/ viernes 4 de diciembre de 2020

86 aniversario de los clavados en la quebrada

De manteles largos se encuentran los buenos amigos clavadistas de la famosa quebrada de Acapulco; icono internacional. Este risco fue dinamitado para permitir el paso del aire a la ciudad y evitar la propagación de las enfermedades como el escorbuto y el cólera que asolaban al puerto por el intenso calor que se sentía. La idea provino del médico de la corona española Francisco Javier Balmis en 1799, bautizándola como “abra de San Nicolás” la cual quedó inconclusa y no fue sino hasta 1876 cuando el coronel José María Lopetegui continuó la obra, pero de igual manera quedó inconclusa quedando como se encuentra ahora. El Acantilado tiene una altura de 45 metros, aunque los valientes y arriesgados clavadistas se lanzan desde 35 metros para el asombro y deleite de los visitantes propios y extraños. Muchas historias se han escrito desde este punto del puerto de Acapulco. Se dice que el 13 de febrero de 1932, en un cálido atardecer se vio por primera vez un clavado desde la cima de aquel montículo. Fue Roberto Apac el osado clavadista a quien se le atribuye el mismo. Cantinflas, Johnny Weiss Müller (tarzán), Viruta y Capulina, Tin Tan, el Rey Elvis Presley y muchos otros artistas enmarcaron sus películas en este acantilado. Raúl “el Chupetas” García es el más famoso clavadista de Acapulco y poseedor del récord Guinness por sus más de 35 mil clavados en su vida. En verdad que pocos han sido los que han subido escalando el risco y al estar en lo alto sentir el viento que golpea la cara y al voltear hacia abajo se ve solo una delgada escotadura de agua entre dos montículos rocosos perdiéndose la perspectiva de lo ancho de la misma por el efecto visual ( se ve angostísima) y peor aún al lanzarse de esa altura y sentirse ave por unos segundos al caer fuertemente y romper la superficie del agua de mar y sumergirse a la máxima profundidad de 4 metros se arriesga la vida en cada salto. Allá arriba está el santuario de la Virgen Guadalupana que protege a estos valientes hombres a la cual se encomiendan en un ritual religioso que forma parte del espectáculo. Por las noches se utilizan antorchas que se ven vistosas y dan color y luz al espectáculo en la negra noche. El golpe es tan durísimo que puede dañar la vista o fracturar huesos y hasta dejar desmayado al clavadista si no se sabe caer o calcula mal el vaivén de la marea, debiendo además rolar debajo del agua de inmediato para no quedar clavado en la arena o estrellado en las rocas que ahí hay. Muchas felicidades a estos valientes clavadistas que han dado fama internacional a nuestro puerto de Acapulco poniendo el nombre muy en alto por todo el orbe y en especial cuando disputan el torneo del campeonato mundial de altura que se ha llevado a cabo en el puerto creándose dinastías que impiden que el espectáculo muera.

De manteles largos se encuentran los buenos amigos clavadistas de la famosa quebrada de Acapulco; icono internacional. Este risco fue dinamitado para permitir el paso del aire a la ciudad y evitar la propagación de las enfermedades como el escorbuto y el cólera que asolaban al puerto por el intenso calor que se sentía. La idea provino del médico de la corona española Francisco Javier Balmis en 1799, bautizándola como “abra de San Nicolás” la cual quedó inconclusa y no fue sino hasta 1876 cuando el coronel José María Lopetegui continuó la obra, pero de igual manera quedó inconclusa quedando como se encuentra ahora. El Acantilado tiene una altura de 45 metros, aunque los valientes y arriesgados clavadistas se lanzan desde 35 metros para el asombro y deleite de los visitantes propios y extraños. Muchas historias se han escrito desde este punto del puerto de Acapulco. Se dice que el 13 de febrero de 1932, en un cálido atardecer se vio por primera vez un clavado desde la cima de aquel montículo. Fue Roberto Apac el osado clavadista a quien se le atribuye el mismo. Cantinflas, Johnny Weiss Müller (tarzán), Viruta y Capulina, Tin Tan, el Rey Elvis Presley y muchos otros artistas enmarcaron sus películas en este acantilado. Raúl “el Chupetas” García es el más famoso clavadista de Acapulco y poseedor del récord Guinness por sus más de 35 mil clavados en su vida. En verdad que pocos han sido los que han subido escalando el risco y al estar en lo alto sentir el viento que golpea la cara y al voltear hacia abajo se ve solo una delgada escotadura de agua entre dos montículos rocosos perdiéndose la perspectiva de lo ancho de la misma por el efecto visual ( se ve angostísima) y peor aún al lanzarse de esa altura y sentirse ave por unos segundos al caer fuertemente y romper la superficie del agua de mar y sumergirse a la máxima profundidad de 4 metros se arriesga la vida en cada salto. Allá arriba está el santuario de la Virgen Guadalupana que protege a estos valientes hombres a la cual se encomiendan en un ritual religioso que forma parte del espectáculo. Por las noches se utilizan antorchas que se ven vistosas y dan color y luz al espectáculo en la negra noche. El golpe es tan durísimo que puede dañar la vista o fracturar huesos y hasta dejar desmayado al clavadista si no se sabe caer o calcula mal el vaivén de la marea, debiendo además rolar debajo del agua de inmediato para no quedar clavado en la arena o estrellado en las rocas que ahí hay. Muchas felicidades a estos valientes clavadistas que han dado fama internacional a nuestro puerto de Acapulco poniendo el nombre muy en alto por todo el orbe y en especial cuando disputan el torneo del campeonato mundial de altura que se ha llevado a cabo en el puerto creándose dinastías que impiden que el espectáculo muera.