/ domingo 20 de diciembre de 2020

Es ahora o nunca

La ciudad de Iguala fue catalogada por la Secretaría de Salud de Guerrero como el epicentro de la pandemia en esta entidad, justo la víspera del periodo vacacional de fin de año. El comportamiento de contagios de Covid-19 en Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo no ha disminuido lo deseable, pero tampoco ha alcanzado niveles alarmantes como en la cuna de la bandera. El propio alcalde de ese municipio, Antonio Jaimes Herrera, pidió al gobierno estatal emitir una declaratoria de emergencia en toda la región Norte por el aumento de casos positivos y la saturación de camas en hospitales públicos. Hasta este viernes 18 de diciembre, Iguala registraba 174 casos activos, el número más alto de la entidad, y no tenía cupo de camas Covid en el hospital regional del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

En consecuencia, no resulta absurdo, sino todo lo contrario, impulsar la creación de una variante del semáforo de riesgo sanitario por Covid-19 en Guerrero que aplique por municipios, y no de manera generalizada para toda la entidad, a fin de que el descontrol de la pandemia en algunas regiones no perjudique el funcionamiento de actividades productivas de otras en esta temporada turística.

Si la región Norte y sus municipios incumplen medidas preventivas para estabilizar la tendencia de contagios, resulta injusto que sus secuelas se extiendan al resto de las ciudades con vocación turística. Un semáforo epidemiológico por municipio, claro está, no implica bajar la guardia frente al riesgo de infecciones ni desacatar las indicaciones de las autoridades sanitarias. De eso depende que la temporada turística de fin de año transcurra y concluya relativamente satisfactoria, tras casi un año de emergencia sanitaria y una crisis económica difícil de superar ante las restricciones vigentes.

A la par, se pretende contribuir a aminorar los riesgos sanitarios porque, con o sin gala de pirotecnia, el flujo de visitantes del Centro del país no ha variado en su intención de pasar este fin de año en Acapulco y otros destinos de Guerrero, mucho menos ahora que la Ciudad de México y el Estado de México declararon semáforo rojo desde este sábado hasta el 10 de enero de 2021.

Con una sobredemanda ya en la oferta extrahotelera y la ocupación de la hotelería formal limitada al 50 por ciento de su capacidad, el escenario se advierte caótico. Antecedentes estadísticos del periodo vacacional que inicia formalmente este fin de semana dan cuenta de promedios generales de ocupación hotelera de entre 75 y 85 por ciento durante la primera semana, y de lleno total al cierre del año. Tomando en cuenta esos indicadores, habría aglomeraciones de personas en calles y playas en espera de un lugar donde hospedarse.

De ahí la premura de sacar el semáforo municipalizado. Solo así se permitiría a sitios con una tendencia estable de contagios tener normas más flexibles en la capacidad y horarios de funcionamiento de negocios de diversos giros, principalmente los hoteles y restaurantes, y así recuperar parte de las pérdidas arrastradas en lo que va de este trágico 2020.

El riesgo de propagación del Covid-19 no debe desestimarse en ningún municipio ni región, sobre todo con la alerta máxima declarada en el Valle de México, pero tampoco puede eludirse su mortífero efecto en la economía.

La temporada vacacional de diciembre puede ser la última luz de esperanza de 2020 para el sector turístico guerrerense ante la crisis, si se considera flexibilizar su operatividad bajo estrictas medidas preventivas, o también su tiro de gracia.

La ciudad de Iguala fue catalogada por la Secretaría de Salud de Guerrero como el epicentro de la pandemia en esta entidad, justo la víspera del periodo vacacional de fin de año. El comportamiento de contagios de Covid-19 en Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo no ha disminuido lo deseable, pero tampoco ha alcanzado niveles alarmantes como en la cuna de la bandera. El propio alcalde de ese municipio, Antonio Jaimes Herrera, pidió al gobierno estatal emitir una declaratoria de emergencia en toda la región Norte por el aumento de casos positivos y la saturación de camas en hospitales públicos. Hasta este viernes 18 de diciembre, Iguala registraba 174 casos activos, el número más alto de la entidad, y no tenía cupo de camas Covid en el hospital regional del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

En consecuencia, no resulta absurdo, sino todo lo contrario, impulsar la creación de una variante del semáforo de riesgo sanitario por Covid-19 en Guerrero que aplique por municipios, y no de manera generalizada para toda la entidad, a fin de que el descontrol de la pandemia en algunas regiones no perjudique el funcionamiento de actividades productivas de otras en esta temporada turística.

Si la región Norte y sus municipios incumplen medidas preventivas para estabilizar la tendencia de contagios, resulta injusto que sus secuelas se extiendan al resto de las ciudades con vocación turística. Un semáforo epidemiológico por municipio, claro está, no implica bajar la guardia frente al riesgo de infecciones ni desacatar las indicaciones de las autoridades sanitarias. De eso depende que la temporada turística de fin de año transcurra y concluya relativamente satisfactoria, tras casi un año de emergencia sanitaria y una crisis económica difícil de superar ante las restricciones vigentes.

A la par, se pretende contribuir a aminorar los riesgos sanitarios porque, con o sin gala de pirotecnia, el flujo de visitantes del Centro del país no ha variado en su intención de pasar este fin de año en Acapulco y otros destinos de Guerrero, mucho menos ahora que la Ciudad de México y el Estado de México declararon semáforo rojo desde este sábado hasta el 10 de enero de 2021.

Con una sobredemanda ya en la oferta extrahotelera y la ocupación de la hotelería formal limitada al 50 por ciento de su capacidad, el escenario se advierte caótico. Antecedentes estadísticos del periodo vacacional que inicia formalmente este fin de semana dan cuenta de promedios generales de ocupación hotelera de entre 75 y 85 por ciento durante la primera semana, y de lleno total al cierre del año. Tomando en cuenta esos indicadores, habría aglomeraciones de personas en calles y playas en espera de un lugar donde hospedarse.

De ahí la premura de sacar el semáforo municipalizado. Solo así se permitiría a sitios con una tendencia estable de contagios tener normas más flexibles en la capacidad y horarios de funcionamiento de negocios de diversos giros, principalmente los hoteles y restaurantes, y así recuperar parte de las pérdidas arrastradas en lo que va de este trágico 2020.

El riesgo de propagación del Covid-19 no debe desestimarse en ningún municipio ni región, sobre todo con la alerta máxima declarada en el Valle de México, pero tampoco puede eludirse su mortífero efecto en la economía.

La temporada vacacional de diciembre puede ser la última luz de esperanza de 2020 para el sector turístico guerrerense ante la crisis, si se considera flexibilizar su operatividad bajo estrictas medidas preventivas, o también su tiro de gracia.

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