/ jueves 25 de octubre de 2018

El respeto a la vida y a la muerte

Hoy me costó mucho trabajo decidirme sobre el tema a tratar en este artículo, por la preocupación de caer (como lo he visto, leído y escuchado últimamente) en lo repetitivo cuando de política se trata, y que ha producido un cansancio y un quebranto inmerecido en la sociedad de nuestro país.

Rápidamente me voy a referir para entrar en el tema, sobre la violencia ya sin palabras que estamos viviendo en muchos lugares de la geografía mexicana, y que reflejan ya no un pleito o venganza entre bandas del crimen organizado, sino una total y patológica deshumanización en la cual abusan, denigran, y rebajan a las personas hasta los últimos niveles de crueldad, sin importar si estás vivo o muerto.

Tristemente hoy la pregunta es: ¿en qué momento nos perdimos del mundo? Resulta que es difícil comprender por qué a la vida humana se le tiene que agregar el calificativo “digna”, cuando la dignidad es inherente por derecho propio al ser humano. La vida de una persona de principio a fin, por naturaleza debería tener y ser de calidad.

Pero resulta qué en la podredumbre humana, se ha instaurado que ese derecho propio de la vida, se otorga y se niega al antojo de quien sea, de quien se crea superior solo por tener armas como el poder o armas de fuego, que al final ambas son igual de letales.

Aterrizando de lleno al tema, nos detendremos en el aborto, tema polémico que ha recobrado fuerza con la presión de los grupos ¿feministas? que exigen que se acepten las prácticas denigrantes que atentan contra la vida humana (el embrión, el feto), en aras de una supuesta libertad; contando por supuesto con la autorización del estado, es decir, con licencia para matar. Y desafortunadamente este el principio del tenebroso fin, que hoy tenemos enfrente.

El aborto es la interrupción del proceso fisiológico del embarazo, causando la muerte del producto de la concepción (embrión o feto), dentro del claustro materno logrando su expulsión.

¿Cuándo comienza la vida? Una discusión que nos sumerge en un mundo (pudiéramos decir) fantástico, en el que se exponen las más variadas opiniones; por lo tanto, la despenalización del aborto tiene tantos argumentos como los da la imaginación y que poco a poco se vuelven falsos criterios para lanzar iniciativas en el Congreso para que se aprueben; sin tener la certeza científica, religiosa, natural o espiritual; ya que ningún ser humano (investigador o no), ha podido introducirse al vientre en gestación, para saber con plena exactitud cuándo el ser en desarrollo manifiesta sentimientos.

Y para muestra un botón de las principales génesis que se miran desde la óptica del pro-aborto, y es el trillado “para que traer niños al mundo, si van a sufrir las consecuencias de nacer no deseados”, entre una sociedad ya de por sí enferma de problemas sociales, con miseria, desigualdad, la ignorancia, el desempleo, violencia e injusticia; y que en un patético grito de dolor, algunas mujeres claman una legislación en pro del aborto, que supuestamente les permita mejor “calidad de vida”, y la seguridad que no morirán a consecuencia de las condiciones clandestinas en que se les practican los abortos. Lamentable.

¿Entonces el no traer niños no deseados a este valle de lágrimas, en el cuál si nacen, se volverá delincuentes drogadictos, violadores, hace tan necesario (según postura) legalizar el aborto como un derecho fundamental que toda mujer debe tener, pues es una decisión íntima que hacen sobre su cuerpo?

Gravísimo error, a diferencia de la muerte asistida (ahí sí decisión personal, sobre su propio cuerpo), en el aborto a quien asesinan es al bebé, porque la madre y su cuerpo, siguen viviendo muy felices. Hasta el siguiente crimen.

Y es exactamente donde este serio problema, adquiere su máxima dimensión: cuando el aborto es utilizado como recurso anticonceptivo, es decir, sin ninguna justificación de ninguna clase, sino simplemente, como un medio de evitar una obligación, consecuencia de haber actuado con irresponsabilidad previa, cuando existen múltiples y eficaces medios anticonceptivos para evitarlo.

La ley, la religión, la ONU (y demás organizaciones) y la sociedad, deben tomar en cuenta en sus posturas y proyectos antes que otra cosa, las consecuencias de esta falta de moral social de los individuos, al abrirles las puertas al desenfreno y con ello la posibilidad de actuar con tanta irresponsabilidad. A los ¿legisladores, juristas, expertos y demás? no les vaya a salir el tiro por la culata, siempre es mejor la prevención, que solucionar problemas que tantas veces, se les salen de las manos. ¡Vale la pena reflexionarlo!


