/ lunes 11 de diciembre de 2017

Falcotitlán

Derechos inalienables. La libertad, amarse, amar y ser amado.

Constantemente violan y destruyen los derechos humanos. Desde antes de nacer y después de morir. Perjudican los derechos inherentes, que sin distinción tenemos sin importar la nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna. ¿Qué hace falta para poder ser más humanos? Ese cuestionamiento ha sido el portavoz de pocos, la respuesta está en nuestras acciones cotidianas, en la educación e idiosincrasia. Ocurre que el ser humano, al ser constituido como persona y género es una entidad vulnerable, entonces, o es un arma biológica que mata o preserva vidas. Muchas veces incidentalmente, otras veces consciente de hacerlo. Pero entre la locura y cordura, hay factores emocionales y sobre todo herramientas que propician un mundo cruel, violento y sin sentido. Somos los únicos seres que aniquilamos y desintegramos nuestro medio ambiente, nuestras condiciones, nuestras leyes, nuestra naturaleza y nuestras generaciones. La luz al final del túnel, es que mañana se cumplen 70 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, ya que el 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas en París elaboró un documento que cimbró la historia, un antecedente jurídico y cultural, donde converge la concordia, el respeto y la benevolencia entre pueblos y naciones.

La Declaración, cuyo borrador redactaron representantes de distintos contextos jurídicos y culturales de todo el mundo, expone valores universales y un ideal común para todos los pueblos y naciones. Además, establece que todas las personas tienen la misma dignidad y el mismo valor. Gracias a este documento, que con sus versiones en 500 idiomas se ha convertido en el más traducido del mundo, y el compromiso de los Estados con sus principios, la dignidad de millones de personas se ha visto fortalecida, y se han sentado las bases de un mundo más justo. Queda camino por recorrer para que las promesas que encierra se cumplan plenamente, el hecho de que haya perdurado en el tiempo es prueba inequívoca de la universalidad imperecedera de sus valores eternos sobre la equidad, la justicia y la dignidad humana.

El supremo punto neuronal para equilibrar esta fatídica consecuencia, es tener una idea común para concentrar la permanencia de la armonía en cada humano, nacido o por nacer. La libertad, la justicia y la paz inalienable e intrínseca en todo miembro de este planeta. Hemos actuado en contra de nuestra especie y todas, potencializando el arte de asesinar, la poda artificial de miles de millones, o deshumanizando las formas de convivir y postrando un camino de miseria, hambruna y guerras. El menosprecio y el desconocimiento, abanderan el ultraje que de civilización en civilización ha originado lo que hoy somos.

Nosotros mismos nos hemos eximido de la belleza de la humanidad, y debemos saber que los derechos humanos son universales, interdependientes e indivisibles, iguales y no discriminatorios, con derechos y obligaciones. Es vital, que desde las aulas, en el sistema educativo en México, se les inculque nuevamente a los niños el tema del respeto, la moral, la ética, qué es el trabajo, qué es la economía, qué es la sociedad, el civismo, la cultura, el medio ambiente, la sustentabilidad, la libre determinación y el desarrollo de la humanidad. Para facilitar algo que puede llegar a cambiar el mundo, así como nuestra forma de ser y pensar, y me refiero al lenguaje. Nuestra forma de comunicar es la ley de leyes, ya que al dominar el cómo, dónde, por qué y cuándo expresarnos generamos un campo transversal y holístico. Tiene que ser coherente con lo que se hace, piensa y se diseña desde nuestro espíritu. Nuestra raza, nuestra humanidad.

Y el eslogan del 2017 que emana desde la ONU es: Defendamos la equidad, la justicia y la dignidad humana. La Declaración nos fortalece a todos y los principios que recoge son tan relevantes en la actualidad como lo fueron en 1948. Debemos luchar por nuestros propios derechos y por los del prójimo. Podemos pasar a la acción en nuestras vidas diarias para defender aquellos derechos que nos protegen y así fomentar la unión de todos los seres humanos. Hay que difundir en redes sociales: #LuchaPorLosDDHH

La Declaración Universal de los Derechos Humanos nos fortalece a todos; Los derechos humanos nos conciernen a todos nosotros cada día; La condición humana que compartimos tiene sus raíces en estos valores universales; La equidad, la justicia y la libertad evitan la violencia y velan por la paz; Cada vez que abandonamos los derechos humanos, corremos un gran riesgo; Debemos luchar por nuestros derechos y por los del prójimo.

www.falcotitlan.org

Derechos inalienables. La libertad, amarse, amar y ser amado.

