/ lunes 12 de abril de 2021

"Cerrado por pandemia"

Mientras cierra otra caja más, su mirada recorre los anaqueles vacíos, las vitrinas vacías, el refrigerador vacío. Separa las cajas. Éstas se van dice intentando sonreís. Éstas se tiran, dice lacónicamente mirando las cajas de medicamento que en un año caducaron.

Se estableció a mediados de los años 70’s en Chilpancingo como farmacéutica. Era la Farmacia número 15. Le fue difícil vencer la resistencia del grupo farmacéutico de la capital y, en castigo, le dejaron doble guardia nocturna, además de cubrir los días 15 y 30, debía cubrir los días 31, por lo que, la celebración de Año Nuevo se daba siempre en la Farmacia “San Mateo”, ellos sonrieron con la sonrisa de “libramos la fiesta”, nosotros sonreímos “estamos unidos”.

En ese rincón pasó nuestra vida. Fue el centro de todo. Tomamos cursos sobre la atención a una farmacia y nos quedaba claro que en ellas no se vendían cosas, se vendía salud, y el trato era de suma amabilidad, “den aliento” nos decía mi papá, “nadie entra a una farmacia por gusto, lo hace por necesidad”. Bueno… también se vendían preservativos que en las reuniones siempre se llevaba a la mesa de discusión sobre despachar o no a media noche o madrugada “¿era una emergencia?”. A nosotros no nos faltaba el robo de medicamento que, tras surtir la receta y con la cortina cerrada, nadie sabía quien era…no se preocupen decía mi papá, DIOS proveerá y hay que darnos por bien servidos si esos medicamentos son útiles.

Las tareas, las comidas, los recreos, los cambios de la televisión desde el blanco y negro, las pantallas azul o verde, hasta la tele de color pasó por la Farmacia. Desde ahí salimos a citas y llegaban los pretendientes, los ramos de flores, los chocolates o los pasteles. Ahí jugaron nuestras hijas e hijos. Era un punto de encuentro invariablemente. Incluso ahí escuchamos la fatal noticia del accidente aéreo donde perdió la vida mi hermanito Clemente Javier y ahí, un día, mi papá ya no subió la cortina más, cuando sus bellos ojos color miel se cerraron.

Cuanto llegaron las grandes cadenas de venta de medicamento poco a poco las 14 farmacias, más las que se iban sumando y que ya no querían hacer guardia nocturna, fueron cerrando. Ahora cierra la Farmacia número 15.

Mi mamá Esperanza está un poco decaída. Nunca habla de sus tristezas, nunca hay desesperanza a pesar de que un velo de nostalgia pase fugaz por su mirada.

Unas cuantas lágrimas por todo lo que se fue. Pero dice con más tristeza, “esto cambio, no es la misma vida, no podemos frenar la nuestra”. Y sí, tiene razón.

De acuerdo al INEGI, Un millón 10 mil 857 micro, pequeñas y medianas empresas cerraron por la crisis causada por el COVID-19, y las empresas que sobrevivieron redujeron su plantilla laboral.

Sin embargo, dice mi mamá, no sólo es el COVID-19 lo que nos cambio la vida, son las decisiones en el manejo de la crisis. Eso, dice, hace la diferencia, crisis siempre habrá.

En unos días más la sonrisa de mi mamá no atenderá más. Más de 45 años de servicio terminan. Y su negocio será uno más de los que no recibieron apoyo para seguir adelante. Uno más cerrado por pandemia.

Mientras cierra otra caja más, su mirada recorre los anaqueles vacíos, las vitrinas vacías, el refrigerador vacío. Separa las cajas. Éstas se van dice intentando sonreís. Éstas se tiran, dice lacónicamente mirando las cajas de medicamento que en un año caducaron.

Se estableció a mediados de los años 70’s en Chilpancingo como farmacéutica. Era la Farmacia número 15. Le fue difícil vencer la resistencia del grupo farmacéutico de la capital y, en castigo, le dejaron doble guardia nocturna, además de cubrir los días 15 y 30, debía cubrir los días 31, por lo que, la celebración de Año Nuevo se daba siempre en la Farmacia “San Mateo”, ellos sonrieron con la sonrisa de “libramos la fiesta”, nosotros sonreímos “estamos unidos”.

En ese rincón pasó nuestra vida. Fue el centro de todo. Tomamos cursos sobre la atención a una farmacia y nos quedaba claro que en ellas no se vendían cosas, se vendía salud, y el trato era de suma amabilidad, “den aliento” nos decía mi papá, “nadie entra a una farmacia por gusto, lo hace por necesidad”. Bueno… también se vendían preservativos que en las reuniones siempre se llevaba a la mesa de discusión sobre despachar o no a media noche o madrugada “¿era una emergencia?”. A nosotros no nos faltaba el robo de medicamento que, tras surtir la receta y con la cortina cerrada, nadie sabía quien era…no se preocupen decía mi papá, DIOS proveerá y hay que darnos por bien servidos si esos medicamentos son útiles.

Las tareas, las comidas, los recreos, los cambios de la televisión desde el blanco y negro, las pantallas azul o verde, hasta la tele de color pasó por la Farmacia. Desde ahí salimos a citas y llegaban los pretendientes, los ramos de flores, los chocolates o los pasteles. Ahí jugaron nuestras hijas e hijos. Era un punto de encuentro invariablemente. Incluso ahí escuchamos la fatal noticia del accidente aéreo donde perdió la vida mi hermanito Clemente Javier y ahí, un día, mi papá ya no subió la cortina más, cuando sus bellos ojos color miel se cerraron.

Cuanto llegaron las grandes cadenas de venta de medicamento poco a poco las 14 farmacias, más las que se iban sumando y que ya no querían hacer guardia nocturna, fueron cerrando. Ahora cierra la Farmacia número 15.

Mi mamá Esperanza está un poco decaída. Nunca habla de sus tristezas, nunca hay desesperanza a pesar de que un velo de nostalgia pase fugaz por su mirada.

Unas cuantas lágrimas por todo lo que se fue. Pero dice con más tristeza, “esto cambio, no es la misma vida, no podemos frenar la nuestra”. Y sí, tiene razón.

De acuerdo al INEGI, Un millón 10 mil 857 micro, pequeñas y medianas empresas cerraron por la crisis causada por el COVID-19, y las empresas que sobrevivieron redujeron su plantilla laboral.

Sin embargo, dice mi mamá, no sólo es el COVID-19 lo que nos cambio la vida, son las decisiones en el manejo de la crisis. Eso, dice, hace la diferencia, crisis siempre habrá.

En unos días más la sonrisa de mi mamá no atenderá más. Más de 45 años de servicio terminan. Y su negocio será uno más de los que no recibieron apoyo para seguir adelante. Uno más cerrado por pandemia.

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