/ martes 4 de febrero de 2020

Gobernar por caprichos

Escribió Benito Juárez: “No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa . . .” Pero así gobierna el actual presidente de la república; tal como lo manifestó Carlos Urzúa en su carta de renuncia al cargo de secretario de hacienda y crédito público. Prueba de ello han sido las decisiones de cancelar el aeropuerto de Texcoco (sin pruebas de ningún tipo) y anunciar el de Santa Lucía, la refinería y el tren maya (sin proyecto alguno), la creación de la guardia nacional y el INSABI; igual, sin proyecto, respaldo presupuestario y normativo alguno; clausurar los programas de protección a mujeres violentadas, los comedores populares, la reforma energética y de educación, el seguro popular, entre otros. En contraste, el aumento de la violencia que, como nunca, tuvo más de 35 mil muertos durante 2019.

Estos caprichos de la voluntad de un solo hombre ha hecho que se desplome la producción petrolera, las inversiones, el producto interno bruto, la inversión fija bruta, el consumo, la construcción, la industria de automóviles, el crecimiento económico (los datos duros que el INEGI ha proporcionado, así lo indican). Este jueves el instituto antes mencionado publicó la estimación oportuna del producto interno bruto de 2019, de acuerdo a cifras desestacionalizadas, que indica que se contrajo en el año anterior 0.1 por ciento. Es decir, estamos en una contracción económica que no se había tenido en 30 años. Durante los debates presidenciales de 2006 y 2012, López dijo: “Hay que cambiar la actual política económica porque no ha funcionado, no ha habido crecimiento económico . . . no ha habido crecimiento económico; si no hay crecimiento económico, no hay empleo, y si no hay empleo no hay bienestar. No puede haber paz. Vamos a crecer a tasas de seis por ciento anual.” (www.laotraopinion.com.mx/que-a-el-no-le-importa-asi-hablaba-AMLO-en-2006-y-2012-del-crecimiento-economico-y-el-empleo/). Sin embargo, hoy, ya no le importa ese crecimiento al que otrora se ha referido. En su conferencia del día jueves de esta semana dijo otra vez -palabras más, palabras menos- que él tiene otros datos y que si bien es cierto no hay crecimiento, sí hay bienestar. Ignoro la fuente, los parámetros y los principios científicos y teóricos que funden y motiven su dicho. El INEGI, la propia Secretaría de Hacienda. El Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, entre otras instituciones, aseveran lo contrario.

Para acabarla de “amolar”, de acuerdo a los especialistas y economistas, esta contracción es autoinfligida pues no hay ningún elemento externo a quien echarle la culpa, ninguno. Menos a los Estados Unidos que siempre nos ha remolcado y que, ahora, por primera vez México se ha desenganchado del país norteño cuya economía va en crecimiento; mientras que nuestra economía va en picada. Para ponerlo en metáfora ferrocarrilera: es como en una cuesta en la que mientras el tren va para arriba, desengancháramos adrede nuestro vagón. Uno va en ascenso, y nosotros . . .

Escribió Benito Juárez: “No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa . . .” Pero así gobierna el actual presidente de la república; tal como lo manifestó Carlos Urzúa en su carta de renuncia al cargo de secretario de hacienda y crédito público. Prueba de ello han sido las decisiones de cancelar el aeropuerto de Texcoco (sin pruebas de ningún tipo) y anunciar el de Santa Lucía, la refinería y el tren maya (sin proyecto alguno), la creación de la guardia nacional y el INSABI; igual, sin proyecto, respaldo presupuestario y normativo alguno; clausurar los programas de protección a mujeres violentadas, los comedores populares, la reforma energética y de educación, el seguro popular, entre otros. En contraste, el aumento de la violencia que, como nunca, tuvo más de 35 mil muertos durante 2019.

Estos caprichos de la voluntad de un solo hombre ha hecho que se desplome la producción petrolera, las inversiones, el producto interno bruto, la inversión fija bruta, el consumo, la construcción, la industria de automóviles, el crecimiento económico (los datos duros que el INEGI ha proporcionado, así lo indican). Este jueves el instituto antes mencionado publicó la estimación oportuna del producto interno bruto de 2019, de acuerdo a cifras desestacionalizadas, que indica que se contrajo en el año anterior 0.1 por ciento. Es decir, estamos en una contracción económica que no se había tenido en 30 años. Durante los debates presidenciales de 2006 y 2012, López dijo: “Hay que cambiar la actual política económica porque no ha funcionado, no ha habido crecimiento económico . . . no ha habido crecimiento económico; si no hay crecimiento económico, no hay empleo, y si no hay empleo no hay bienestar. No puede haber paz. Vamos a crecer a tasas de seis por ciento anual.” (www.laotraopinion.com.mx/que-a-el-no-le-importa-asi-hablaba-AMLO-en-2006-y-2012-del-crecimiento-economico-y-el-empleo/). Sin embargo, hoy, ya no le importa ese crecimiento al que otrora se ha referido. En su conferencia del día jueves de esta semana dijo otra vez -palabras más, palabras menos- que él tiene otros datos y que si bien es cierto no hay crecimiento, sí hay bienestar. Ignoro la fuente, los parámetros y los principios científicos y teóricos que funden y motiven su dicho. El INEGI, la propia Secretaría de Hacienda. El Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, entre otras instituciones, aseveran lo contrario.

Para acabarla de “amolar”, de acuerdo a los especialistas y economistas, esta contracción es autoinfligida pues no hay ningún elemento externo a quien echarle la culpa, ninguno. Menos a los Estados Unidos que siempre nos ha remolcado y que, ahora, por primera vez México se ha desenganchado del país norteño cuya economía va en crecimiento; mientras que nuestra economía va en picada. Para ponerlo en metáfora ferrocarrilera: es como en una cuesta en la que mientras el tren va para arriba, desengancháramos adrede nuestro vagón. Uno va en ascenso, y nosotros . . .

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