/ domingo 24 de marzo de 2019

El Acapulco de los contrastes y sus múltiples rostros

El pasado viernes 23 de marzo, un día antes de la fecha en que se cumplieron 25 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas de Tijuana, el presidente López Obrador llegó al Acapulco de los contrastes: el de los dueños del dinero reunidos en su convención en el Hotel Princess y con el proletariado marginal hacinados en Renacimiento y sus colonias aledañas.

Sí, en este Acapulco cotidiano en el que hemos experimentado transformarse del “Acapulco neoliberal fallido”, al puerto que nos lastima al catalogarse como “la segunda ciudad más violenta del mundo”.

Sí, el Acapulco que a lo largo de su franja costera y colinas se construyeron hoteles y residencias que alguna vez recibieron a reinas, príncipes, jefes de estado, artistas, turistas nacionales y extranjeros que se deslumbraron con la exuberante belleza, tibieza del mar y calidez de su gente.

En contraste, en los cerros y terrenos de las partes bajas y altas de Acapulco, llegaron hombres y mujeres de todos los lugares de México y del propio Estado de Guerrero, que poblaron nuevos asentamientos humanos, que al correr del tiempo se convirtieron en colonos demandantes de servicios públicos municipales, y la esperanza de vivir con una oportunidad de bienestar en la vida.

Sí, en este Acapulco de contrastes e infinidad de rostros de zonas hoteleras, residenciales y marginadas, separadas y clasificadas en “diamante”, “dorada” y “tradicional”; como si el vivir en una de ellas te marcara para siempre.

Sí, en este Acapulco dónde diariamente nos movemos y transitamos acostumbrados a los contrastes de aquellos que todo lo tienen y los que precariamente “viven” en los indicadores de pobreza y pobreza extrema. No es necesario ir a la montaña o alguna otras regiones de Guerrero -que están igual- para darnos cuenta de nuestra realidad.

Sí, en este Acapulco de contrastes que como decía un ex presidente municipal; “es como la muchacha bonita que unos la visten y otros la bailan”... ¡Así ha sido y así es!

Sí, en este “Acapulco neoliberal fallido”, como lo sentenció el presidente López Obrador ante la presencia del gobernador Héctor Astudillo y la alcaldesa Adela Román. En este Acapulco “de los turistas “fifis” que van a los hoteles de cinco estrellas” y el de los pobres que les sirven a los “fifis”, no por gusto, sino por necesidad, en esas hospederías de dueños extranjeros y mexicanos que generan empleos.

Sí en este Acapulco hermanado con Tijuana, marcada por la muerte de Colosio, siendo hoy dos ciudades donde se cometen más homicidios dolosos a nivel nacional, con una prensa que da cuenta de la nota roja diariamente, ahora difundida y potenciada minuto a minuto en las “benditas redes sociales”.

Sí, en este Acapulco; el de los de allá y de los de Acá; el del Tianguis Turístico; el de semana santa; el de los fines de semana, verano y fin de año. En el Acapulco donde vivimos todos... en un solo Acapulco.

Cómo siempre, usted tiene la mejor opinión.

El pasado viernes 23 de marzo, un día antes de la fecha en que se cumplieron 25 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas de Tijuana, el presidente López Obrador llegó al Acapulco de los contrastes: el de los dueños del dinero reunidos en su convención en el Hotel Princess y con el proletariado marginal hacinados en Renacimiento y sus colonias aledañas.

Sí, en este Acapulco cotidiano en el que hemos experimentado transformarse del “Acapulco neoliberal fallido”, al puerto que nos lastima al catalogarse como “la segunda ciudad más violenta del mundo”.

Sí, el Acapulco que a lo largo de su franja costera y colinas se construyeron hoteles y residencias que alguna vez recibieron a reinas, príncipes, jefes de estado, artistas, turistas nacionales y extranjeros que se deslumbraron con la exuberante belleza, tibieza del mar y calidez de su gente.

En contraste, en los cerros y terrenos de las partes bajas y altas de Acapulco, llegaron hombres y mujeres de todos los lugares de México y del propio Estado de Guerrero, que poblaron nuevos asentamientos humanos, que al correr del tiempo se convirtieron en colonos demandantes de servicios públicos municipales, y la esperanza de vivir con una oportunidad de bienestar en la vida.

Sí, en este Acapulco de contrastes e infinidad de rostros de zonas hoteleras, residenciales y marginadas, separadas y clasificadas en “diamante”, “dorada” y “tradicional”; como si el vivir en una de ellas te marcara para siempre.

Sí, en este Acapulco dónde diariamente nos movemos y transitamos acostumbrados a los contrastes de aquellos que todo lo tienen y los que precariamente “viven” en los indicadores de pobreza y pobreza extrema. No es necesario ir a la montaña o alguna otras regiones de Guerrero -que están igual- para darnos cuenta de nuestra realidad.

Sí, en este Acapulco de contrastes que como decía un ex presidente municipal; “es como la muchacha bonita que unos la visten y otros la bailan”... ¡Así ha sido y así es!

Sí, en este “Acapulco neoliberal fallido”, como lo sentenció el presidente López Obrador ante la presencia del gobernador Héctor Astudillo y la alcaldesa Adela Román. En este Acapulco “de los turistas “fifis” que van a los hoteles de cinco estrellas” y el de los pobres que les sirven a los “fifis”, no por gusto, sino por necesidad, en esas hospederías de dueños extranjeros y mexicanos que generan empleos.

Sí en este Acapulco hermanado con Tijuana, marcada por la muerte de Colosio, siendo hoy dos ciudades donde se cometen más homicidios dolosos a nivel nacional, con una prensa que da cuenta de la nota roja diariamente, ahora difundida y potenciada minuto a minuto en las “benditas redes sociales”.

Sí, en este Acapulco; el de los de allá y de los de Acá; el del Tianguis Turístico; el de semana santa; el de los fines de semana, verano y fin de año. En el Acapulco donde vivimos todos... en un solo Acapulco.

Cómo siempre, usted tiene la mejor opinión.