/ domingo 4 de octubre de 2020

El verdadero Frena de Obrador

“No te hagas el duro y ponte cubrebocas”. Joe Biden dio una dura bofetada con guante blanco a Donald Trump hoy positivo de Covid-19 y quien en el reciente debate entre los candidatos a presidente de los Estados Unidos se burló del demócrata por usar mascarilla “todo el tiempo”.

En un Estados Unidos con más de 7 millones de casos confirmados y más de 207 mil decesos por el coronavirus, Trump está hospitalizado (aunque de pie), y Biden, el que usa cubrebocas “a 200 pies de distancia”, sigue haciendo campaña y enviando sus oraciones y buenos deseos a Donald.

En la Ciudad de México el Frente Nacional Anti AMLO hizo una numerosa movilización, en respuesta al sarcasmo con que el presidente Andrés Manuel López Obrador (que tampoco es partidario del cubrebocas) ha tratado a su movimiento.

Dijo que si protestaban cien mil personas se iba, ellos dicen haber juntado miles más, los simpatizantes del presidente dirán que juntaron apenas miles, en seguimiento a la rebatinga en redes sociales por fotos, videos y memes con y sin gente según la filia o la fobia de quien las publique.

Es obvio que el presidente no se iría ni con cien mil ni con 500 mil gentes protestando, ni debería irse por eso porque no fue electo para andar apostando su cargo como si la legitimidad que obtuvo en urnas fuera un billete de lotería. Tampoco es un cheque en blanco y el que exista oposición, guste o no a algunas personas, mantiene vigente esa condición.

En realidad el Frena es algo que no le importa mucho al presidente. La oposición no tiene una figura fuerte que le haga contrapeso como Biden a Trump. La bofetada ahí estuvo en el zócalo, pero no fue significativa. Este domingo simplemente les repitió que no coman ansias, que esperen a 2021 para la revocación de mandato y los volvió a etiquetar como conservadores que quieren el régimen corrupto de antes y etcétera.

La conciliación no es lo suyo.

Eso se refleja en Morena, el partido que creó, en el que Yeidckol Polevnsky fue incapaz de conducir su sucesión en la dirigencia, Alfonso Ramírez Cuellar tampoco pudo organizar un proceso interno, y finalmente fue el Tribunal Electoral quien mandató al Instituto Nacional Electoral para que le haga su proceso interno.

La semana pasada el presidente hizo un fuerte reclamo a Morena por esa incapacidad para ponerse de acuerdo, pero no se le pueden pedir peras al olmo. Morena se forjó y sigue haciéndolo, en una permanente campaña política negativa de parte de su padre fundador Andrés Manuel López Obrador.

No es que muchos de sus cuadros provengan de las conflictivas corrientes perredistas eternamente en pugna, si no que el ejemplo que han recibido es el de la constante generación de polarizaciones, y por ende la cotidiana necesidad de adversarios.

¿Qué es una campaña negativa? Es aquella que en lugar de su propia persona y logros tiene por centro al adversario. En este caso los fifís, conservadores, neoliberales, movimientos sociales supuestamente infiltrados por aquellos, la prensa chayotera, la oposición moralmente derrotada que ha perdido privilegios y todo aquello que se mueva respire y opine de manera contraria al presidente y sea adjetivado por éste.

Estas campañas no están pensadas para ganar indecisos, si no para mantener a los leales. La existencia del Frena y sus movilizaciones le vienen como anillo al dedo para seguir en esa ruta. La consulta sobre si ejerce su facultad de someter a juicio a los ex presidentes, también.

Esa es la lógica de las facciones al interior de Morena, estar permanentemente contra el adversario. Siempre necesitan uno, pero ante su acceso al poder y sus tentaciones Frena, los fifís y todos ellos tienen menor importancia en comparación a quienes les disputan cargos de dirigencia, candidaturas y espacios de poder para colocar a sus cuadros en el 2021.

De ahí que desde Guerrero hayan llegado a la propia mañanera del presidente en varias ocasiones preguntas incómodas contra Adela Román Ocampo, y contra Pablo Amílcar Sandoval que no le pasaron desapercibidas a Andrés Manuel López Obrador quien las ha etiquetado públicamente como grillas, y que claramente son entre éstos personajes.

Otro que no encuentra la ruta es el diputado federal Rubén Cayetano que lo mismo denuncia en la Función Pública a Pablo Amílcar que la emprende contra el gobernador de Guerrero Héctor Astudillo, uno de los mandatarios estatales que han tenido buena coordinación y ha trabajado con respeto mutuo con el presidente de México, de manera contraria a otros gobernadores abiertamente peleados con él. “Estos no entienden”, dijo el propio Obrador cuando en una de sus visitas abuchearon al priísta.