Constantemente violan y destruyen los derechos humanos. Desde antes de nacer y después de morir. Perjudican los derechos inherentes, que sin distinción tenemos sin importar la nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna. ¿Qué hace falta para poder ser más humanos? Ese cuestionamiento ha sido el portavoz de pocos, la respuesta está en nuestras acciones cotidianas, en la educación e idiosincrasia. Ocurre que el ser humano, al ser constituido como persona y género es una entidad vulnerable, entonces, o es un arma biológica que mata o preserva vidas. Muchas veces incidentalmente, otras veces consciente de hacerlo. Pero entre la locura y cordura, hay factores emocionales y sobre todo herramientas que propician un mundo cruel, violento y sin sentido. Somos los únicos seres que aniquilamos y desintegramos nuestro medio ambiente, nuestras condiciones, nuestras leyes, nuestra naturaleza y nuestras generaciones. La luz al final del túnel, es que mañana se cumplen 70 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, ya que el 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas en París elaboró un documento que cimbró la historia, un antecedente jurídico y cultural, donde converge la concordia, el respeto y la benevolencia entre pueblos y naciones.

La Declaración, cuyo borrador redactaron representantes de distintos contextos jurídicos y culturales de todo el mundo, expone valores universales y un ideal común para todos los pueblos y naciones. Además, establece que todas las personas tienen la misma dignidad y el mismo valor. Gracias a este documento, que con sus versiones en 500 idiomas se ha convertido en el más traducido del mundo, y el compromiso de los Estados con sus principios, la dignidad de millones de personas se ha visto fortalecida, y se han sentado las bases de un mundo más justo. Queda camino por recorrer para que las promesas que encierra se cumplan plenamente, el hecho de que haya perdurado en el tiempo es prueba inequívoca de la universalidad imperecedera de sus valores eternos sobre la equidad, la justicia y la dignidad humana.

El supremo punto neuronal para equilibrar esta fatídica consecuencia, es tener una idea común para concentrar la permanencia de la armonía en cada humano, nacido o por nacer. La libertad, la justicia y la paz inalienable e intrínseca en todo miembro de este planeta. Hemos actuado en contra de nuestra especie y todas, potencializando el arte de asesinar, la poda artificial de miles de millones, o deshumanizando las formas de convivir y postrando un camino de miseria, hambruna y guerras. El menosprecio y el desconocimiento, abanderan el ultraje que de civilización en civilización ha originado lo que hoy somos.

Nosotros mismos nos hemos eximido de la belleza de la humanidad, y debemos saber que los derechos humanos son universales, interdependientes e indivisibles, iguales y no discriminatorios, con derechos y obligaciones. Es vital, que desde las aulas, en el sistema educativo en México, se les inculque nuevamente a los niños el tema del respeto, la moral, la ética, qué es el trabajo, qué es la economía, qué es la sociedad, el civismo, la cultura, el medio ambiente, la sustentabilidad, la libre determinación y el desarrollo de la humanidad. Para facilitar algo que puede llegar a cambiar el mundo, así como nuestra forma de ser y pensar, y me refiero al lenguaje. Nuestra forma de comunicar es la ley de leyes, ya que al dominar el cómo, dónde, por qué y cuándo expresarnos generamos un campo transversal y holístico. Tiene que ser coherente con lo que se hace, piensa y se diseña desde nuestro espíritu. Nuestra raza, nuestra humanidad.

Y el eslogan del 2017 que emana desde la ONU es: Defendamos la equidad, la justicia y la dignidad humana. La Declaración nos fortalece a todos y los principios que recoge son tan relevantes en la actualidad como lo fueron en 1948. Debemos luchar por nuestros propios derechos y por los del prójimo. Podemos pasar a la acción en nuestras vidas diarias para defender aquellos derechos que nos protegen y así fomentar la unión de todos los seres humanos. Hay que difundir en redes sociales: #LuchaPorLosDDHH

La Declaración Universal de los Derechos Humanos nos fortalece a todos; Los derechos humanos nos conciernen a todos nosotros cada día; La condición humana que compartimos tiene sus raíces en estos valores universales; La equidad, la justicia y la libertad evitan la violencia y velan por la paz; Cada vez que abandonamos los derechos humanos, corremos un gran riesgo; Debemos luchar por nuestros derechos y por los del prójimo.

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