su gran humanismo y dedicación para con los enfermos, es como un regalo de Reyes para ellos, porque además es la que tiene paciencia para poner una inyección, poner el suero o medicamentos intravenosos o traer y llevar el cómodo y el “pato” que así le llaman al orinal y hasta cargar a las y los pacientes.

Lo grave de este asunto es que si una enfermera tenía que quedarse a velar a la enferma o al enfermo, eso no era ningún problema. Lo que si era, es que el rol que le tocaba y le sigue tocando por ser mujer, es que no tenía que descuidar su papel de madre o de esposa. Por ello es que la mayoría de las enfermeras sufren el síndrome de Burnout, que es cuando la persona tiene un gran desgaste físico y emocional por el exceso de trabajo.

Antes no había carrera de Enfermería y ni siquiera se consideraba importante como profesión; no obstante, desde la época prehispánica ya había enfermeras que cuidaban a las y los enfermos; ya en 1940 se creó la primera escuela, donde se exige un uniforme impecablemente blanco, la cofia y los zapatos también blancos y, para rematar su atuendo, una capa color azul marino.

En la ceremonia de fin de año de las escuelas de Enfermería, al terminar la carrera, se les pide a las recién egresadas que lleven una lámpara, (como la de Aladino) que es el símbolo de la claridad y de la luz del saber; y la encienden con la promesa de que se comprometerán a llevar esa luminosidad a lo largo de su apostolado, y no dejar que se extinga. De la misma manera que se hace referencia a Florence Nightingale, pionera en enfermería, quien participó en la guerra de Crimea (1853-1856) atendiendo a los soldados heridos se dice que, por las noches, con una lámpara que llevaba en la mano hacía el recorrido, dando a cada uno aliento y esperanza.

También a ella se le debe la disciplina, el uniforme, el compromiso y la imagen impecable de toda enfermera. En cambio, los enfermeros no se los considera “tiernos”, ni llevan tantos atuendos como ellas y en el caso de que tengan que velar, ellos si tienen todo el tiempo del mundo para dormir.

De última hora, propone López Obrador que se cambie la fecha del Día de la y el enfermero para el 8 de agosto.

Con eso de que a las mujeres nos endilgan que somos tiernas, amorosas, pacientes, y de manos suaves, la enfermera viene a ser algo más o menos como la mamá de los pacientes; claro, también hay hombres que se dedican a esta profesión, pero es un porcentaje mínimo.

Así como en otros países se instituyen los días de fiesta, así en México se instituyó el 6 de enero como el Día de la Enfermería; y adivinen ¿por qué?. Pues resulta que al reconocer su gran humanismo y dedicación para con los enfermos, es como un regalo de Reyes para ellos, porque además es la que tiene paciencia para poner una inyección, poner el suero o medicamentos intravenosos o traer y llevar el cómodo y el “pato” que así le llaman al orinal y hasta cargar a las y los pacientes.

Lo grave de este asunto es que si una enfermera tenía que quedarse a velar a la enferma o al enfermo, eso no era ningún problema. Lo que si era, es que el rol que le tocaba y le sigue tocando por ser mujer, es que no tenía que descuidar su papel de madre o de esposa. Por ello es que la mayoría de las enfermeras sufren el síndrome de Burnout, que es cuando la persona tiene un gran desgaste físico y emocional por el exceso de trabajo.

Antes no había carrera de Enfermería y ni siquiera se consideraba importante como profesión; no obstante, desde la época prehispánica ya había enfermeras que cuidaban a las y los enfermos; ya en 1940 se creó la primera escuela, donde se exige un uniforme impecablemente blanco, la cofia y los zapatos también blancos y, para rematar su atuendo, una capa color azul marino.

En la ceremonia de fin de año de las escuelas de Enfermería, al terminar la carrera, se les pide a las recién egresadas que lleven una lámpara, (como la de Aladino) que es el símbolo de la claridad y de la luz del saber; y la encienden con la promesa de que se comprometerán a llevar esa luminosidad a lo largo de su apostolado, y no dejar que se extinga. De la misma manera que se hace referencia a Florence Nightingale, pionera en enfermería, quien participó en la guerra de Crimea (1853-1856) atendiendo a los soldados heridos se dice que, por las noches, con una lámpara que llevaba en la mano hacía el recorrido, dando a cada uno aliento y esperanza.

También a ella se le debe la disciplina, el uniforme, el compromiso y la imagen impecable de toda enfermera. En cambio, los enfermeros no se los considera “tiernos”, ni llevan tantos atuendos como ellas y en el caso de que tengan que velar, ellos si tienen todo el tiempo del mundo para dormir.

De última hora, propone López Obrador que se cambie la fecha del Día de la y el enfermero para el 8 de agosto.

ÚLTIMASCOLUMNAS