Y es que pocos morenistas distinguen aliados de enemigos, simplemente porque no están acostumbrados a hacer política. Toda su vida hicieron campaña. Solo han conocido enemigos y a todos ven como tal.

En Guerrero uno de los pocos que entienden la política y lo mucho que ayudan con ella al presidente es Félix Salgado Macedonio.

Al renunciar Pablo Amílcar Sandoval como delegado federal Félix con caballerosidad le dio la bienvenida a la contienda por la candidatura y publicó en sus redes sociales una foto con el hoy ex funcionario.

Este gesto era impensable en la lógica de la política como conflicto que se sigue en Morena.

Para muestra ahí está la reacción de Adela Román al mismo hecho, un gancho al hígado de Sandoval a quien le restregó que no conoce el estado. Antes los regidores afines a él le echaron a perder su informe de labores como alcaldesa de Acapulco.

Así fue su relación como autoridades de un mismo proyecto llamado cuarta transformación en los últimos dos años, y así llegarán al 2021, peleados, como peleada está Morena, no con los adversarios del presidente, si no entre sí mismos.

¡Qué importa cuánta gente lleva el Frena al zócalo! Es el partido del presidente el que se socava a sí mismo. Son sus facciones prohibidas en sus estatutos pero existentes a capricho de sus dirigentes y apoyadas por sus militantes con la mira puesta en cargos y presupuestos las que hacen que la única diferencia con los otros partidos sea que no se pueden poner de acuerdo.

El verdadero Frena de Obrador es Morena. Así se entiende que haya dicho públicamente a sus dirigentes que no han estado a la altura.

Por esto no solamente debe preocuparse Alfonso Ramírez Cuellar a quien llamó “muy poco dirigente”. Los jefes de las facciones y autoridades que desde cargos de gobierno, congresos locales y Ayuntamientos se la han pasado peleando entre sí, también deben acusar recibo al regaño presidencial. Sus peleas son señal inequívoca de que anteponen el interés personal al de su líder moral que en los próximos años se jugará la sucesión y obviamente, hará a un lado todo aquello que frene su marcha, así sean sus zapatos. Ojo.

“No te hagas el duro y ponte cubrebocas”. Joe Biden dio una dura bofetada con guante blanco a Donald Trump hoy positivo de Covid-19 y quien en el reciente debate entre los candidatos a presidente de los Estados Unidos se burló del demócrata por usar mascarilla “todo el tiempo”.

En un Estados Unidos con más de 7 millones de casos confirmados y más de 207 mil decesos por el coronavirus, Trump está hospitalizado (aunque de pie), y Biden, el que usa cubrebocas “a 200 pies de distancia”, sigue haciendo campaña y enviando sus oraciones y buenos deseos a Donald.

En la Ciudad de México el Frente Nacional Anti AMLO hizo una numerosa movilización, en respuesta al sarcasmo con que el presidente Andrés Manuel López Obrador (que tampoco es partidario del cubrebocas) ha tratado a su movimiento.

Dijo que si protestaban cien mil personas se iba, ellos dicen haber juntado miles más, los simpatizantes del presidente dirán que juntaron apenas miles, en seguimiento a la rebatinga en redes sociales por fotos, videos y memes con y sin gente según la filia o la fobia de quien las publique.

Es obvio que el presidente no se iría ni con cien mil ni con 500 mil gentes protestando, ni debería irse por eso porque no fue electo para andar apostando su cargo como si la legitimidad que obtuvo en urnas fuera un billete de lotería. Tampoco es un cheque en blanco y el que exista oposición, guste o no a algunas personas, mantiene vigente esa condición.

En realidad el Frena es algo que no le importa mucho al presidente. La oposición no tiene una figura fuerte que le haga contrapeso como Biden a Trump. La bofetada ahí estuvo en el zócalo, pero no fue significativa. Este domingo simplemente les repitió que no coman ansias, que esperen a 2021 para la revocación de mandato y los volvió a etiquetar como conservadores que quieren el régimen corrupto de antes y etcétera.

La conciliación no es lo suyo.

Eso se refleja en Morena, el partido que creó, en el que Yeidckol Polevnsky fue incapaz de conducir su sucesión en la dirigencia, Alfonso Ramírez Cuellar tampoco pudo organizar un proceso interno, y finalmente fue el Tribunal Electoral quien mandató al Instituto Nacional Electoral para que le haga su proceso interno.