Hoy me costó mucho trabajo decidirme sobre el tema a tratar en este artículo, por la preocupación de caer (como lo he visto, leído y escuchado últimamente) en lo repetitivo cuando de política se trata, y que ha producido un cansancio y un quebranto inmerecido en la sociedad de nuestro país.

Rápidamente me voy a referir para entrar en el tema, sobre la violencia ya sin palabras que estamos viviendo en muchos lugares de la geografía mexicana, y que reflejan ya no un pleito o venganza entre bandas del crimen organizado, sino una total y patológica deshumanización en la cual abusan, denigran, y rebajan a las personas hasta los últimos niveles de crueldad, sin importar si estás vivo o muerto.

Tristemente hoy la pregunta es: ¿en qué momento nos perdimos del mundo? Resulta que es difícil comprender por qué a la vida humana se le tiene que agregar el calificativo “digna”, cuando la dignidad es inherente por derecho propio al ser humano. La vida de una persona de principio a fin, por naturaleza debería tener y ser de calidad.

Pero resulta qué en la podredumbre humana, se ha instaurado que ese derecho propio de la vida, se otorga y se niega al antojo de quien sea, de quien se crea superior solo por tener armas como el poder o armas de fuego, que al final ambas son igual de letales.

Aterrizando de lleno al tema, nos detendremos en el aborto, tema polémico que ha recobrado fuerza con la presión de los grupos ¿feministas? que exigen que se acepten las prácticas denigrantes que atentan contra la vida humana (el embrión, el feto), en aras de una supuesta libertad; contando por supuesto con la autorización del estado, es decir, con licencia para matar. Y desafortunadamente este el principio del tenebroso fin, que hoy tenemos enfrente.

El aborto es la interrupción del proceso fisiológico del embarazo, causando la muerte del producto de la concepción (embrión o feto), dentro del claustro materno logrando su expulsión.

¿Cuándo comienza la vida? Una discusión que nos sumerge en un mundo (pudiéramos decir) fantástico, en el que se exponen las más variadas opiniones; por lo tanto, la despenalización del aborto tiene tantos argumentos como los da la imaginación y que poco a poco se vuelven falsos criterios para lanzar iniciativas en el Congreso para que se aprueben; sin tener la certeza científica, religiosa, natural o espiritual; ya que ningún ser humano (investigador o no), ha podido introducirse al vientre en gestación, para saber con plena exactitud cuándo el ser en desarrollo manifiesta sentimientos.

Y para muestra un botón de las principales génesis que se miran desde la óptica del pro-aborto, y es el trillado “para que traer niños al mundo, si van a sufrir las consecuencias de nacer no deseados”, entre una sociedad ya de por sí enferma de problemas sociales, con miseria, desigualdad, la ignorancia, el desempleo, violencia e injusticia; y que en un patético grito de dolor, algunas mujeres claman una legislación en pro del aborto, que supuestamente les permita mejor “calidad de vida”, y la seguridad que no morirán a consecuencia de las condiciones clandestinas en que se les practican los abortos. Lamentable.

¿Entonces el no traer niños no deseados a este valle de lágrimas, en el cuál si nacen, se volverá delincuentes drogadictos, violadores, hace tan necesario (según postura) legalizar el aborto como un derecho fundamental que toda mujer debe tener, pues es una decisión íntima que hacen sobre su cuerpo?

Gravísimo error, a diferencia de la muerte asistida (ahí sí decisión personal, sobre su propio cuerpo), en el aborto a quien asesinan es al bebé, porque la madre y su cuerpo, siguen viviendo muy felices. Hasta el siguiente crimen.

Y es exactamente donde este serio problema, adquiere su máxima dimensión: cuando el aborto es utilizado como recurso anticonceptivo, es decir, sin ninguna justificación de ninguna clase, sino simplemente, como un medio de evitar una obligación, consecuencia de haber actuado con irresponsabilidad previa, cuando existen múltiples y eficaces medios anticonceptivos para evitarlo.

La ley, la religión, la ONU (y demás organizaciones) y la sociedad, deben tomar en cuenta en sus posturas y proyectos antes que otra cosa, las consecuencias de esta falta de moral social de los individuos, al abrirles las puertas al desenfreno y con ello la posibilidad de actuar con tanta irresponsabilidad. A los ¿legisladores, juristas, expertos y demás? no les vaya a salir el tiro por la culata, siempre es mejor la prevención, que solucionar problemas que tantas veces, se les salen de las manos. ¡Vale la pena reflexionarlo!


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