/ domingo 10 de febrero de 2019

Derechos humanos

Una de las garantías individuales en la Constitución de México prohíbe los castigos de infamia: la mutilación y los azotes. Cancelando la posibilidad de tratar a un ser humano con penas corporales dignas de la Inquisición.

La humanidad vivió violentos tiempos, cuando a la gente se le quemó en leña verde para extraerle demonios achacados entonces a herejes, de ser sus portadores.

Con frecuencia oímos inconformidades y acusaciones de personas culpando a Comisiones de Derechos Humanos de procurar bienestar a delincuentes, ladrones, secuestradores asesinos y narcotraficantes. Quieren para estos infractores el peor de los castigos. Ignoran de cómo se les trató durante siglos a quienes cometían algún delito. El descuartizamiento era común. El encierro por semanas sin comida ni agua. Los pies achicharrados para luego hacer caminar al reo como se le causó tormento a Cuauhtémoc.

A la Revolución Francesa debemos la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Aquel horror de guillotinar en público a los enemigos políticos en orgías de sangre aún no digeridas por la doctrina cristiana, derivó en atender a todo individuo con absoluta consideración humana. No sólo a los infractores debe tratárseles bien, también a las hienas, las focas, los pollos, los cerdos, las reses, cualquier ser viviente debe ser eximido de prácticas de dolor, por ser innecesario.

No podemos repetir la Crucifixión: Los condenados -Cristo fue uno de ellos-, jamás deben padecer semejante martirio. (Los soldados golpearon a Jesús con látigos. Le pusieron un manto púrpura. Hicieron una corona de espinas y se la colocaron en la cabeza. Se rieron de él y lo escupieron. Que era “El Rey de los Judíos”, dijeron): Marcos 15:15-20.

Entre menos salvaje sea la sociedad como núcleo humano iremos mejorando. Ninguna razón hay para torturar, recluir, masacrar a un criminal. Después de los daños causados por él, sigue siendo una persona.

Los Derechos Humanos protegen a todos, sin exclusión de ninguna índole en la protección de la vida, la libertad y todo Derecho conculcado por arbitrariedad o ventaja.

En Estados Unidos existe la pena de muerte, pero no es a garrotazos como se le priva de la vida a un penado, sino de la forma más sutil y menos dolorosa. Una inyección letal, la silla eléctrica. Instrumentos distantes de la tortura, porque no se trata de una venganza sino de una forma aproximada de la justicia. Las leyes lo consignan y la dignidad humana se ennoblece al no hacer sufrir a quien va a pagar con su vida un delito de horrenda naturaleza.

Sólo el sádico -enfermo-, goza con el sufrimiento ajeno. La Ley, los Derechos humanos y la justicia, no.

PD: “San Francisco de Asís, daba de comer a las ratas”: Cierto.

Una de las garantías individuales en la Constitución de México prohíbe los castigos de infamia: la mutilación y los azotes. Cancelando la posibilidad de tratar a un ser humano con penas corporales dignas de la Inquisición.

La humanidad vivió violentos tiempos, cuando a la gente se le quemó en leña verde para extraerle demonios achacados entonces a herejes, de ser sus portadores.

Con frecuencia oímos inconformidades y acusaciones de personas culpando a Comisiones de Derechos Humanos de procurar bienestar a delincuentes, ladrones, secuestradores asesinos y narcotraficantes. Quieren para estos infractores el peor de los castigos. Ignoran de cómo se les trató durante siglos a quienes cometían algún delito. El descuartizamiento era común. El encierro por semanas sin comida ni agua. Los pies achicharrados para luego hacer caminar al reo como se le causó tormento a Cuauhtémoc.

A la Revolución Francesa debemos la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Aquel horror de guillotinar en público a los enemigos políticos en orgías de sangre aún no digeridas por la doctrina cristiana, derivó en atender a todo individuo con absoluta consideración humana. No sólo a los infractores debe tratárseles bien, también a las hienas, las focas, los pollos, los cerdos, las reses, cualquier ser viviente debe ser eximido de prácticas de dolor, por ser innecesario.

No podemos repetir la Crucifixión: Los condenados -Cristo fue uno de ellos-, jamás deben padecer semejante martirio. (Los soldados golpearon a Jesús con látigos. Le pusieron un manto púrpura. Hicieron una corona de espinas y se la colocaron en la cabeza. Se rieron de él y lo escupieron. Que era “El Rey de los Judíos”, dijeron): Marcos 15:15-20.

Entre menos salvaje sea la sociedad como núcleo humano iremos mejorando. Ninguna razón hay para torturar, recluir, masacrar a un criminal. Después de los daños causados por él, sigue siendo una persona.

Los Derechos Humanos protegen a todos, sin exclusión de ninguna índole en la protección de la vida, la libertad y todo Derecho conculcado por arbitrariedad o ventaja.

En Estados Unidos existe la pena de muerte, pero no es a garrotazos como se le priva de la vida a un penado, sino de la forma más sutil y menos dolorosa. Una inyección letal, la silla eléctrica. Instrumentos distantes de la tortura, porque no se trata de una venganza sino de una forma aproximada de la justicia. Las leyes lo consignan y la dignidad humana se ennoblece al no hacer sufrir a quien va a pagar con su vida un delito de horrenda naturaleza.

Sólo el sádico -enfermo-, goza con el sufrimiento ajeno. La Ley, los Derechos humanos y la justicia, no.

PD: “San Francisco de Asís, daba de comer a las ratas”: Cierto.

domingo 10 de febrero de 2019

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