La semana pasada el presidente hizo un fuerte reclamo a Morena por esa incapacidad para ponerse de acuerdo, pero no se le pueden pedir peras al olmo. Morena se forjó y sigue haciéndolo, en una permanente campaña política negativa de parte de su padre fundador Andrés Manuel López Obrador.

No es que muchos de sus cuadros provengan de las conflictivas corrientes perredistas eternamente en pugna, si no que el ejemplo que han recibido es el de la constante generación de polarizaciones, y por ende la cotidiana necesidad de adversarios.

¿Qué es una campaña negativa? Es aquella que en lugar de su propia persona y logros tiene por centro al adversario. En este caso los fifís, conservadores, neoliberales, movimientos sociales supuestamente infiltrados por aquellos, la prensa chayotera, la oposición moralmente derrotada que ha perdido privilegios y todo aquello que se mueva respire y opine de manera contraria al presidente y sea adjetivado por éste.

Estas campañas no están pensadas para ganar indecisos, si no para mantener a los leales. La existencia del Frena y sus movilizaciones le vienen como anillo al dedo para seguir en esa ruta. La consulta sobre si ejerce su facultad de someter a juicio a los ex presidentes, también.

Esa es la lógica de las facciones al interior de Morena, estar permanentemente contra el adversario. Siempre necesitan uno, pero ante su acceso al poder y sus tentaciones Frena, los fifís y todos ellos tienen menor importancia en comparación a quienes les disputan cargos de dirigencia, candidaturas y espacios de poder para colocar a sus cuadros en el 2021.

De ahí que desde Guerrero hayan llegado a la propia mañanera del presidente en varias ocasiones preguntas incómodas contra Adela Román Ocampo, y contra Pablo Amílcar Sandoval que no le pasaron desapercibidas a Andrés Manuel López Obrador quien las ha etiquetado públicamente como grillas, y que claramente son entre éstos personajes.

Otro que no encuentra la ruta es el diputado federal Rubén Cayetano que lo mismo denuncia en la Función Pública a Pablo Amílcar que la emprende contra el gobernador de Guerrero Héctor Astudillo, uno de los mandatarios estatales que han tenido buena coordinación y ha trabajado con respeto mutuo con el presidente de México, de manera contraria a otros gobernadores abiertamente peleados con él. “Estos no entienden”, dijo el propio Obrador cuando en una de sus visitas abuchearon al priísta.

Y es que pocos morenistas distinguen aliados de enemigos, simplemente porque no están acostumbrados a hacer política. Toda su vida hicieron campaña. Solo han conocido enemigos y a todos ven como tal.

En Guerrero uno de los pocos que entienden la política y lo mucho que ayudan con ella al presidente es Félix Salgado Macedonio.

Al renunciar Pablo Amílcar Sandoval como delegado federal Félix con caballerosidad le dio la bienvenida a la contienda por la candidatura y publicó en sus redes sociales una foto con el hoy ex funcionario.

Este gesto era impensable en la lógica de la política como conflicto que se sigue en Morena.

Para muestra ahí está la reacción de Adela Román al mismo hecho, un gancho al hígado de Sandoval a quien le restregó que no conoce el estado. Antes los regidores afines a él le echaron a perder su informe de labores como alcaldesa de Acapulco.

Así fue su relación como autoridades de un mismo proyecto llamado cuarta transformación en los últimos dos años, y así llegarán al 2021, peleados, como peleada está Morena, no con los adversarios del presidente, si no entre sí mismos.

¡Qué importa cuánta gente lleva el Frena al zócalo! Es el partido del presidente el que se socava a sí mismo. Son sus facciones prohibidas en sus estatutos pero existentes a capricho de sus dirigentes y apoyadas por sus militantes con la mira puesta en cargos y presupuestos las que hacen que la única diferencia con los otros partidos sea que no se pueden poner de acuerdo.

El verdadero Frena de Obrador es Morena. Así se entiende que haya dicho públicamente a sus dirigentes que no han estado a la altura.

Por esto no solamente debe preocuparse Alfonso Ramírez Cuellar a quien llamó “muy poco dirigente”. Los jefes de las facciones y autoridades que desde cargos de gobierno, congresos locales y Ayuntamientos se la han pasado peleando entre sí, también deben acusar recibo al regaño presidencial. Sus peleas son señal inequívoca de que anteponen el interés personal al de su líder moral que en los próximos años se jugará la sucesión y obviamente, hará a un lado todo aquello que frene su marcha, así sean sus zapatos. Ojo.

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