/ domingo 1 de agosto de 2021

Consulta: Juzgar por aclamación

La definición de "aclamación" que nos proporciona el Diccionario Jurídico Elementales, con la autoría de Guillermo Cabanellas de Torres, señala que es una "acción y efecto de aclamar, de dar voces la multitud en honor y aplauso de alguna persona", y me pareció más acertado para intentar definir la que parece un fracaso de consulta popular propuesta por quienes mandan en este país aunque el voto mayoritario solo haya elegido a uno de ellos en 2018.

En un país donde los problemas como inseguridad, muerte por pandemia, falta de medicamentos para niñ @ s con cáncer, falta de empleo, entre otros, se multiplican, el gobierno le apuesta por enviar un distractor social en lugar de enviar señales de certidumbre en la conducción del gobierno.

A mitad del sexenio federal aún pesa en el discurso responsabilizar al pasado de los problemas del presente. Y cuando quizás haya razón se opta por que los grupos que desconocen la ley "aclamen" la ruta de las decisiones en el lugar de hacer valer la ley y que se justifique una inacción presente.

Y al contrario de buscar una participación ciudadana convocada desde la responsabilidad participativa guiada con propuestas y metas, se convoca a que generen una aclamación que permita justificar un discurso de odio, de rechazo, de linchamiento.

Si bien no defiendo a ningún ex mandatario federal que sin duda cometieron errores, el presente debería buscar una alternativa legal para constituir una defensa de la soberanía basada en preceptos jurídicos y no basada en exacerbar las emociones haciéndoles creer que así hacen gobierno.

Es mitad de sexenio, y lo que lanza el Ejecutivo Federal es un trozo de grasa de cerdo a las brasas para que generen hambre de creer que la democracia ha cambiado y que se impulsa desde el mismísimo poder una transformación, cuando en el fondo, según se ve, lo que buscará es decirles “fallaron” ya quien el pueblo “aclama es a mi”. Y estaremos observando una reelección de ese nivel. No en vano la cita de la definición aún tiene más que decirnos “otorgamiento de una voz común, de algún cargo de honor” y sentir el efecto de ser aclamado es una de las debilidades de quien está a cargo del país.

No sabemos como se embarazarán las urnas para decirnos que el vacío que observamos obedece a un problema colectivo de la capacidad de "ver" y que la aclamación general condenó a los ex presidentes y por ende se actuará contra ellos.

Mientras algunos se auto complacen con el ir y venir de aquellos que creen que con una consulta se hace patria, el país se deshace, se margina, se vulnera, y se muestra con ciudadanos que no encuentran la forma ni los tiempos para sacar adelante a sus familias mientras escucha la aclamación a la investidura y participa, so pena de ser relegado. ¿Surrealismo?


La definición de "aclamación" que nos proporciona el Diccionario Jurídico Elementales, con la autoría de Guillermo Cabanellas de Torres, señala que es una "acción y efecto de aclamar, de dar voces la multitud en honor y aplauso de alguna persona", y me pareció más acertado para intentar definir la que parece un fracaso de consulta popular propuesta por quienes mandan en este país aunque el voto mayoritario solo haya elegido a uno de ellos en 2018.

En un país donde los problemas como inseguridad, muerte por pandemia, falta de medicamentos para niñ @ s con cáncer, falta de empleo, entre otros, se multiplican, el gobierno le apuesta por enviar un distractor social en lugar de enviar señales de certidumbre en la conducción del gobierno.

A mitad del sexenio federal aún pesa en el discurso responsabilizar al pasado de los problemas del presente. Y cuando quizás haya razón se opta por que los grupos que desconocen la ley "aclamen" la ruta de las decisiones en el lugar de hacer valer la ley y que se justifique una inacción presente.

Y al contrario de buscar una participación ciudadana convocada desde la responsabilidad participativa guiada con propuestas y metas, se convoca a que generen una aclamación que permita justificar un discurso de odio, de rechazo, de linchamiento.

Si bien no defiendo a ningún ex mandatario federal que sin duda cometieron errores, el presente debería buscar una alternativa legal para constituir una defensa de la soberanía basada en preceptos jurídicos y no basada en exacerbar las emociones haciéndoles creer que así hacen gobierno.

Es mitad de sexenio, y lo que lanza el Ejecutivo Federal es un trozo de grasa de cerdo a las brasas para que generen hambre de creer que la democracia ha cambiado y que se impulsa desde el mismísimo poder una transformación, cuando en el fondo, según se ve, lo que buscará es decirles “fallaron” ya quien el pueblo “aclama es a mi”. Y estaremos observando una reelección de ese nivel. No en vano la cita de la definición aún tiene más que decirnos “otorgamiento de una voz común, de algún cargo de honor” y sentir el efecto de ser aclamado es una de las debilidades de quien está a cargo del país.

No sabemos como se embarazarán las urnas para decirnos que el vacío que observamos obedece a un problema colectivo de la capacidad de "ver" y que la aclamación general condenó a los ex presidentes y por ende se actuará contra ellos.

Mientras algunos se auto complacen con el ir y venir de aquellos que creen que con una consulta se hace patria, el país se deshace, se margina, se vulnera, y se muestra con ciudadanos que no encuentran la forma ni los tiempos para sacar adelante a sus familias mientras escucha la aclamación a la investidura y participa, so pena de ser relegado. ¿Surrealismo?